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Guillermo Marin - Para Leer a Carlos Castaneda

Guillermo Marin - Para Leer a Carlos Castaneda

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PARA LEER A CARLOSCASTANEDA
GUILLERMO MARÍN
 
PARA LEER A CARLOS CASTANEDA
Guillermo Marínhttp://www.toltecayotl.orgCorreo-e :tigremarin@hotmail.comPara leer a Carlos Castaneda
es una síntesis crítica de la obra de este singular antropólogo localizada sobrela estrecha relación existente entre las enseñanzas de Don Juan y la antigua cultura tolteca.La obra presenta los elementos fundamentales para entender a Carlos Castaneda y la "Toltequidad",concatenándolas en un conjunto coherente, para devolver este conocimiento funcional y accesible a nuestraconciencia cotidiana.La obra de Guillermo Marín tiene como referencia implícita el poner, por un lado, en estrecha relación lasenseñanzas de Don Juan con su matiz profunda y verdadera y, por otro, clarificar muchos de los términos y conceptos fundamentales para entender las obras de Carlos Castaneda.Guillermo Marín devela una nueva perspectiva sobre una de las más antiguas y poderosas culturas del mundo, la Tolteca.La comprensión de la obra de Carlos Castaneda resulta difícil es por dos motivos fundamentales: el primeroes que Castaneda nunca ha definido explícitamente la relación que existe entre el conocimiento obtenido delas enseñanzas de Don Juan y la antigua cultura tolteca quitando continuidad y profundidad a su obra; y, ensegundo lugar, muchos de los términos utilizados en las transcripciones no han sido adecuadamentetraducidos, con la evidente consecuencia de aumentar la confusión del lector.Esta obra da nueva vida a ideas que el hombre había desechado y que hoy necesita; ideas sobre lo queintuyen pero no conocen, sobre la muerte personal sobre la impecabilidad, sobre los secretos del "movimientodel punto de encaje" y, en forma muy particular, sobre el "conocimiento silencioso", que representa una nuevamanera de acercarse al conocimiento, al menos para el hombre moderno.La teoría sobre el "inconsciente colectivo", de la que nos habla el psicoanalista Carl Gustav Jung, y la"percepción corporal" utilizada en la terapia Gestalt por el Dr. Fritz Perls, representan algunas de las teoríasformuladas en Occidente que de alguna forma se asemejan al concepto de "conocimiento silencioso expresado por los antiguos toltecas. La única diferencia que separa al concepto antiguo del moderno es quelos toltecas vivían simplemente con este conocimiento, practicándolo y enseñándolo, mientras que, paranosotros hoy es sólo una teoría más.Hoy más que nunca el hombre requiere descubrir sus posibilidades olvidadas, mismas que le permiten percibir y actuar en el mundo que conocemos de un modo distinto encontrando la Armonía, la ConscienciaTotal, la Tercera Atención o "El don del Águila" 
GIULIO LOZZIA
INTRODUCCION
Cada una de las culturas con origen autónomo (Egipto, Mesopotamia, China, India, Mesoamérica, CulturaAndina) han contado con hombres de conocimiento que Forjaron la infraestructura filosófica básica sobre lacual se ha desarrollado una multiplicidad de actividades que le dan personalidad y rostro propio.En la profundidad del tiempo, miles de años atrás, surgió, en lo que hoy es México, una sorprendente culturamadre, cuya pluralidad en tiempo y espacio ha conservado su matriz filosófica. Desde tiempos olmecas,pasando por tiempos toltecas y llegando al período previo a la Conquista, con los mexicas, existió un hiloconductor que fue hilvanando cada proceso, cada "nueva faceta cultural" de la misma matriz, cuya vigenciaalcanza, oculta, la época actual.Podemos apreciar esta matriz cultural en los vestigios arqueológicos y en la iconografía de los olmecas, ycómo se mantiene a través del tiempo, del espacio y de las culturas que les siguieron. Cada una de ellasretoma la matriz y la enriquece; por eso, el México antiguo se presenta ante nosotros como un mosaicopluricultural, cuya esencia o matriz es la misma. Esta matriz, elemento fundamental que dio continuidad alproceso cultural mesoamericano, se desarrolló a través de miles de años en los que, poco a poco, fueperfeccionándose hasta llegar a su esplendor en el Clásico Superior.Esta profunda esencia cultural no ha sido reconocida por Occidente: en los tiempos de la Conquista, porquelos españoles no podían validar el desarrollo cultural avanzado de un pueblo al que brutalmente arrasaron, y,en la actualidad, porque la supremacía occidental es avasalladora en los terrenos de la filosofía, la ciencia y lacultura. Los vestigios de la grandeza cultural del México antiguo casi sucumbieron en la oscuridad del tiempo yen las mentes de aquellos que fueron dominados por la fuerza.En la actualidad, lejos de reconocer la existencia de una profunda filosofía mesoamericana, se habla de unatransfigurada religión politeísta, en la que todavía pesan juicios eurocéntricos. El pasado prehispánico deMéxico representa, para la gran mayoría de quienes detentan el poder político y cultural, una fuente denacionalismo demagógico; un patrimonio cultural inconexo de piedras y objetos de gran valor estético cuyoatractivo "turístico" es importante sólo desde el punto de vista económico.
