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48 Leyes Del Poder(2)

48 Leyes Del Poder(2)

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Published by Tupungato
La sensación de no tener poder sobre las personas y los hechos resultarnos insoportable (sic):
cuando nos sentirnos desvalidos nos sentimos miserablemente mal. Nadie quiere tener poco poder;
por el contrario, todos aspiramos a poseer una cuota cada vez mayor. Sin embargo, en el mundo en
que vivimos en la actualidad, resulta peligroso demostrar demasiadas ansias de poder a actuar
abiertamente para obtenerlo. Debemos mostrarnos decentes y equitativos. De modo que tenemos
que ser muy sutiles, agradables y simpáticos y, al mismo tiempo, arteros; democráticos pero
engañosos.
La sensación de no tener poder sobre las personas y los hechos resultarnos insoportable (sic):
cuando nos sentirnos desvalidos nos sentimos miserablemente mal. Nadie quiere tener poco poder;
por el contrario, todos aspiramos a poseer una cuota cada vez mayor. Sin embargo, en el mundo en
que vivimos en la actualidad, resulta peligroso demostrar demasiadas ansias de poder a actuar
abiertamente para obtenerlo. Debemos mostrarnos decentes y equitativos. De modo que tenemos
que ser muy sutiles, agradables y simpáticos y, al mismo tiempo, arteros; democráticos pero
engañosos.

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07/20/2013

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Las 48 leyes del poder
1
Prefacio 
La sensaci
ó
n de no tener poder sobre las personas y los hechos resultarnos insoportable (
sic 
):cuando nos sentirnos desvalidos nos sentimos miserablemente mal. Nadie quiere tener poco poder;por el contrario, todos aspiramos a poseer una cuota cada vez mayor. Sin embargo, en el mundo enque vivimos en la actualidad, resulta peligroso demostrar demasiadas ansias de poder a actuarabiertamente para obtenerlo. Debemos mostrarnos decentes y equitativos. De modo que tenemosque ser muy sutiles, agradables y simp
á
ticos y, al mismo tiempo, arteros; democr
á
ticos peroenga
ñ
osos.Este juego de constante duplicidad se parece much
í 
simo a las din
á
micas del poder que exist
í 
an enel maquinador mundo de las antiguas cortes aristocr
á
ticas. A lo largo de la historia, las cortessiempre fueron form
á
ndose alrededor de la persona que ejerc
í 
a el poder: un rey, una reina, unemperador o un l
í 
der. Los cortesanos que compon
í 
an esa corte se encontraban en una posici
ó
nparticularmente delicada: ten
í 
an que servir a sus amos pero, si se mostraban demasiado aduladoresy cortejaban con demasiada obviedad, los otros integrantes de la corte se volv
í 
an contra ellos. Por lotanto, los intentos de ganar el favor del amo deb
í 
an ser muy sutiles. E incluso los m
á
s h
á
bilescortesanos, capaces de tales sutilezas, deb
í 
an protegerse de sus pares que intrigaban paradesplazarlos.Entretanto, se supon
í 
a que la corte representaba la cumbre de la civilizaci
ó
n y del refinamiento. Sedesaprobaba cualquier actitud violenta o abierta que promoviera el poder; los cortesanos trabajabande manera silenciosa y secreta contra cualquiera que recurriese a la fuerza. El gran dilema delcortesano siempre fue el de mostrarse como el paradigma mismo de la elegancia y, al mismotiempo, burlar a sus adversarios y desbaratar los planes de
é
stos de la forma m
á
s sutil y disimuladaposible. El cortesano exitoso aprend
í 
a, con el tiempo, a realizar todos sus movimientos de formaindirecta; si le clavaba un pu
ñ
al por la espalda a su contrincante, lo hac
í 
a con guantes de terciopelo ycon la m
á
s afable de las sonrisas. En lugar de recurrir a la coerci
ó
n o a la franca traici
ó
n, elcortesano perfecto lograba sus objetivos a trav
é
s de la seducci
ó
n, el encanto, el enga
ñ
o y lasestrategias m
á
s [19] sutiles, planificando siempre sus movimientos por adelantado. La vida en lacorte era un juego permanente, que exig
í 
a vigilancia constante y agudo pensamiento t
á
ctico. Era unaguerra civilizada.Hoy en d
í 
a encontramos una paradoja similar a la del cortesano del Renacimiento: todo debeaparecer civilizado, decente, democr
á
tico y logrado a trav
é
s del juego limpio. Pero si nos atenemosen forma excesivamente estricta a estas pautas, si las tomamos demasiado al pie de la letra,seremos aplastados por aquellos, de entre quienes nos rodean, que son menos ingenuos quenosotros. Como dijo el gran diplom
á
tico y cortesano del Renacimiento, Nicol
á
s Maquiavelo: "Todohombre que intente ser bueno todo el tiempo terminar
á
arruinado entre la gran cantidad de hombresque no lo son". La corte se consideraba el pin
á
culo del refinamiento, pero debajo de esa brillante
1
Del libro de Greene Robert y Elffers Joost,
Las 48 leyes del poder 
, Editorial Atl
á
ntida, Buenos Aires 1999. Se ponenentre par
é
ntesis [No. p
á
gina] los n
ú
meros de p
á
ginas originales.
1
 
