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Lectura y escritura en México. Tercer tema

Lectura y escritura en México. Tercer tema

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09/02/2013

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I
 Vivimos en un país que gusta de celebrar inau-guraciones, cortar listones, tomarse la oto conla primera piedra de un edicio recién instaura-do. Se celebran grandes y ambiciosos proyec-tos como bibliotecas digitales, programas dediusión y de apoyo a la lectura. La promocióna la lectura es el cajón insuciente del mueblemonumental de cada sexenio. Pero, y ese esel nudo del asunto: cómo hacer que las perso-nas lean, se hagan de bibliotecas personales,comenten sus lecturas, intercambien libros queles apasionen si, en su mayor parte, la vida na-cional se ocupa en lo urgente y no en lo impor-tante, como diría Maalda.Leer es undamental por muchas razones, esimprescindible para el desarrollo de un país, escapital para la comprensión entre los hombres,para la valoración de la historia en sus mitos y
Lectura y escrituraen México: 
procesos de aprendizaje institucional
Brenda Ríos 
“Leer es siempre esto: hay una cosa que está ahí, una cosa hecha de escritura, un objeto sólido, material,que no se puede cambiar, y a través de esta cosa nos enfrentamos con alguna otra que no está presente, alguna otra que forma parte del mundo inmaterial, invisible, porque es sólo pensable, imaginable, o porque ha existido y ya no existe, ha pasado, perdida, inalcanzable, al país de los muertos…” 
Italo Calvino
 
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conormaciones; pero es comprensible tambiénel demérito de la actividad lectora rente a cir-cunstancias que atenúan la posible adquisicióndel hábito: el limitado número de librerías por per-sonas en este país, el precio de un libro que pue-de ser de más de tres salarios mínimos a menosque sean ediciones populares (ahora con el pre-cio único quizá las cosas sean distintas), la altade programas ecaces que concentren su ánimoinstitucional y recursos en ortalecer los valoresde la lectura más allá de sus tintes de aprendizajeinmediato o de superación personal.Las circunstancias, lo sabemos, son tancomplejas como variadas, y si el hábito de lalectura se desarrolla en la inancia, como sue-le insistir la SEP, hay dos instancias que bienpodrían compartir la responsabilidad y los ru-tos: la amilia y la escuela. Entre el Estado yla sociedad la escuela es un elemento no sóloconcluyente para la conormación del individuosino que también lo demarca y lo usiona engran medida a los conceptos en que basará surelación con las instituciones sociales su vida en-tera. Desde nales del siglo XIX, con la inclusiónde las mayorías a la educación se estampa elestatus político-social del hombre y en nuestrosdías esto no ha cambiado: la educación no sólomarca sino que limita, condiciona y separa.
II
Ocialmente vanagloriamos el hábito de lalectura, pero en la realidad de lo cotidiano losmedios son inexorables. Ante el televisor (o sihay, computadora) el libro mantiene su batalladesigual. Se requieren mayores mecanismosen las escuelas para que los padres compren-dan la importancia de la creación de hábitos delectura más allá de comprar un libro y dejar alniño solo en su descubrimiento.La idea de la lectura como algo improduc-tivo sigue imperando. La lectura, nos guste laidea o no, sigue siendo una actividad ligada alos privilegiados, al ocio del burgués, supedita-da a los medios de producción social y cultu-ral, voluble a actores de mercado, rágil en suconstitución de “necesaria”. La apropiación delcapital simbólico es responsabilidad de cadaindividuo, pero compete a la escuela dar herra-mientas para que ésta sea aprovechable, críti-ca y apta para la conormación de ciudadanosconscientes, despiertos. La educación pues,es proporcionada por el Estado pero el capitalcultural y simbólico es personal, sujeto a acto-res socioeconómicos paralelos o periéricos alas políticas culturales de Estado.Martí decía que la cultura conduce a la liber-tad; paradójicamente podemos tener una biblio-teca y un proesor pero no hay intermediarios quetengan por tarea ormar lectores. La educaciónsigue siendo una institución ambigua y algunasveces lejana entre el Estado y la amilia. Uno delos desaciertos de las campañas en pro de lalectura es añadirle el concepto de conocimiento:leer para entender, la lectura comprendida comoun sinónimo de progreso inmediato, dejando ensegundo término la lectura del placer. La inor-mación erigida en su arrogancia ante el gusto dela lectura. Institucionalmente no se da aliento ala idea de la lectura gozosa, estamos condena-dos a leer para estudiar y ser mejores, pasar losexámenes, entrar a la universidad, conseguir unempleo, instalar un aparato audiovisual, rmarun contrato; leer para aprender, y ya, si hubieratiempo y el trabajo ya está realizado, la produc-ción del día terminada, el hombre está libre en-tonces –sin culpa– para leer literatura.
III
Existir como lectores es hacer cohabitarnuestra mortalidad con la inmortalidad de laliteratura. Dejarse llevar por las palabras. Laspalabras y las cosas. Los libros son más elesen su humanidad cticia que algunos hombresverdaderos. Tenemos en las manos el objetoconcreto de su historia. Ahora, denitivo y cier-to como puede ser una hipótesis de lectura,insisto en lo siguiente: hay autores que se acer-can a nosotros, nos tocan, los invitamos a pa-sar a nuestra casa, a lo íntimo de la sábana, alsoá, comparten la copa de vino, la música queelegimos para dedicarnos a ellos. Preerimos laintimidad con alguien que no vemos pero quecreemos ver. Los autores saben de nosotros
Brenda Ríos 
 
 24 
porque no nos da vergüenza admitir nuestrasfaquezas y complejos ante ellos mientras titu-beamos sentimentalmente con el hombre realo la mujer real que se acerca y pregunta.Como sujetos ormados a partir de las ins-tituciones –sociales y educativas– logramoscrear una coraza compuesta por varios mate-riales: nuestro aparato crítico, emocional, sen-timental, intelectual y ético, además de nuestraentidad histórica validada en cierta tradiciónreligiosa o política –aun cuando no seamospracticantes– y que –conscientes o no de ello–ponemos rente al otro al conocerlo, al recono-cerlo, al mirarlo; esta entidad que nos conor-ma como individuos no la revelamos completaincluso después de años de irle dando sentidoy explicación, porque esta entidad no es ja, esmovible... Ni siquiera podemos decir que estácompleta, que nada más cabe en ella, que es-tamos ahítos de nuestra propia potencialidad,de nuestra proyección humana en el límite quenos corresponda. Las relaciones humanas inte-ractúan en dierentes esquemas y en dierentescapas de comprensión lectora: son demasia-dos elementos en interacción, a nuestra enti-dad movible (con algunos supuestos que no setocan, como la cuestión religiosa o un sistemade valores armado ya de tal orma que no seestá dispuesto a ponerlo en peligro) hay queagregar la entidad del otro, lo que lo conor-ma: su aparato crítico ormado a su vez conelementos comunes y con elementos extrañoso al menos sujetos al mundo con otra concep-ción de las cosas; el lenguaje es undamental,aún en la misma lengua hay incomprensión de
Brenda Ríos 

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