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DManuelMarzo2013

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Cronología del Beato Manuel González. Mes de marzo. Centenario de su estancia en Huelva 1905-1916
Cronología del Beato Manuel González. Mes de marzo. Centenario de su estancia en Huelva 1905-1916

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02/27/2013

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EL MES DE MARZOEN LA CRONOLOGÍA DEL BEATO MANUEL GONZÁLEZ. Fundación en Huelva de las Marías de los sagrarios
y de la redacción de “Lo que puede un cura hoy”
 Ildefonso Fernández Caballero
El mes de marzo tiene en la cronología del Beato Manuel González un relieve excepcional, sobre todo por lo que se refiere a su estancia en Huelva, durante los años 1905 a 1916.
El día 1, año de 1905 fue nombradoCura de la Parroquia Mayor de SanPedro de Huelva.El día 9 tomó posesión.
La vida y el ministerio sacerdotal de Don Manuel GonzálezGarcía se desarrollan en Huelva durante la época de laMonarquía de Alfonso XIII que comprende desde elcomienzo de su reinado en 1902 hasta la instauración de laDictadura del general Primo de Rivera, en septiembre de1923.La mayor parte del tiempo que estuvo en Huelva fue el del pontificado San Pio X (1903-1914). Eran años de larenovación emprendida por el santo Pontífice: en laliturgia, renovación del misal y el breviario, importancia dela celebración del domingo, reforma de la música litúrgica; impulso a la comunión frecuente y aladelanto de la edad de la primera comunión del los niños. En el aspecto catequético, publicación dela Encíclica “Acervo nimis” (15 de abril 1905), animación del apostolado seglar con la publicaciónde la Encíclica (Il fermo propósito (11 junio 1905).
 
En estos años, la ciudad de Huelva tenía alrededor de 30.000 habitantes, apenas si era otra cosa queun enclave colonial para la explotación de los yacimientos mineros de la provincia, y estabamarcada por el fuerte contraste entre la pobreza en que se debatían los naturales y la opulencia de
 
los colonizadores. Hoy la población de la capital de la provincia ronda los 150.000 habitantesLa situación socioeconómica era entonces de subdesarrollo, por lo que, según atestigua Siurot,
«los pobres eran casi todos».
Como consecuencia, la escuela era considerada en las familias como un lujo innecesario.
«Había
,escribe D. Manuel González,
 
en el mismo barrio donde se han hecho nuestras escuelas, unas protestantes de niños y niñas (más de doscientos) y otras laicas de niños, con buen número...secontaba con la
enorme
 
cantidad de cuatro escuelas municipales; para una población de ¡treintamil almas!».
 
La vida religiosa de la ciudad constituía una gran preocupación para el arzobispo de Sevilla, dequien entonces dependía la comunidad cristiana de la provincia. Don Marcelo Spínola y Maestre,que ocupaba la sede hispalense, había vivido en sus años jóvenes en Huelva, desde el verano de
 
1856 hasta 1858, ejerciendo la profesión de abogado. No había olvidado a nuestra ciudad desde los
 
años de su estancia en ella, y seguía, ahora como arzobispo, con grande interés, preocupación ysentido de responsabilidad, los asuntos de la vida de la Iglesia en Huelva, queofrecía, en sus pastores y en sus fieles, un panorama poco esperanzador.El Beato Spínola tomó una decisión ciertamente arriesgada. D. ManuelGonzález, pocos meses después de su ordenación sacerdotal, había ya dadomuestras de extraordinarias dotes intelectuales y apostólicas, pero todavía nohabía cumplido 28 años. Pocos, para un cargo de tanta responsabilidad.
 
«Llamado una mañana
 
 – cuenta el mismo D. Manuel– 
 por mi santo Arzobispo, Pastor a lo Buen Pastor y, a fuer de tal, de una delicadeza suma
 
en todos sus procederes, me dice sonriente: —¿Quiere Vd. ir a Huelva?
 — 
Yo voy volando a donde me mande mi prelado.
 — 
 No; yo no le mando ir a Huelva; aquello está tan mal, y, lo que es peor,tan dividido entre los pocos buenos... Estoy tan harto de probar procedimientos para mejorarlo sinobtenerlo, que me he acordado de Vd. como última tentativa; al fin y al cabo Vd. es joven y, si se
 
estrella en Huelva, como lo temo, el mismo que lo lleva lo puede traer. Pero, repito, esto no es unmandato sino un deseo.
 — 
Señor, los deseos de mi prelado son para mí órdenes, ¿cuando quiere que me vaya?
 — 
 No, no; ahora se va Vd. a su casa y, durante tres días y con completa reserva de estaconversación, madure este deseo mío delante de su Sagrario y vuelva después con su decisión.
 — 
 Espero, con la gracia de Dios, que dentro de tres días vendré aquí a decir a V. E. lo mismo que
 
