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La sociología de la emoción y la emoción

La sociología de la emoción y la emoción

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La sociología de la emoción y la emociónen la sociología
Ed u a rdo Bericat Alastuey 
Universidad de Málaga. De p artamento de Soc i o l o g í a Campus El Ejido, s/n. 29071 Málaga. Sp aine be r i c at @ uc m .e s
Res ume n
En este artículo se presenta una síntesis de las aportaciones teóricas de tres pioneros dela
sociología de la emociones 
: Thomas J. Scheff, Arlie R. Hochschild y Theodore D. Ke m-per. El profesor Scheff ha desarrollado un prolongado, amplio y riguroso programa deinvestigación empírica y teórica sobre la vergüenza y el orgullo, a las que considera lasemociones sociales por antonomasia. La profesora Hochschild, frente a lo que constitu-ye práctica habitual de la sociología, incorpora las emociones como una vía de acceso cla-ve para el conocimiento de cualquier fenómeno o situación social. El profesor Ke m p e r,a la inversa, muestra la val i d ez y necesidad de la perspectiva sociológica para compre n-der las emociones, cuyo origen y fundamento deriva, en la mayor parte de los casos, deun determinado tipo de relación social.Teorías sociológicas de la emoción, explícitamente concebidas como tales, no puedenencontrarse en la tradición sociológica antes de la década de los ochenta del presente siglo.La sociología, hasta ahora inmersa en la principal corriente cultural de la modernidad,caracterizada por un racionalismo, un cognitivismo y un positivismo a ultranza, tan sólohabía incorporado tratamientos residuales o circunstanciales de la emoción. Ahora bien,resulta inconcebible un actor social cuyo universo simbólico esté exc l usi vamente com-puesto de ideas o cogniciones. En este universo podemos encontrar también valo res. en este universo también encontramos, sin duda, emociones. Emociones que son ref le- jo, condición y substrato último de toda reflexividad humana y social. Tanto la descrip-ción como la explicación y comprensión sociológica de la realidad será incompleta, portanto falsa, si no se incorpora al
actor sentiente 
en los juegos humanos de interactividade interc o m unicac ión.
Palabras clave:
sociología, teoría sociológica, emociones, sentimientos.
 Abstract.
The sociology of emotion and the emotion of sociology 
This article presents a synthesis of the theoretical contributions of three pioneers in thefield of Sociology of Emotions: Thomas J. Scheff, Arlie R. Hochschild and Theodore D.Ke mper. Professor Scheff has developed a lengthy, extensive and rigorous empirical and th eoretical investigation programme on the emotions of shame and pride, which he con- siders to be social emotions
 par exc e n
. Professor Hochschild, contrary to the habitualpractice in sociology, incorporates emotions as a key means of access to compre h e n s i onof any phenomenon or social situation. Professor Ke m p e r, on the other hand, demons-trates the validity and necessity of the sociological perspective in order to understand
Papers 62, 2000
145-176
 
emotions, in most cases originating in and fundamentally derived from a certain type of social re lati o n s h i p. Be f ore the 1980's, sociological theories on emotions, explicitly conceived as such, we re not present in sociological tradition. Immersed in the main cultural current of mod ernity, characterised by a fervent rationalism, cognitivism and positivism, until now  Sociology had only incorporated residual or incidental treatment of emotions. However,a social actor whose symbolic universe is exc lus i vely made up of ideas or perceptions isin c o n c e i vable. The universe also includes value, and, without a doubt, this unive r s eincludes emotions. These emotions are a reflection, a condition and the final substratumof all human and social rel exiity. The description, explanation and sociological unders- tanding of reality will be incomplete, and theref o re false, if the sentient actor in thehuman play of interaction and intercommunication is not incorporated.
Key words:
so cio log y, sociologycal theory, emotions, feelings.
1. In trodu cción
La sociología del conocimiento, aplicada esta vez a la propia disciplina socio-lógica, deberá enfrentarse muy pronto con la tarea de explicar un enigmáti-co e imperdonable olvido. Sólo ahora, sólo desde nuestro horizonte posmo-derno, ahora que el velo de la modernidad empieza a rasgarse y el sistemamuestra ya algunas de sus más queridas y sagradas coherencias, podemospreguntarnos cómo y por qué la sociología, ciencia del estudio de las lógicasde acción social y de las estructuras sociales, ha prescindido durante casi dos-cientos años de una dimensión humana tan íntimamente vinculada a lasociabilidad como la constituida por los afectos, las pasiones, los sentimien-tos o las emociones. La «construcción social de la realidad», aplicada en algu-nos casos repetida, típica y tópicamente a los fenómenos más pereg ri n os , insustanciales e irrele vantes, ha prestado escasa consideración a la re a l i da d emocional de los seres sociales concretos y a la realidad emocional de lassociedades. La postulada «imaginación sociológica» tampoco ha osado tras-pasar el umbral afectivo, ni siquiera cuando la participación de las emocio-nes en la acción y en la estructura social resulta evidente por sí misma. Ritos,carisma, legitimidad, creencias, valo res, relaciones interpersonales, concien-cia de clase, violencia, sentimientos nacionales, religión, re volución, desvia-ción social, privación rela t i va, propaganda, comunicación, etc., etc., parec e n difíciles de entender y explicar sin una consideración sociológica de las emo-
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Papers 62, 2000Edu a rdo Bericat Alastuey 
1. In t rod uc c i ón 2. Theodore D. Kemper:poder y estatus en las relaciones sociales3. Arlie R. Hochschild:normas sociales y estructura social4. Thomas J. Scheff:vínculos sociales seguros e inseguro s5. Bi b lio graía
Sum rio
 
