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La Jiribilla de Papel, nº 077, mayo 2008

La Jiribilla de Papel, nº 077, mayo 2008

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publicación mensual
www.lajiribilla.cu
www.lajiribilla.co.cu
 
Cuatro siglos de tradición literaria
Espejo de paciencia
: ingredientes p’al ajiacoD
ENIA
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ARCÍA
R
ONDA
Sorpresas en el
Espejo...
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INTIO
V
ITIER
Novedades poéticas en los 60 del siglo XVIIIA
MAURI
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UTIÉRREZ
El Puerto Príncipe de Don SilvestreR
OBERTO
M
ÉNDEZ
M
ARTÍNEZ
Periodismo siglo XXI: del
 Acta diurna urbis
a InternetR
AFAEL
 
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GUILA
Encuentro con...
Pedro Álvarez Tabío«Un país no puede perder su historia»Y
INETT
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OLANCO
Poesía
Espejo de paciencia
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ILVESTRE
 
DE
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ALBOA
 
Y
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ROYA
 
DE
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UESADA
Memorias
La partida de Varela y la llegada de MartíE
LIADES
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COSTA
M
ATOS
La crónica
Lorca envía y recibeA
MADO
 
DEL
P
INO
La mirada
El paradigma mutiladoA
NDRÉS
D. A
BREU
Parábola de los abrazosC
ARIDAD
B
LANCO
 
DE
 
LA
C
RUZ
En proscenio
Tubo de ensayo, espacio de la posibilidad y lo visibleW
ILLIAM
R
UÍZ
La Butaca
Cine pobre: el destino de los perseverantesS
ERGIO
B
ENVENUTO
Marta Rojas. Leyenda vivaN
ANCY
M
OREJÓN
Cosas de MartaP
EDRO
 
DE
 
LA
H
OZ
Aprende
A guitarra limpia. El jardín de las delicias de la trovaB
LADIMIR
Z
AMORA
C
ÉSPEDES
La otra cuerda
Silvio, el futuro está aseguradoG
UILLE
V
ILAR
Narrativa
Salvador GolomónA
LEXIS
D
ÍAZ
-P
IMIENTA
3610121416192021222324252627282930
      S     e     c     c      i     o     n     e     s      D     o     s     s      i     e     r
Jefe de Redacción:
Nirma Acosta
Edición:
Roberto Méndez
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Julio C. Guanche, Rogelio Riverón, Bladimir Zamora,Jorge Ángel Pérez, Omar Valiño, Joel del Río,Teresa Melo, Zaida Capote, Daniel García,Alexis Díaz-Pimienta, Ernesto Pérez Castillo,David Mitrani, Reynaldo García Blanco.
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Yunieski BetancourtMartha Ivis Sánchez
Correspondencia:
Madelín García
Calle 5
ta
#302 esq. D,Vedado, Plaza de la Revolución,CP 10400, Cuba.Impreso en los Talleres delCombinado Poligráfico Granma
836 97 80 al 82lajiribilla@enet.cuwww.lajiribilla.co.cuwww.lajiribilla.cuPrecio: $1.00
«Al comenzar nuestra literatura un libro se brinda conun título de una fascinación mágica y severa. Es un títuloque hay que ir a buscarle par en la sabiduría china [...] oen la gran secularidad que unía la fuerza medioeval conla elegancia del flamígero o del curvo [...] Comenzar unaliteratura con un título de tan milenario refinamiento como
Espejo de paciencia,
título que menos que un esqueletoregala una nadería, nos sobresalta y acampa, nos maravillay aguarda.»
J
OSÉ
L
EZAMA
L
IMA
«Introducción a un sistema poético». En:
Tratados en La Habana
, La Habana,Imprenta Úcar, García, S.A, 1958, p. 24
 
Ilustraciones: Edel Rodríguez (El Mola)
DeniaGarcía Ronda
unque no creo que
Espejo de paciencia
(1608),el poema épico-heroico de Silvestre de Balboa,sea tan deleznable desde el punto de vista litera-rio, como algunos creen, me parece que la «en-trada» a él no debe ser por la puerta del análisispoético —en cuanto a su composición, recursos, etcétera—sino por la antropología, la sociología, y aun lo económi-co-político. Esto da por resultado, según mi criterio, el co-nocimiento y el disfrute de un documento de extraordinariovalor, incluso para comprender la paulatina evolución dela personalidad nacional, e incluso de la conciencia iden-titaria.Sin olvidar diferencias clasistas y de otra índole, el con-glomerado social que se lanza, en 1868, a tratar de com-pletar, con la independencia, el proceso nacional cubano,es ya un «pueblo nuevo», según la clasificación de DarcyRibeiro; es ya un resultado «cubano»
 