ahora le digo. Me despedí y ¡qué tres días pasé! ¡sin apenas dormir ni comer y con esfuerzos sobrehumanos paraconservar la buena cara y el buen humor!¡Había oído hablar en todos los años de mis estudios tan mal de la situación religiosa en Huelva... Llegado el tercer día, me presenté de nuevo al señor Arzobispo.
 — 
Sr., aquí me tiene para repetirle lo que le dije el otro día; ¿Cuando quiere que me vaya a Huelva?
 — 
 Pero, ¿así? ¿tan decidido?
 — 
Sí, señor; completamente decidido. Ahora, que, como a mi Prelado debo hablar como al Jesús demi Sagrario, debo decirle que me voy a Huelva tan decidido en mi voluntad como contrariado enmi gusto.
 — 
 Me lo explico y no me extraña; espero que ese desprecio de su gusto, para abrazarse a lavoluntad del Prelado le ayudará mucho en su misión en Huelva. Sé que es Vd. muy joven para un Arciprestazgo tan importante y para lo malo que está aquello; yo he vivido allí y lo conozco, pero¡no importa!Vaya, pruebe y si no le va bien, se viene. La puertas de este palacio siempre estarán abiertas para Vd.; y en mí siempre tiene un Padre aquien le puede contar todo, que lo recibirá con los brazos abiertos ».«El 1 de marzo de 1905
 –anota él mismo–,
 fuí nombrado Cura Ecónomo de san Pedro de Huelva;
 
tomé posesión el día 9 del mismo. El 16 de junio del mismo año fuí nombrado arcipreste».
 
Fue nombrado Cura ecónomo o regente porque el Cura propio, D. Manuel García Viejo, vivía aún,aunque ya muy anciano y achacoso.Al dar cuenta el Arzobispo a unos católicos onubenses del nombramiento que acababa de hacer, lesdijo:
«Envío a Vds. una alhajita».
 
EL DÍA 4 DE MARZO DE 2010, EL BEATO MANUELGONZÁLEZ FUNDÓ EN HUELVA LA OBRA DE LAS TRESMAAS DE LOS SAGRARIOS CALVARIOS Y DE LOSDISCÍPULOS DE SAN JUAN.
A la caída de la tarde, del 4 de marzo de 1910 primer viernes de mes, en elsagrario onubense de la Parroquia de San Pedro, don Manuel González dio comienzo a la «Obra delas tres Marías de los Sagrarios Calvarios». Fue entre sus obras quizás la más conocida y difundida.En el curso del retiro de aquel día de cuaresma describió a un grupo de mujeres
«...una situación muytriste. Muy triste, sí; pero con todo el color negro y el sabor amargo que queráis poner a esa tristeza;es la situación en que se encuentra en muchísimos Sagrarios Jesucristo Sacramentado».
Y añadió:
«vais a permitirme, señoras, que yo que invoco muchas veces la solicitud de vuestracaridad en favor de los niños pobres y de todos los pobres abandonados, invoque hoy vuestraatención primero y vuestra cooperación después en favor del más abandonado de todos los pobres: el Santísimo Sacramento... Yo no os pido ahora dinero para los niños pobres, ni auxilio para losenfermos, ni trabajo para los cesantes, ni consuelo para los afligidos; yo os pido una limosna decariño para Jesucristo Sacramentado, un poco de calor para esos Sagrarios tan abandonados; yo os pido por el amor de María Inmaculada, Madre de ese Hijo tan despreciado, y por el amor de eseCorazón tan mal correspondido, que os hagais las Marías de esos Sagrarios abandonados.¿Cómo? Para eso es la “Obra de las tres Marías”.Su fin, ya lo habéis oído; proveer de Marías adoradoras los Sagrarios desiertos, convertidos hoy enCalvarios por la ingratitud y el abandono de los cristianos. La obra se dedicará, pues, como a su objeto esencial y necesario, a procurar que no hayatabernáculo sin sus tres Marías que trabajen por que se abra el Sagrario y se visite el Santísimodiariamente ».
1
Al terminar el retiro, la sacristía de la parroquia se pobló de las primeras Marías que respondíeronafirmativamente a la llamada de don Manuel. Había nacido la Obra.La Obra de las tres Marías de los Sagrarios Calvarios nació ciertamente con un esencial y decidido propósito de adoración reparadora.
«...Vidas...consagradas a dar y buscar organizada y permanentemente al Corazón de Jesús sacramentado reparación de su abandono exterior e interior en sus tres manifestaciones eucarísticas de Misa, Comunión y presencia real permanente por lacompañía de presencia, de compasión, de imitación y de confianza»
.
2
Pero tiene en el pensamiento dedon Manuel otras características que son también esenciales: cooperar inmediatamente en el finapostólico de la Iglesia; es una obra predominantemente de seglares; nace en la parroquia con ánimode colaboración, según su condición específica, con los pastores; los miembros de la asociación laconstituyen a la manera de un cuerpo orgánico que obra bajo la dirección superior de la Jerarquía.Tiene, pues, todas las características requeridas más tarde por el Concilio Vaticano II para que pudierallamarse Acción Católica.Es una obra de reparación, pero don Manuel la quiso de reparación con alas. Una reparaciónevangelizadora o para “eucaristizar” el mundo, usando una palabra peculiar de don Manuel:
«Marías y Juanes amadísimos, ya lo sabéis; se nos piden obras, obras de reparación eucarística, de atracciónal Sagrario, de, y permitidme la palabra, eucaristización del mundo.
1
Aunque todos...yo no. 6.ª ed., págs 76-81
2
Aunque todos..., yo no, 8.ª ed., págs. 155-156.

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