superficie herv
í 
a un caldero de oscuras emociones: ambici
ó
n, envidia, deseo, odio, Tambi
é
n nuestromundo actual se considera el pin
á
culo de la equidad y ¡ajusticia, pero son las mismas oscurasemociones de siempre las que laten dentro de cada individuo. El juego es el mismo. Por fuera hayque simular respeto y cortes
í 
a, mientras que por dentro salvo que usted sea un necio
 
deber
á
 aprender r
á
pidamente a ser prudente y seguir el consejo de Napole
ó
n: "Cubre tu mano de hierro conun guante de terciopelo". Si, al igual que el cortesano de otros tiempos, usted logra dominar el artedel juego indirecto, aprendiendo a seducir, encantar, enga
ñ
ar y maniobrar sutilmente a susadversarios, acceder
á
al pin
á
culo del poder. Lograr
á
que la gente se doblegue a su voluntad, sindarse cuenta de sus maniobras. y, al no darse cuenta, tampoco le opondr
á
n resistencia nialimentar
á
n resentimiento contra usted.Para algunos, la idea de desarrollar en forma consciente los juegos del poder aunque se lo haga demanera indirecta
 
resulta malvada, antisocial, un recuerdo del pasado. Creen que pueden salir del juego, comport
á
ndose de una manera que no tiene nada que ver con el poder. Es necesariocuidarse de ese tipo de personas porque, mientras hacia afuera expresan esas convicciones, pordentro suelen ser los m
á
s adictos participantes del juego del poder. Utilizan estrategias quedisimulan con habilidad la naturaleza de la manipulaci
ó
n que est
á
n ejerciendo. Esos individuossuelen hacer gala de su debilidad y de su falta de poder, como si se tratase de una virtud moral. Peroquienes de veras carecen de poder no muestran su debilidad con el fin de ganar simpat
í 
a o respeto.Cuando se hace marcada ostentaci
ó
n de las propias debilidades, en realidad se est
á
utilizando unaestrategia muy eficaz, sutil y enga
ñ
osa del juego del poder (v
é
ase Ley N* 22, "T
á
ctica de lacapitulaci
ó
n").Otra estrategia del individuo que, supuestamente, no se dedica a buscar con af
á
n el poder consisteen exigir la igualdad en todas las
á
reas de la vida. Seg
ú
n esas personas, todos debieran [20] recibirel mismo trato, sea cual fuere su posici
ó
n y su fuerza. Pero si, para evitar el tinte con que suelemarcar el poder, se intenta tratar a todos por igual, de modo equitativo, se comprueba que existenpersonas que hacen determinadas cosas mejor que los dem
á
s. Tratar a todos por igual equivale aignorar sus diferencias, y por ende elevar al menos capaz y rebajar a quienes se destacan. Tambi
é
nen este caso, muchos de los que act
ú
an de esta forma en realidad est
á
n haciendo gala de otra delas estrategias del poder, al redistribuir las recompensas a su antojo.Otra forma de evitar el juego del poder es demostrar una absoluta sinceridad, dado que una de lasprincipales t
é
cnicas de quienes buscan el poder es el enga
ñ
o y el disimulo. Cuando se es muy,franco, inevitablemente se lastima e insulta a muchas personas, algunas de las cuales optar
á
n pordevolver el golpe recibido. Nadie ver
á
esas afirmaciones sinceras como algo por completo objetivo ycarente de motivaciones personales. Y adem
á
s estar
á
n en lo cierto: la sinceridad suele ser, enefecto, una estrategia de poder, dirigida a convencer a la gente de que se es noble, altruista y debuen coraz
ó
n. Es una forma de persuasi
ó
n e, incluso, de sutil coerci
ó
n.Por
ú
ltimo, quienes afirman no participar de este juego suelen adoptar un aire ingenuo, que losprotege de la acusaci
ó
n de perseguir el poder. Tambi
é
n en este caso es recomendable tenercuidado, dado que el manto de la ingenuidad puede constituir una eficaz manera de fingir y enga
ñ
ar(v
é
ase Ley N
°
21, “Mu
é
strese m
á
s tonto de lo que es"). E incluso la candidez genuina no seencuentra libre de las trampas del poder. Los ni
ñ
os pueden ser ingenuos en muchos aspectos, peroa menudo act
ú
an a partir de una necesidad fundamental de ejercer el control sobre quienes los2
 