de la amalgama quese ha ido sintetizando a través de la experiencia colonial.En tal resultado, ha tenido no poca importancia, ademásde la coexistencia e interactuación de los distintos gruposetnoculturales, el espacio natural en que estas se han rea-lizado: la posición geográfica, la insularidad, lo tropical,la exuberancia de la flora, la mansedumbre de la fauna.Como ha dicho José Juan Arrom, en su conceptualizacióndel criollo americano, «el ambiente geográfico primario,como el social, ejercen un influjo decisivo en el modo deser, de pensar, de hablar, de estos ‹hombres `nuevos´ delNuevo Mundo»
1
.En el caso específico de Cuba, por la variedad y fuerzade sus raíces etnoculturales y por el «ambiente geográficoprimario», el ser nacional ha resultado, según la felizmetáfora de Fernando Ortiz, un verdadero «ajiaco». Si-guiendo esa metáfora, se puede pensar que en
Espejo de paciencia
, el modesto, pero no tan ingenuo poema deCuba festeja en este año cuatro siglosde fecunda tradición literaria. Como puntode arranque, los estudiosos han escogidoel año 1608, cuando se redacta en PuertoPríncipe el primer texto conservado: el poemaépico
Espejo de paciencia
. De este modo,el escribano canario Silvestre de Balboa ylos seis parientes o amigos que festejaronel suceso con sendos sonetos laudatorios,se convierten en el primer círculo letradoinsular. A partir del hallazgo de la obra porel erudito José Antonio Echeverría y su di-vulgación desde las páginas de la revista
El Plantel,
en 1838, las letras cubanasganan un punto de arranque y una demar-cación temporal visible.Sin embargo, la pieza no ha estadolibre de cuestionamientos, si su autentici-dad ha sido suscrita por figuras tan respe-tables como Néstor Ponce de León, JoséMaría Chacón y Calvo, Felipe PichardoMoya, Cintio Vitier y Enrique Saínz, no hanfaltado otros que teman su condiciónapócrifa, desde 1914, cuando CarolinaPoncet, en su tesis
El romance en Cuba,
señaló la posible condición de apócrifos,no solo del poema en cuestión, sino de la
Historia de la Isla y Catedral de Cuba
delObispo Morell de Santa Cruz, donde el textofue insertado.Un punto de vista semejante ha sidosuscrito en años recientes por LeonardoPadura, a partir de su conocimiento dela psicología pragmática del círculo deDomingo del Monte. El animador de lasparadigmáticas tertulias y sus amigos esta-ban empeñados en fundar una literaturanacional, lo mismo que elaboraban unaidea patricia y utópica de la patria cubana.En la medida en que pudieran escribir unahistoria de nuestra cultura al margen de lahistoriografía oficial española, estaban otor-gando antigüedad y título de nobleza a laIsla. A diferencia de otras naciones ameri-cana como México y Perú, no poseían unagran civilización aborigen en la que apo-yarse para sus empeños nacionalistas. Delsiglo XV al XVII había una gran laguna enla cultura insular. Si no había modo de en-contrar por las buenas productos de la sen-sibilidad local que apoyaran sus teorías, erapreciso inventarlos, y la erudición, el inge-nio y cierto espíritu bromista les ayudaron—quizá— a elaborar un apócrifo literario,con muy buena fortuna.¿Fueron así las cosas? No hay muchosestudiosos que suscriban esta novelescahipótesis, que convertiría al
Espejo...
en unasuperchería interesante, al modo de la
Cró-nica de Hernando de la Parra
, redactadapor el erudito Joaquín José García, parallenar la laguna de los primeros años de lahistoria habanera. Sin embargo, pesa sobremuchos la sospecha de que, aunque lamayor parte del texto sea auténtico, Eche-verría y sus amigos hicieron en él posiblesinterpolaciones, como las estrofas dedi-cadas a elogiar a Salvador, el «etíope»matador del corsario, muy útiles parafundar una tradición abolicionista de cuyapropaganda se ocupaban por esos años,bajo la tutela de agentes británicos.Pero los misterios del
Espejo...
no tienenfin. Para despejar las sombras que sobreél arrojara la doctora Poncet, el poeta yarqueólogo camagüeyano Felipe Pichar-do Moya le dedicó al poema un
Estudiocrítico
que vio la luz en 1942. En él, ade-más de la relación de peripecias deltexto desde su «descubrimiento», añadeuna pretendida confirmación genealógi-ca de la existencia de sus autores, deri-vada de los archivos de una damaprincipeña, Doña Cupertina de Varona,viuda de Meso, aunque no citó textualmen-te los documentos en su estudio. Paracolmo, cuando, décadas después, un his-toriador de la ciudad de Camagüey pidióa las hijas de Cupertina el acceso a talarchivo de genealogías, estas le contes-taron que tal cosa no existía, que Pichar-do había exagerado el alcance de los«papelitos de mamá». Por cierto, estospapeles corrieron el mismo destino mis-terioso de otras pruebas relacionadas conel poema y desaparecieron sin rastro trasla extinción de la familia Meso. A esaspérdidas, se suman otra, constatada porCintio Vitier: la de las copias de Echeve-rría, que Julio Ponce de León depositaraen el Archivo Nacional y no han dejadorastro allí.El historiador Manuel Moreno Fraginals,acostumbraba a repetir que ese texto noera más que «un poema escrito por uncontrabandista, sobre un Obispo contraban-dista, liberado por otros contrabandistas»,pero esa visión economicista dejaba fuerala poesía y las intrigas. El dossier que in-cluimos en este número nos conduce de lamano de Cintio Vitier por las detalladasperipecias del hallazgo del texto y por losmás sutiles detalles que avalan el valor deesas octavas reales. El lector podrá disponerasí de un texto capital sobre el tema, escritopor su autor en 1960 para acompañar lareedición de este monumento literario e in-cluido en 1988 en su volumen
Crítica cubana
.Completan el conjunto un artículo deRoberto Méndez que se ocupa del contex-to geográfico y social en que debió redac-tarse el poema, así como un análisis deDenia García Ronda y Ana Cairo, sobre lasimplicaciones sociológicas e históricas dela obra, y su condición de punto de partidapara obras literarias posteriores como la no-vela
Concierto barroco,
de Alejo Carpentiery la pieza teatral
 Azogue,
de GerardoFulleda León.Aunque nuestra literatura, si fuera afundarse sobre estrictos conceptos devalor, arrancaría con la figura de José MaríaHeredia, tiene algo de apasionante que lohaga a partir de un enigma, de esos queanimaron a Umberto Eco a escribir
El péndu-lo de Foucault 
.

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