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DOCTRINA DEL SHOCK EN ESPAÑA. SEGUNDA PARTE

DOCTRINA DEL SHOCK EN ESPAÑA. SEGUNDA PARTE

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Published by: Jesús Sánchez Rodríguez on Feb 14, 2012
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DOCTRINA DEL SHOCK EN ESPAÑA. SEGUNDA PARTE
Jesús Sánchez Rodríguez
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14/02/2012A pesar de estar anunciada previamente la dureza de la reforma laboral aprobada elpasado 10 de febrero por el gobierno de Rajoy, su contenido ha sobrepasado los temoresmás pesimistas. Se trata de un verdadero terremoto en las relaciones laborales en elEstado español. Y eso que, como ha difundido CCOO, desde 1980, fecha en que seaprobó el Estatuto de los Trabajadores, se han sucedido 52 reformas laborales enEspaña.La fachada propagandística para vender esta reforma por parte del gobierno Rajoy es lade ayudar a crear empleo, una mentira tan grosera que, incluso, una parte del mismogobierno reconoce abiertamente su falsedad. El objetivo real se desprende claramentedel propio conjunto de medidas, dotar a la patronal española de un poder incontestable,atando de pies y manos a la clase trabajadora ante un dominio discrecional de losempresarios, y debilitando aún más a los sindicatos.Esta reforma reaccionaria ha sido posible gracias a una conjunción de circunstanciasexcepcionales. Una crisis económica que ha elevado la tasa de paro a un 23% (5,5millones de parados) provocando un efecto de shock en las clases populares. Uncontexto europeo orientado en la misma dirección que el gobierno conservador español,aunque la reforma española se encuentre entre las más duras hasta el momento. Unaactitud del gobierno socialista que abrió, con menos dureza, el camino de la reformaseguido ahora por el PP. Una victoria electoral de este partido en noviembre que le haotorgado la mayoría absoluta en el Parlamento y el control de la mayoría del poderregional y local. Y una actitud a la defensiva y con retrocesos de los sindicatosmayoritarios a nivel estatal, que después de la huelga general de septiembre de 2010motivada por la reforma laboral del gobierno del PSOE, pactó 4 meses más tarde lareforma que empeoró todas las condiciones relacionadas con la jubilación.En estas condiciones, el gobierno de Rajoy, representante natural de los intereses de lapatronal, ha hecho realidad las continuas demandas exigidas en este sentido por lapropia patronal, por la burguesía europea (que se expresa sobre todo a través deMerkozy) y por los mercados mundiales (la expresión popular de los grandes poderesfinancieros internacionales).La nueva reforma (la anterior, preámbulo de ésta, la llevó a cabo el gobierno del PSOEen 2010) ya era una amenaza clara antes de las elecciones de noviembre del año pasado,pero la dureza que ha adoptado (extremadamente dura en palabras del ministro deeconomía y antiguo máximo dirigente de Lehman Brothers para la península ibérica) hasido consecuencia de las condiciones tan favorables que se le presenta al gobierno delPP. Enfrente suyo las posibles fuerzas de izquierda capaces de plantearle unacontestación seria aparecen muy debilitadas.
 
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El PSOE abrió el baile de la actual serie de reformas contra las clases populares en untono algo más suave, pero continuado. Reforma laboral, reforma de pensiones, recortesde los salarios de los funcionarios, recortes sociales, etc. Y ello sería un elementodeterminante en la severa derrota electoral que sufrió primero en mayo (regionales ylocales) y luego en noviembre (nacionales). Además, y como es habitual en estos casosde descalabro electoral, se ha desatado un proceso de luchas internas en el partido porhacerse con el control de una nave a la deriva. Y por si fuera poco, el PSOE no hahecho, después de su derrota, ni una sola autocrítica sobre la política que le ha llevado aldesastre; y sin esa autocrítica, se sobreentiende que avala la reforma del PP (en realidadsolo hace críticas sobre su profundidad, pero no sobre su contenido). Derrotado,dividido y situado en la misma línea que el gobierno de Rajoy, el PSOE no es ningunaoposición que pueda temer este ejecutivo, más allá de los gestos para la galería.Los sindicatos mayoritarios tienen una larga trayectoria de acomodamiento en elsistema. Como la mayoría de los sindicatos de los países desarrollados han generadouna enorme burocracia de liberados que gestionan extensas áreas de participacióninstitucional y negociación cupular. Los conflictos en las empresas, reducidos almínimo, aún se habían contraído más durante el período de crecimiento anterior a lacrisis. Durante el desarrollo de ésta, en medio de una pérdida millonaria de empleos y ladegradación de las condiciones de trabajo, tampoco han aparecido conflictos en lasempresas. Se negociaban las mejores condiciones posibles en los EREs (expedientes deregulación de empleo) y se aceptaba, así, de manera fatalista, la destrucción de empleoque suponían y los recortes laborales para los que mantenían el empleo.Su primera convocatoria de huelga general, entre los funcionarios y contra la reducciónde salarios, se saldó con un fracaso, lo que sirvió para ratificarles en su posturafavorable a la negociación y no a la movilización. Tras la reforma laboral del gobiernodel PSOE (bastante suave en comparación con la actual del PP), se vieron obligados aconvocar una huelga general en septiembre de 2010. Como es habitual en estos caso laguerra de cifras sobre el seguimiento de la misma hace difícil saber cuál fue la realidadde su impacto, pero puede dar una pista el hecho de que los sindicatos pasaronrápidamente página y en lugar de insistir contra la reforma laboral, negociaron yfirmaron la siguiente reforma de las pensiones, tan lesiva como la laboral pero en elámbito de las jubilaciones.Si al gobierno del PSOE, en condiciones políticas de mayor debilidad no le inmuto lahuelga general de septiembre 2010, es evidente lo que puede preocuparle al gobiernodel PP recién salido de las urnas y con un fuerte apoyo electoral que se traduce enmayoría absoluta en el Parlamento.A la fortaleza política del gobierno y a la falta de credibilidad de los sindicatos por sutrayectoria histórica, hay que sumar las medidas que han venido tomando los gobiernosregionales del PP desde mayo para debilitarles, reduciendo drásticamente el número deliberados sindicales.¿Qué puede temer de los sindicatos el gobierno de Rajoy? ¿Una jornada demovilizaciones en la calle? Eso es algo perfectamente asumible en una democracialiberal, a lo sumo podría suponer un leve desgaste del gobierno, pero tiene casi cuatroaños por delante. ¿Una huelga general puntual?, también es asumible, el gobierno PSOEno cambió ni un ápice su política por ello, y en condiciones políticas mucho más
 
