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ANTONIO COLINAS
Escritor
La literatura de la memoriaDe la misma manera que cuando, últimamente, en España, alhablar de la tan llevada y traída «poesía de la experiencia» el poetaJosé Hierro nos ha recordado que, en puridad, toda auténtica poe-sía brota de la experiencia - de la experiencia de vivir y de la expe-riencia de escribir -, así también, ante el tema que hoy nos hemospropuesto - literatura o, en particular, poesía de la memoria -,también podríamos afirmar de manera categórica que, en esencia,toda la literatura que se hace es literatura de la memoria.Para comprenderlo un poco mejor fijémonos en ese primerinstante del que brota la escritura y veamos qué es lo que sucedeen él. Lo que sucede es que el escritor - frente a la cuartilla enblanco - cierra sus ojos y va con su memoria hacia atrás para res-catar de ella lo más valioso y esencial de su pasado. Bien por la víaobjetiva de la consciencia o por otra vía más incontrolada y automá-tica, irracional, de lo inconsciente, activa la fuente de su memoria.¿Y qué es lo que brota de ella?Lo que brota, en primer lugar, son los símbolos primeros, losarquetipos que se habían fijado en la infancia y en la adolescencia,etapas de la vida que son primordiales para la formación estéticadel escritor. Esos símbolos que, en parte, como nos recordó la pen-sadora María Zambrano, son «el lenguaje de los misterios», puesnos desvelan todo lo que desconocemos; o algunas cosas que necesi-tamos saber y que, por otra parte - como nos subraya muy bien lapsicología profunda -, son como faros que en la «noche oscura» delser - en los momentos de crisis - nos iluminan o constituyen apo-yos para seguir caminando hacia delante.Jung, el psiquiatra, nos habló de la importancia de los sím-
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bolos generados en la infancia, durante la cual estamos seguros deque el niño aún no ha tenido acceso directo a la tradición histórica oliteraria. Por eso - escribe Jung - «la interpretación de los símbolosdesempeña un papel práctico importante, porque los símbolos sonintentos naturales para reconciliar y unir los opuestos dentro de lapsique». Una visión, como vemos, sanadora de la literatura sobre laque enseguida diré algo más.La importancia de la memoria para el escritor y de la recu-peración de los símbolos primeros, la apreciaremos muy bien si te-nemos en cuenta otro ejemplo literario español de actualidad: el dela literatura leonesa, particularmente notable y llamativa en elcampo de la narrativa, pero también en el de la poesía y en otrosgéneros. Allá donde vamos - acaso porque el que les habla es un es-critor leonés - siempre se nos pregunta por la razón de este resur-gimiento literario, por esos escritores que habiendo tenido una for-mación muy distinta parecen configurar una llamativa literaturaque los distingue.Nos preguntamos también qué es lo que tienen en común to-dos estos escritores y, de nuevo, surge la memoria y, concretamen-
te,
esa memoria de los días de la infancia y de la adolescencia - nosometidos aún a influencias cultas como dice Jung -, pasados en elmedio puro de la naturaleza. Es, pues, en el rememorar las expe-riencias primeras (y en una literatura específicamente oral), endonde se halla la base común a todos esos escritores.Acabamos de hacer referencia a otro tema muy sugestivo: elde la experiencia de vivir plenamente la naturaleza y máxime enunos tiempos en que ésta tiende a ser peligrosamente saqueada yalterada, y cuando prima la visión exclusivamente urbana de larealidad. Y no me refiero a un tipo de naturaleza que sólo es expre-sión de lo rural, de lo costumbrista, de lo realista o incluso de unconcepto muy literariamente español, lo «noventayochista». Nos re-ferimos a esa naturaleza que, como saben, está en la raíces de latradición literaria universal y que, como en el mejor romanticismo- el centroeuropeo - es expresión de algo profundamente intempo-ral,de lo simplemente telúrico; o a veces, como también veremos,de lo cósmico.
AISPI. La literatura de la memoria.
 
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Se trata
de una
naturaleza
que, a su vez,
también
es
rica
en
símbolos
y que
puede hacer, como
en
algunos poemas
de
Luis
Cer-
nuda
de lo más
negativo
- de la
muerte,
de la
visión
de un
cemen-terio
- un
jardín,
un
espacio para
la
meditación consciente
y en ple-
nitud,
el
«lugar ameno»
sin más.
(Luis Cernuda,
del que por
ciertocelebramos
en los
próximos días
el
centenario
de su
nacimiento.)Hablamos
de una
naturaleza
que, a su vez,
también
es
rica
en
símbolos:
la
nieve,
la
montaña,
el
bosque,
el
camino,
los
ríos,
la
meseta,
los
ciclos estacionales,
etc.
Bajo este punto
de
vista, bienpodemos decir
que el
escritor
- si
sabe contemplar,
si
sabe interpre-tar
-
puede
ver y
hallar
en lo más
local
lo más
universal. Porque,de acuerdo
con la
terminología
de
Mircea Eliade, logra hacer
del
paisaje
de su
memoria
un
«centro
del
mundo».
Más
tarde, graciasal poder evocador
de
esta memoria, acabará haciendo
en sus
textosy
en ese
espacio
que
también Eliade reconoce como
el
«espacio
fun-
dacional»,
las
preguntas claves
y
obteniendo
las
respuestas conve-nientes.Así sucede
con la
pujanza retórica
de la
naturaleza
en la poe-
sía
de
Luis
de
Góngora,
que la
creemos sólo fruto
de la
mitología
y
de
los
libros, cuando,
en
origen,
es
sólo reflejo
de sus
vivencias
en la
sierra cordobesa.
O en
Pablo Neruda,
el
cual, cantando
a su
país,Chile, canta
a
América,
al
Océano
y
acaba cantando
a
todo
el Pla-
neta
(«el mar
cayó, como
una
gota ardiendo,
de
distancia
en dis-
tancia,
de
hora
en
hora...») Este sentido planetario
de la
realidad
es
originalísimo
y
único
en el
panorama
de la
literatura
en
español.Esta presencia
de la
naturaleza
en su
estado puro tambiénserá
muy
viva
en
algunos escritores norteamericanos, curiosamentedel este
del
país, como Emerson, Walt Withman, Emily Dickinson
o
Archibald Macleish.)Quisiera ponerles
un par de
ejemplos
s
sobre
lo que les
acabo
de
decir
al
hilo
de mi
propia experiencia,
que
puede
ser tam-
bién
la
experiencia
de
otros escritores,
o de
otras personas,
en mo-
mentos críticos, graves. Estos momentos pueden
ser los de la
muer-te
de
alguno
de
nuestros seres queridos; momentos
que, a
veces,pueden coincidir
con
otras experiencias traumáticas
y con la per-
AISPI. La literatura de la memoria.
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