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Pero ¿dónde está la base en la cual pueda sustentarse la auténtica riqueza de nuestro patrimonio cultural?Sólo la existencia de una filosofía mesoamericana puede dar sentido y explicación a miles de años deevolución y desarrollo.¿Cómo podríamos entender el patrimonio cultural greco-latino sin el estudio del conocimiento legado por susfilósofos y pensadores? Sin esa base fundamental, todos los vestigios de su pasado no tendrían una claraexplicación. De la misma manera, sin el conocimiento de la filosofía mesoamericana es más que difícil entender los procesos culturales del México antiguo.Quinientos años han transcurrido sin que las culturas dominantes hayan podido o querido reconocer, muchomenos entender, la filosofía mesoamericana. En el siglo XVI los preclaros teólogos occidentales debatíanacerca de si los indios tenían o no tenían espíritu. Hoy, varios siglos después, hay quienes piensan que noexistió una filosofía mesoamericana, simplemente porque no existen bases "científicas" para comprobarlo.El Dr. Rubén Bonifaz Nuño, en su libro
Imagen de Tláloc 
, cuestiona la actitud de minusvalía que hanmantenido los investigadores sobre las culturas del México antiguo.
... Tal vez así llegue a admitirse que aquellos hombres no eran los "primitivos adoradores de la lluvia, preocupados por la abundancia o la pérdida de sus cosechas, por la posible fertilidad de la tierra, sino quetenían un conocimiento metafísico de lo existente.
Un concepto del mundo que hiciera explicables sus cualidades de grandes matemáticos,astrónomos, ingenieros, arquitectos, escultores que, paradójicamente, le son reconocidas de manerauniversal. Porque todos están de acuerdo en afirmarlo: los antiguos habitantes de Mesoamérica eraninsignes ingenieros y arquitectos; allí están, demostrándolo, las difícilmente igualables obras de lostemplos y las plazas edificadas, como por milagro, entre selvas o sobre cumbres vueltas en llanuras, enpantanos convertidos en tierra firme; allí la asombrosa utilización de los espacios y las masas, como enuna música cósmica en que se alternan sin defecto los bloques de sonido con las armoniosasaberturas del silencio.
Eran, asimismo, incomparables matemáticos; así lo prueban sus cálculos, capaces de comprender lanoción del cero, la mensurabilidad del movimiento, según las posiciones del antes y del después.Eran, también se admite como indiscutible, poderosos astrónomos; la marcha de los cuerpos celestes, lasleyes que determinan los avances y los retrocesos de los planetas, el cíclico progreso de las estrellas, lasmuertes y las resurrecciones de la luna, les eran del todo conocidos por la razón y por la experiencia; de modoque sus medidas del tiempo les daban la facultad de calcular, dentro de un calendario exacto y minucioso,fechas situadas en espacios ya ilimitados.Nadie les niega la potestad de crear, en obras que más tarde se han considerado de arte, imágenessimbólicas o realistas de calidades supremas; el barro, la madera, el metal la piedra, los colores manejados por ellos, han llegado hasta nosotros en multitud de objetos cuyos valores plásticos transmiten con caba1 eficaciael testimonio de su voluntad de ser; eran pues, así se reconoce universalmente, magnos artífices, dominadoresde técnicas que a la fecha no pueden aún explicarse cabalmente.Se supone Lícitamente que contaron con una sabia organización social bien jerarquizado, sustentada ensólidos principios morales, de acuerdo con los cuales la vida en común se desenvolvía ordenada y segura.Se sabe que hablaban lenguas copiosas con que se podían expresar conceptos de máxima abstracción;lenguas suficientes a contener, directa y metafóricamente, las finuras y la solidez del lenguaje de la ciencia, dela filosofía, de las manifestaciones poéticas.Todo eso y más, que no sería fácil de enumerar aquí se admite por todos como cosa evidente y probable.Y todo eso puede sintetizarse diciendo que se admite sin duda que los antiguos habitantes deMesoamérica eran hombres sabios, capaces intelectual y moralmente, conocedores de sí mismos y del mundoque los acogía. Sin embargo, cuando se trata de considerar la visión que ellos tenían de ese mundo y de sí mismos, los autores que lo hacen, casi unánimemente, los juzgan como salvajes rudimentarios, ocupados sóloen pensar la posibilidad de que la tierra fecundada por las lluvias les rindiera los frutos de que principalmentese alimentaban.Bajo el pretexto de que constituían comunidades agrícolas, se les reducen todas sus fuerzas espirituales,la totalidad de sus concepciones religiosas y metafísicas, a un primitivo afán de alimentación material que sería para ellos el núcleo y la periferia de su existencia.Salvo algunas excepciones, en todos los autores se encuentra esta inexplicable oscuridad de juicio.
Menciona Octavio Paz que es revelador el hecho de que entre los investigadores de la faz oculta de Méxicono existan nombres mexicanos. Esta indiferencia la atribuye Paz a la deformación profesional de losantropólogos de nuestro país debido a prejuicios cientistas. Al respecto, dice que los antropólogos mexicanosson herederos de los misioneros y de los brujos, de los sacerdotes prehispánicos. Dice que, como losmisioneros del siglo XVI, los antropólogos, más que para conocerlas se acercan a las comunidades indígenaspara tratar de transformarlas e integrarlas a la sociedad mexicana. Y afirma que a diferencia de los misionerosque veían las creencias y prácticas religiosas de los indios como algo realmente serio, para los antropólogosmexicanos modernos sólo constituyen aberraciones y errores, que clasifican y catalogan "en ese museo decuriosidades y monstruosidades que se llama etnografía".El problema fundamental para acercarse a la comprensión integral de la filosofía mesoamericana consiste en
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