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desfavorables que las del actual gobierno. ¿Una dinámica de huelgas generales ymovilizaciones in crescendo?, se trata de un escenario poco creíble con los actualdescredito sindical y la propia trayectoria de éstos. Pero incluso aceptando esa remotaeventualidad, entonces habría que fijarse en Francia más que en Grecia (por elmomento). Unos sindicatos mucho más combativos que los españoles lanzaron un pulsoen toda regla en el otoño de 2010 y fueron derrotados, y a partir de ese momento volvióa reinar la paz social. Si ahora, además, Sarkozy revalidase la presidencia, el ejemplomostraría claramente el camino de firmeza a seguir. La firmeza en 2010 le llevó a laderrota de los sindicatos, primera lección para sus colegas conservadores en España. Y,si ahora vuelve a ganar, la táctica será de manual a seguir por todos los gobiernoseuropeosPor tanto, el gobierno puede estar tentado incluso de provocar a los sindicatos a lanzarsea la pelea. Si se resuelve rápidamente ésta con una derrota sindical contundente seacabaría definitivamente esa amenaza. Solo quedarían las movilizaciones puntuales ydesesperadas, que se transformarían en un asunto de orden público, no de correlación defuerzas sociales y políticas.La situación de los sindicatos mayoritarios españoles es difícil. Acostumbrados a unadinámica de negociaciones cupulares, establecidos en una enorme burocracia de gestión,enfocados a negociar la parte que les correspondería a los trabajadores de un pastel enconstante crecimiento, todo eso ha cambiado profundamente. Su dilema es dramático, siaceptan el pulso del gobierno conservador y pierden la batalla (para la cual sus recursosson muy escasos) su papel se reducirá seriamente; pero si no plantean la batalla,entonces su descredito seguirá aumentando entre la clase trabajadora. Puede que lasmanifestaciones convocadas para el próximo 19 de febrero sea un expediente parasortear ambos riesgos. Si la movilización no es muy masiva (y eso hay que trabajarlointensamente para alcanzar el éxito) extraerán como lectura que la clase trabajadora noestá motivada para entablar una lucha abierta con el gobierno y buscarán algunaconcesión de éste para salvar la cara y olvidarse de la reforma.El último actor de la izquierda española que podría encabezar o impulsar la resistenciafrente a la reforma laboral, y a todas las reformas y recortes que la sigan, es IU. Susresultados electorales en noviembre del año pasado fueron buenos porque partía de unpunto de salida muy bajo, creció de 1 a 8 diputados. Puede que la hubiesencorrespondido alrededor de 20 con un sistema electoral más justo. Pero incluso así nocompensaba la debacle del PSOE, de la que debería haberse beneficiado másclaramente. Pero, en lugar de utilizar esa situación más favorable para crecer y ponersea la cabeza de la resistencia contra el gobierno de Rajoy, su situación interna se estáenrareciendo por las divergencias en su seno y por la inexplicable situación de que sufederación de Extremadura esté sosteniendo al gobierno regional del PP. Muestra así,también, sus debilidades como proyecto capaz de atraer a los sectores desencantadoscon el PSOE o a quienes busquen una alternativa fiable y creíble frente a los actualesproblemas (porque como alternativas se muestran muchas otras organizaciones, pero nide lejos son fiables ni creíbles, muchas son solo grupitos en torno a un manualortodoxo, que pontifican que en dicho manual está la solución a todos los problemas, ylos que no crean son herejes).De estos tres actores, IU parece que es, en principio, quién menos difícil debería tener lasolucionar de sus problemas para pode ejercer de vanguardia de las luchas contra la

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