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Mussolini. Mujeres trágicas en su vida - Vittorio Mussolini (Hijo mayor de Benito Mussolini)

Mussolini. Mujeres trágicas en su vida - Vittorio Mussolini (Hijo mayor de Benito Mussolini)

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Existe un enorme arsenal de libros sobre todos los aspectos del fascismo, así como varios estudios sobre el mismo originales del propio Benito Mussolini. De entre los escritos por historiadores ingleses, el más célebre es el de F. W. Deakin, La brutal amistad (Grijalbo, 1966) Y, como es lógico, aparecen atisbos del dictado en las memorias, cartas y estudios históricos de toda una hueste de dirigentes del período de la guerra, entre ellos Churchill y Lord Avon. Con todo, sigue sabiéndose muy poco de Mussolini en su vida familiar... o de las mujeres relacionadas con él.
Nadie estaría mejor calificado para llenar este hueco que el hijo mayor del dictador, Vittorio. Aunque por aquel entonces era muy joven, fue encargado por su padre de importantes misiones. Y sigue estando en estrecha relación con su madre y hermanos, con lo que puede significar "estrecha relación" para una familia italiana.
Uno de los dones más preciados que poseyó su padre fue el de la palabra. Autorizado orador y periodista de por vida, Mussolini fue editor del semanario socialista La lotta di classe y, más tarde, de Avanti!, periódico del partido socialista italiano. Fundó también otro semanario, II Popólo d'Italia, que se convertiría en órgano oficial del fascismo, y a lo largo de muchos años colaboró en la prensa norteamericana. El Duce gustaba tanto de ejercitar este don que en plena guerra encontró tiempo para escribir un libro dedicado a su hijo mediano, Bruno, muerto en un accidente de aviación, como también redactó innumerables artículos y cartas.
En cierto aspecto, Vittorio ha heredado esta faceta de su padre, puesto que también él es periodista y escritor. En este libro, el primero que se traduce al inglés, se centra en las tres mujeres que su padre amó: Donna Rachele, la condesa Edda Ciano y Clara Petacci, es decir, la esposa del Duce, su hija y su amante, respectivamente. Sobre estas tres mujeres se abatió la desgracia.
A la hermosa Clara, que hubiera podido escapar con sus padres y encontrar la salvación en España, le tocó sufrir una muerte violenta: ella y Mussolini fueron muertos por disparos de metralleta a quemarropa, a manos de los guerrilleros, que acabaron con ellos en un angosto camino de montaña cerca del Lago de Como; sus cadáveres fueron trasladados a Milán y colgados cabeza abajo de una viga en un surtidor de gasolina de la Piazzale Loreto.
A Donna Rachele, la esposa fiel, le tocó afrontar la viudedad y un período de reclusión en la cárcel.
Y a la impetuosa Edda, esposa del conde Ciano (ministro de Asuntos Exteriores de Italia y, después, embajador en el Vaticano), le correspondió una doble pérdida. Ella también quedó viuda, pero las circunstancias en que se produjo la muerte de su marido —fue fusilado por la espalda por un pelotón de fusilamiento, sentado en una silla con las manos atadas al respaldo de la misma—, la llevaron a odiar al dictador que fue su padre, por lo menos durante cierto tiempo, convencida como estaba de que hubiera podido salvar al conde.
Galeazzo Ciano fue uno de los diecinueve hombres que, en el Gran Consejo Fascista, en las primeras horas del 25 de julio de 1943, votó en favor de la famosa moción Grandi. Diño Grandi, que con anterioridad a la guerra había sido embajador de Italia en Londres, propuso en su moción que, ya que la dictadura había conducido al pueblo y a la nación italiana al desastre y ya que era cierta la derrota en manos de los aliados, el Duce debía renunciar a sus poderes dictatoriales y el rey (Víctor Manuel III) debía hacerse cargo del mando de las fuerzas armadas. En la tarde del 25 de julio, Mussolini tuvo una audiencia con el rey, que insistió en la dimisión del Duce. Al salir Mussolini de Villa Sa-voia, fue detenido por los carabinieri. El mariscal Badoglio fue nombrado jefe del gobierno.
