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transpolíticas y violencias

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 T
RANSPOLÍTICA Y VIOLENCIAS
 Autor:Eduardo de la Vega
La transpolítica es la transparencia y la obscenidad de todas las estructuras en un universodesestructurado, la transparencia y la obscenidad del cambio en un universo deshistorizado, la transparencia  y la obscenidad de la información en un universodeseventualizado, la transparencia y la obscenidad del espacio en la promiscuidad de las redes, la transparencia y la obscenidad de lo social en las masas, de la política en el terror, del cuerpo en la obesidad y el clonismo genético... Final de escena de la historia, final de escena de la política, final de escena de la fantasía, final de escena del cuerpo: irrupción de lo obsceno. Final del secreto: irrupción de la transparencia. J. Baudrillard (Estrategias fatales)
1.
 
H
EREDARÁS EL VIENTO
 Hacia 1925, en Hillsboro, un pueblo del sur de los EstadosUnidos, un profesor de escuela secundaria fue llevado a juicio,luego de ser encarcelado, por enseñar la teoría evolucionista ensus clases de biología. El film de Stanley Kramer,
Heredarás el viento
(1960), retoma el célebre “juicio del mono” para mostrar, através de un relato irónico y apasionado, el nacimiento –en elocaso del celo fundamentalista– de una nueva dinámica social.En aquel contexto del declinar religioso, el relato reconstruyela trama del escándalo junto a sus protagonistas: el puritanismo
 
norteamericano, la ciencia y el periodismo, todos ellosatravesados por una cínica y enrarecida atmósfera política.El juicio, de gran repercusión no sólo en Estados Unidos,enfrentaba a la tradición religiosa y al mundo moderno, en unescenario que prefiguraba, en una proporción virtuosa, latransformación de la vida social norteamericana.Dos personajes célebres se enfrentaron en la corte: WilliamJennings Bryan, un ex candidato presidencial que se ofreciócomo fiscal acusador, y el polémico abogado criminalistaClarence Darrow, quien había ganado una merecida fama porsalvar de la silla eléctrica a dos jóvenes asesinos, en la defensa.La conjunción de los dos juristas famosos, enfrentados en uncombate legal, ético y político, presentaba otra novedad: lapresencia y el protagonismo de la prensa (para entonces, sólo laradio y los periódicos).Los actores Spencer Tracy y Fredric March –ambos ganadoresde varios premios Oscar– en los papeles de Darrow y Bryan(Henry Drummond y Matthew Harrison Brady, en la ficción),acompañados por Gene Kelly (E. K. Hornbeck, el periodistaenviado por el Baltimore Herald para cubrir el juicio) recrearonmuy bien, en una trama intensa de personajes y escenarios, elcontexto dramático de aquel enfrentamiento.El juicio era presentado como un gran espectáculo, precedidode celebraciones populares y plenamente cubierto por los medios.Luego de una calurosa recepción en Hillsboro, Brady arenga a lamultitud que lo aclama, para que comprenda los beneficios quesupone la presencia del famoso abogado defensor:
Debemos dar la bienvenida a Henry Drummond. Si el enemigo envía a su Goliat a la batalla será mejor nuestra causa. Henry Drummond ha acechado las cortes de esta tierra durante cuarenta años, cuando pelea siguen los encabezados, todo el mundo observará nuestra victoria sobre Drummond. ¡Je, je! ¿Quien recordaría a San Jorge si en vez de un dragón hubiera matado a una mosca? ¡Estamos aquí no sólo para aprovechar la oportunidad de vencer al discípulo del diablo sino al mismo diablo! 
 
La pasión agonística –como bien señaló Max Weber
1
constituía el fundamento de la creciente espectacularización de lavida cotidiana norteamericana, que progresaba e imponía suracionalidad.Más que la intolerancia religiosa, el film muestra el avanceinexorable de los medios –también de la ciencia que los hizoposible– junto a la proliferación de espectáculos. Sin duda, lalógica económica impregna el paisaje, en un escenario donde yaestán sentadas las bases del gran desarrollo industrial.
2
 No se trata sólo, en aquel contexto, del fanatismo frente allibrepensamiento sino de algo más; de la emergencia del cinismoque progresa junto a la mercancía, la hipocresía y la simulación.Una nueva gestión de las masas acompaña dicha lógica. Lasviejas coerciones disciplinarias (caricaturizadas a través delpuritanismo sobreviviente) comenzaban a derrumbarse haciamediados del siglo mientras la espectacularización creciente(Hollywod, los entretenimientos, la televisión, etc.) apunta hacianuevas formas de ordenamiento social.La ironía destella con brillo en aquella atmósfera densa ypuritana mientras E. K. Hornbeck, irónico y cínico a la vez,condensa maravillosamente los atributos del nihilistanietzcheano:
 ¡Eh… Henry por que no despierta usted! – 
lereprocha el periodista al honesto defensor del maestro
 –Darwin se equivocó, el hombre sigue siendo mono (…)Usted estaría perdiendo su tiempo tratando de enderezar loque burlonamente se dice que es ‘la raza humana’. Porque no intenta quitarse la venda. ¿No sabe que el futuro es completamente anticuado? ¿Cree que el hombre aun tiene 
1
- Max Weber, en su célebre texto sobre la ética protestante (Weber, M.1951, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Editorial Revista deDerecho Privado. Madrid.), sostiene que en los Estados Unidos –donde elpuritanismo tuvo su mayor arraigo– el espíritu ético religioso que impulsó elafán de lucro y el utilitarismo indispensables para el desarrollo delcapitalismo fue reemplazado, tras su laicización, por “pasiones puramenteagonales”, como las del deporte.
2
–Dígame, que opina de todos estos monos– interroga Hornbeck a unvendedor ambulante luego de comprarle un hot dog. –No opino señor,opinar es malo para los negocios– recibe como respuesta un segundo antesde que otro ciudadano horrorizado se le acerque y le pregunte: –¿Es usted unevolucionista, un infiel, un pecador?–

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