rodean. El ni
ñ
o, por lo general, tiene una gran sensaci
ó
n de impotencia en el mundo de los adultos ypor lo tanto utiliza todos los medios que se hallen a su disposici
ó
n para imponer su voluntad,Individuos genuinamente inocentes pueden estar, sin embargo, comprometidos con el juego delpoder y con frecuencia son horrendamente eficaces en
é
l, dado que no se ven trabados por lareflexi
ó
n. Tambi
é
n aqu
í 
, quienes hacen gala de su inocencia suelen ser los menos inocentes.Es posible reconocer a quienes supuestamente se abstienen de participar en el juego de lab
ú
squeda del poder, por la manera en que hacen alarde de sus cualidades morales, de su piedad ode su exquisito esp
í 
ritu de justicia. Pero, puesto que todos tenemos ansias de poder, y que casitodas nuestras acciones tienen por objetivo obtenerlo, quienes dicen que no lo buscan s
ó
lo procuranencandilarnos y distraernos de sus juegos de poder a trav
é
s de sus aires de superioridad moral. Sise los observa con detenimiento, se comprobar
á
que con frecuencia son los m
á
s h
á
biles de todoscuando se trata de manipular indirectamente a los dem
á
s, cosa que algunos hacen en forma porentero inconsciente. Y de ninguna manera toleran que se difundan las t
á
cticas que utilizan a diario.[21]Si el mundo es como una gigantesca corte intrigante y manipuladora en la cual nos hallamos todosatrapados, no tiene sentido alguno tratar de eludir el juego. Esto s
ó
lo nos privar
á
del poder, y laimpotencia nos har
á
sentir m
á
s desgraciados. En lugar de luchar contra lo inevitable, en lugar deargumentar, gemir y sentirse culpable, es mucho mejor destacarse en el juego del poder. La verdades que, cuanto mejor sepa manejar el poder, tanto mejor ser
á
como amigo, amante, pareja ypersona. Al seguir el camino del cortesano perfecto (v
é
ase Ley N' 24) aprender
á
a hacer sentir biena los dem
á
s y se convertir
á
en una fuente de placer para ellos, que pasar
á
n a depender de sushabilidades y ansiar
á
n su presencia. Dominar las 48 leyes que se presentan en este libro lesahorrar
á
a los dem
á
s el dolor que genera el mal uso del poder, que es como jugar con fuego sinconocer sus propiedades. Si el juego del poder es ineludible, es mejor ser un artista que un burdoprincipiante o un negador.Aprender este juego exige adecuarse a una cierta forma de ver el mundo, a un cambio deperspectiva. Requiere esfuerzos y a
ñ
os de pr
á
ctica, ya que las aptitudes necesarias no aparecen enforma espont
á
nea. Se necesita dominar ciertas habilidades b
á
sicas, y s
ó
lo cuando las hayadominado, se hallar
á
en condiciones de aplicar con mayor facilidad las leyes que gobiernan el logrodel poder.La m
á
s importante de esas habilidades, y la piedra fundamental del poder, es la capacidad dedominar sus emociones. Las respuestas emocionales suelen ser la mayor y principal barrera que losepara del poder, un error que le costar
á
mucho m
á
s que cualquier satisfacci
ó
n temporaria quepueda producirle la expresi
ó
n de sus sentimientos en un momento dado. Las emociones nublan laraz
ó
n y, si no es capaz de ver la situaci
ó
n con claridad, no podr
á
prepararse para ella ni respondercon un cierto grado de control.La ira es la m
á
s destructiva de las reacciones emocionales, ya que es la que m
á
s intensamentenubla la visi
ó
n. Tambi
é
n ejerce un efecto multiplicador que de manera invariable toma la situaci
ó
ncada vez menos controlable, incrementando la intrepidez de su enemigo, Si usted procura destruir aun enemigo que lo ha herido, deber
á
lograr que baje la guardia, fingiendo amabilidad frente a
é
l, enlugar de dejar traslucir su ira.3

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