Mussolini fue encarcelado, primero en la isla de Ponza, más tarde en la isla más remota de Madalena, próxima a Cerdeña. Finalmente, por temor a que fuera rescatado por los alemanes, fue trasladado a un ho
Existe un enorme arsenal de libros sobre todos los aspectos del fascismo, así como varios estudios sobre el mismo originales del propio Benito Mussolini. De entre los escritos por historiadores ingleses, el más célebre es el de F. W. Deakin, La brutal amistad (Grijalbo, 1966) Y, como es lógico, aparecen atisbos del dictado en las memorias, cartas y estudios históricos de toda una hueste de dirigentes del período de la guerra, entre ellos Churchill y Lord Avon. Con todo, sigue sabiéndose muy poco de Mussolini en su vida familiar... o de las mujeres relacionadas con él.
Nadie estaría mejor calificado para llenar este hueco que el hijo mayor del dictador, Vittorio. Aunque por aquel entonces era muy joven, fue encargado por su padre de importantes misiones. Y sigue estando en estrecha relación con su madre y hermanos, con lo que puede significar "estrecha relación" para una familia italiana.
Uno de los dones más preciados que poseyó su padre fue el de la palabra. Autorizado orador y periodista de por vida, Mussolini fue editor del semanario socialista La lotta di classe y, más tarde, de Avanti!, periódico del partido socialista italiano. Fundó también otro semanario, II Popólo d'Italia, que se convertiría en órgano oficial del fascismo, y a lo largo de muchos años colaboró en la prensa norteamericana. El Duce gustaba tanto de ejercitar este don que en plena guerra encontró tiempo para escribir un libro dedicado a su hijo mediano, Bruno, muerto en un accidente de aviación, como también redactó innumerables artículos y cartas.
En cierto aspecto, Vittorio ha heredado esta faceta de su padre, puesto que también él es periodista y escritor. En este libro, el primero que se traduce al inglés, se centra en las tres mujeres que su padre amó: Donna Rachele, la condesa Edda Ciano y Clara Petacci, es decir, la esposa del Duce, su hija y su amante, respectivamente. Sobre estas tres mujeres se abatió la desgracia.
A la hermosa Clara, que hubiera podido escapar con sus padres y encontrar la salvación en España, le tocó sufrir una muerte violenta: ella y Mussolini fueron muertos por disparos de metralleta a quemarropa, a manos de los guerrilleros, que acabaron con ellos en un angosto camino de montaña cerca del Lago de Como; sus cadáveres fueron trasladados a Milán y colgados cabeza abajo de una viga en un surtidor de gasolina de la Piazzale Loreto.
A Donna Rachele, la esposa fiel, le tocó afrontar la viudedad y un período de reclusión en la cárcel.
Y a la impetuosa Edda, esposa del conde Ciano (ministro de Asuntos Exteriores de Italia y, después, embajador en el Vaticano), le correspondió una doble pérdida. Ella también quedó viuda, pero las circunstancias en que se produjo la muerte de su marido —fue fusilado por la espalda por un pelotón de fusilamiento, sentado en una silla con las manos atadas al respaldo de la misma—, la llevaron a odiar al dictador que fue su padre, por lo menos durante cierto tiempo, convencida como estaba de que hubiera podido salvar al conde.
Galeazzo Ciano fue uno de los diecinueve hombres que, en el Gran Consejo Fascista, en las primeras horas del 25 de julio de 1943, votó en favor de la famosa moción Grandi. Diño Grandi, que con anterioridad a la guerra había sido embajador de Italia en Londres, propuso en su moción que, ya que la dictadura había conducido al pueblo y a la nación italiana al desastre y ya que era cierta la derrota en manos de los aliados, el Duce debía renunciar a sus poderes dictatoriales y el rey (Víctor Manuel III) debía hacerse cargo del mando de las fuerzas armadas. En la tarde del 25 de julio, Mussolini tuvo una audiencia con el rey, que insistió en la dimisión del Duce. Al salir Mussolini de Villa Sa-voia, fue detenido por los carabinieri. El mariscal Badoglio fue nombrado jefe del gobierno.
Mussolini fue encarcelado, primero en la isla de Ponza, más tarde en la isla más remota de Madalena, próxima a Cerdeña. Finalmente, por temor a que fuera rescatado por los alemanes, fue trasladado a un ho