ciones. Pero ya sabemos que las evidencias son engañosas. Sabemos desde hacetiempo que toda conciencia, incluso la sociológica, está constreñida por elt a b ú.Gran parte de los maestros de la sociología, A. Comte, V. Pa reto, E.Du rkheim o M. Weber, ubicados intelectualmente en el paso de la sociedad tradicional a la sociedad moderna, hubieron de tratar los fenómenos afecti-vos, por lo que las emociones no están totalmente ausentes en sus trabajos.Sin embargo, como correspondía a la nueva época, estas emociones ocupa-ban un lugar marginal y, lo que es más sintomático, residual en el conjuntode su obra. Podría decirse que lucharon contra las emociones sin todavía sercapaces de eliminarlas. Sin embargo, cuando la modernidad se impuso entodos los órdenes de la vida, la impronta positivista barrió del pensamientosociológico cualquier re f erencia emocional. En los casos más ambiciosos deteoría social, como en Talcott Parsons, se hubo de recurrir a términos extra-ños, como el de «catexis», para que la re erencia emocional adoptara la cate-goría de un concepto científico. Incluso en estos casos, el tratamiento de laemoción en la sociología ha sido siempre residual, genérico e irrelevan te. Los sociólogos clásicos, como decimos, no dejaron de tener en cuenta lasemociones en sus teorías, pero, dado el estatuto marginal que les otorgaro n ,su trabajo no sirvió al desarrollo de una explícita sociología de las emocio-nes. Más bien ocurrió todo lo contrario. Max Weber puede considerarse unbuen caso ilustrativo del tratamiento residual de las emociones, por un lado,así como del uso de emociones en la propia estructura de sus teorías y con-ceptos más fundamentales. El carácter residual es patente en la escasa aten-ción que prestó en su obra a la «acción afectiva», así como en su prope ns ió n a identificar este tipo de acción con la conducta pasional, separando de estemodo razón y sentimiento (Webe r, 1979). Por otro lado, algunas de sus tesisno se sostienen sin tener en cuenta el eslabón emocional. El argumento cla-ve de la
ética protestante y el espíritu del capitalismo 
se estructura en un juegocausal que comienza en el análisis ideológico de una religión, sigue con losefectos emocionales que esta ideología provoca en sus adeptos, básicamentecruel humillación, y termina con la modificación de pautas conductualesclaves para el desarrollo del capitalismo, con el conocido efecto paradójico de adorar a Dios en el verbo, mientras se adora al becerro de oro en la práctica.Su tesis incluye con explicitud y claridad el componente emocional en el aná-lisis sociológico (Weber, 1998), si bien este hecho ha tenido escaso eco en la sociología posterior.E. Durkheim también tiene en cuenta el componente afectivo en su estu-dio del suicidio, en las respuestas colectivas a fenómenos de desviación social,o en las prácticas rituales. Una sociología del ritual y de la sacralidad que sólopuede entenderse cabalmente atendiendo a los vínculos afectivos que cons-ti tu yen la esencia de lo social. En Du rkheim conviven las ideas acerca de lan a tu r a leza fundamentalmente afectiva del orden social (objeto), con las ide-as que prevale ci e ron en la sociología posterior acerca de la necesidad de tra- tar los fenómenos sociales en tanto cosas (método). La riqueza de los análi-
La sociología de la emoción y la emoción en la sociologíaPapers 62, 2000
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