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Cap 24. El Plan Del Profesor

Cap 24. El Plan Del Profesor

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09/07/2012

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Salvador Bayona- 142 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
XXIV.- EL PLAN DEL PROFESOR
El profesor había comenzado a hablar hacía relativamente poco delnuevo proyecto y, como era su costumbre, iba ilustrando sus palabras conrecortes de prensa, artículos especializados y papeles varios, que prontollenaron la pequeña mesa de centro alrededor de la cual se habían sentado ahablar.Guillermo parecía prestar una atención relativa, en ocasiones conexpresión de extrañeza y ocasionalmente abriendo la boca al tiempo queasentía, como si de pronto, hubiera recordado o comprendido lo que estabaescuchando. Ella, por su parte, sabía que más tarde habrían de dar forma atoda aquella palabrería para sacar de ella una historia coherente que lespermitiera realizar los documentos para sacar a subasta la nueva pieza sinpeligro.
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En realidad nosotros supimos del asunto poco antes, a través deChristian Francelet un buen amigo, joven y atractivo, que se ganabala vida como fotógrafo del París Match –continuaba diciendo elprofesor-. Chistian nos confesó crípticamente el asunto una noche,cuando reconoció que, deslumbrado ante la posibilidad de unafortuna fácil, había actuado de intermediario entre el propioPétrides, hasta entonces un respetado aunque dudoso marchante deParís, y los asaltantes de la mansión de un rico industrial llamadoLespinasse, de donde sustrajeron treinta y una importantes obras dearte.» Christian siempre se había sentido fascinado por el glamour delalto París, pero en el fondo sabía que sus raíces estaban en el barrio,donde nosotros. Cuando la noticia de su detención saltó a las
 
El restaurador y la madonnina della creazione- 143 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
primeras planas de los periódicos mi mujer, Cristina, y yoentendimos al instante que nuestro amigo, temeroso de una traiciónpor parte de Pétrides, había estado implorando nuestra ayudaaquella noche... y nosotros no supimos verlo.» Aunque durante todo el proceso judicial consiguiente parecióquedar claro que sin la presencia del marchante desde laplanificación del asalto éste no se hubiera llevado a cabo nunca,Pétrides quedó prácticamente indemne, aunque con la reputaciónciertamente dañada puesto que, además de la sospecha que desdeentonces pendería siempre sobre sus transacciones, durante aquellosmeses se recordó sus tratos con los principales compradores nazis dearte en la Francia ocupada.» Por ello para los grandes negocios de arte, deseosos siempre deapariencia de legitimidad, como bien sabemos nosotros, parecía quePétrides había quedado marcado para el resto de su vida. Y algunaspersonas, entre ellas Cristina y yo mismo, le auguramos un futurotan miserable como grande había llegado a ser su patrimonio, en elque su único prestigio, su baluarte, sería la autoridad sobre loscatálogos oficiales de Valadon, Utrillo, Vlaminck y otros artistas quehabía tenido bajo contrato en su galería.» En realidad la idea de ejercer como herramientas de la justiciauniversal atacando este punto fue de Cristina pero debo confesarque no sólo me pareció bien, sino que estuve encantado de dar sumerecido a ese viejo cabrón, porque su avanzada edad haría que elcolmo de su castigo resultara insuficiente para la condena quemerecía.
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¿Por qué “viejo cabrón”? –intervino Guillermo, fascinado por aquelcuento-.
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Eran otros tiempos y todavía los juicios morales estaban permitidos.Vosotros sois demasiado jóvenes como para comprender otro tipode valores, pero entonces nosotros todavía pensábamos quepodíamos cambiar el mundo...» El caso es que en menos de dos meses habíamos averiguado losuficiente como para celebrar nuestro propio proceso a Pétrides. Lohicimos y el marchante resultó culpable. Y como su condena debíaser proporcional al castigo acordamos que debíamos acabar parasiempre con aquel principio de autoridad que Pétrides todavíamantenía intacto.
 
Salvador Bayona- 144 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
» De acuerdo con el plan que había trazado mi mujer, decidimos queutilizaríamos a Utrillo para desprestigiar a Pétrides porque era unode sus valores más cotizados, y la propia historia del pintor y de larelación que los había unido permitía ver con claridad la completacarencia de escrúpulos de éste y su capacidad para alcanzar lacumbre basándose en las flaquezas ajenas.» ¿Sabes algo de Utrillo, Guillermo?
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Lo mismo que todo el mundo. ¿Vamos a hacer un Utrillo?
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En efecto. Toma ahora estos libros –dijo sacando varios volúmenesde una bolsa de plástico- y déjame que os cuente, porque esimportante que comprendáis la verdadera naturaleza de nuestronuevo trabajo.» Durante algunos años Pétrides, quien había emigrado muy jovendesde Chipre a Francia con la sastrería como profesión, mantuvo sutaller de costura en Montmartre donde trabajaba para jóvenespintores y donde el intercambio ocasional de trajes por lienzos lepermitió descubrir el gran negocio de su vida. Pronto se reinventó así mismo y logró firmar en exclusiva la representación de ciertosartistas, entre ellos Suzanne Valadon, madre de Utrillo, y más tardeéste mismo, a quien conocía desde los tiempos en que él yModigliani vomitaban litros de vino y absenta por las empinadascalles de Montmartre y sus escándalos nocturnos les habíanconvertido en habituales de las comisarías. En más de una ocasiónPétrides, conocedor del precoz alcoholismo del pintor, habíanegociado con botellas para conseguir lienzos que revender. Añosmás tarde la exclusividad que firmó con él lo sumiría en la másprofunda esclavitud artística, de la que ya no habría de escapar. Ymientras el arte agonizaba a cambio de unos míseros francos él seenriquecía con el control absoluto del catálogo del pintor.» Cristina y yo vimos Utrillos cuya autenticidad era considerada“dudosa” porque sus legítimos dueños no quisieron pagar en sumomento la comisión que Pétrides reclamaba, y conocimos a otrosmuchos que, viéndose obligados a venderle sus cuadros porcantidades irrisorias, comprobaron cómo después se certificaba suautoría y multiplicaban su valor por cientos. Unos pocos años mástarde Jean Fabris, el administrador del legado de Utrillo y Valadon,pondría un poco de orden, pero el mal ya estaba hecho.

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