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Mussolini: Mujeres trágicas en su vida - Vittorio Mussolini
1
 
Mussolini: Mujeres trágicas en su vida - Vittorio Mussolini
 
Vittorio Mussolini
Mussolini:Mujeres trágicas en su vida
 
 
EDICIONES GRIJALBO, S. A.
 
BARCELONA - BUENOS AIRES - MÉXICO. D. F
 Título originalMUSSOLINIDUE DONNE NELLA TEMPESTATraducido porR
OSER
B
ERDAGUÉ
 de la 1.
a
edición de Amoldo Mondadori Editore, Milán, 1961
Primera edición 1974 
 Impreso por Gráficas Diamante, Zamora, 83, Barcelona, 5
Digitalizado por Triplecruz. Disculpen cualquier posible error durante la digitalización 
ÍNDICE
A
A
A
M
2
 
Mussolini: Mujeres trágicas en su vida - Vittorio Mussolini
INTRODUCCIÓN
 
Existe un enorme arsenal de libros sobre todos los aspectos del fascismo, así como varios estudios sobre el mismo originales del propio Benito Mussolini. De entre los escritos por historiadores ingleses, el más célebre es el de F. W. Deakin,
La brutal amistad (Grijalbo, 1966)
Y,como es lógico, aparecen atisbos del dictado en las memorias, cartas y estudios históricos de toda una hueste de dirigentes del período de la guerra, entre ellos Churchill y Lord Avon. Con todo, sigue sabiéndose muy poco de Mussolini en su vida familiar... o de las mujeres relacionadas con él.
 
Nadie estaría mejor calificado para llenar este hueco que el hijo mayor del dictador, Vittorio.Aunque por aquel entonces era muy joven, fue encargado por su padre de importantes misiones. Y sigue estando en estrecha relación con su madre y hermanos, con lo que puede significar "estrecha relación" para una familia italiana.
 
Uno de los dones más preciados que poseyó su padre fue el de la palabra. Autorizado orador y periodista de por vida, Mussolini fue editor del semanario socialista 
La lotta di classe y,
más tarde,de 
Avanti!,
periódico del partido socialista italiano. Fundó también otro semanario,
II Popólo d'Italia,
que se convertiría en órgano oficial del fascismo, y a lo largo de muchos años colaboró en la prensa norteamericana. El Duce gustaba tanto de ejercitar este don que en plena guerra encontró tiempo para escribir un libro dedicado a su hijo mediano, Bruno, muerto en un accidente de aviación, como también redactó innumerables artículos y cartas.
 
En cierto aspecto, Vittorio ha heredado esta faceta de su padre, puesto que también él es periodista y escritor. En este libro, el primero que se traduce al inglés, se centra en las tres mujeres que su padre amó: Donna Rachele, la condesa Edda Ciano y Clara Petacci, es decir, la esposa del Duce, su hija y su amante, respectivamente. Sobre estas tres mujeres se abatió la desgracia.
 
A la hermosa Clara, que hubiera podido escapar con sus padres y encontrar la salvación en España, le tocó sufrir una muerte violenta: ella y Mussolini fueron muertos por disparos de metralleta a quemarropa, a manos de los guerrilleros, que acabaron con ellos en un angosto camino de montaña cerca del Lago de Como; sus cadáveres fueron trasladados a Milán y colgados cabeza abajo de una viga en un surtidor de gasolina de la Piazzale Loreto.
 
A Donna Rachele, la esposa fiel, le tocó afrontar la viudedad y un período de reclusión en la cárcel.
 
Y a la impetuosa Edda, esposa del conde Ciano (ministro de Asuntos Exteriores de Italia y,después, embajador en el Vaticano), le correspondió una doble pérdida. Ella también quedó viuda,pero las circunstancias en que se produjo la muerte de su marido 
 —
fue fusilado por la espalda por un pelotón de fusilamiento, sentado en una silla con las manos atadas al respaldo de la misma 
 —,
la llevaron a odiar al dictador que fue 
u padre, por lo menos durante cierto tiempo, convencida como estaba de que hubiera podido salvar al conde.
 
Galeazzo Ciano fue uno de los diecinueve hombres que, en el Gran Consejo Fascista, en las primeras horas del 25 de julio de 1943, votó en favor de la famosa moción Grandi. Diño Grandi, que con anterioridad a la guerra había sido embajador de Italia en Londres, propuso en su moción que,ya que la dictadura había conducido al pueblo y a la nación italiana al desastre y ya que era cierta la derrota en manos de los aliados, el Duce debía renunciar a sus poderes dictatoriales y el rey (Víctor Manuel III) debía hacerse cargo del mando de las fuerzas armadas. En la tarde del 25 de julio,Mussolini tuvo una audiencia con el rey, que insistió en la dimisión del Duce. Al salir Mussolini de Villa Sa-voia, fue detenido por los 
carabinieri.
El mariscal Badoglio fue nombrado jefe del gobierno.
 
Mussolini fue encarcelado, primero en la isla de Ponza, más tarde en la isla más remota de Madalena, próxima a Cerdeña. Finalmente, por temor a que fuera rescatado por los alemanes, fue trasladado a un hotel enclavado en la cumbre de una montaña de los Apeninos. Pero Hitler había encargado ya a Otto Skorzeny, comandante de una unidad especial de comandos SS, de la misión 
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