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Nietzsche y El Eterno Retorno -Miguel Serrano-

Nietzsche y El Eterno Retorno -Miguel Serrano-

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09/20/2013

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I
U
 
GRAN 
 
SANATORIO
 
Se
sabe que Suiza es un país especial, pero se ignorageneralmente que en el fondo del suizo duerme unromántico, más allá de eso que los suizos llaman su"espíritu helvético", que envuelve todos los Cantones,desde la Suiza francesa, pasando por la alemana, hasta laitaliana, haciendo tan diferente a este último de la Italia delnorte, de Milán y el Lago de Como, del que apenas loseparan una decena de kilómetros. Calladamente, el suizosufre de ser como es, o como el mundo cree que es: unpequeño burgués preocupado de su seguridad, de susbancos, de sus relojes, de sus quesos, con una visión muylimitada, por la cercanía de un monte a otro. Si ha llegado aser así, o a aparecer así, el suizo compénsase preparando sutierra para un advenimiento: el arribo de un visitanteextraordinario, que debe venir cada cierto número de añosy que, ignorando las normas del "espíritu helvético",haciendo caso omiso de ellas, se proyecta a la eternidad. Enel pasado, este país ha recibido a Rilke, a Romain Rolland, aHermann Hesse, a Tomás Mann, a Nietzsche. Aquí vivehoy Krishna Murti.
De
este modo, creando las condiciones propicias aladvenimiento, el suizo se redime. Mientras tanto, es elhotelero, el administrador de un Gran Sanatorio de la
 
humanidad, que provee los medios para que algunos seresde excepción, en los que él se proyecta, puedan vivir, sufrir,soñar aquí; a menudo, morir aquí. En este Gran Sanatorio,que los suizos regentan, además de los relojes con los quecuentan los minutos de esas vidas, les han proporcionado eltrampolín para saltar a la eternidad. y si en verdad nofueran los habitantes de este país quienes lo hacen posible,entonces lo serán sus montes, sus nieves puras, sus lagos ysus bosques; los sueños que se anidan profundamente en elalma de esta tierra, que ella no realiza, pero que permiterealizar a otros.
Leí 
a Nietzsche en mi adolescencia. Desde aquellos años,creo que no volví a sus libros. Sabía, sin embargo, que lamás grande influencia en la literatura y vida de HermannHesse fue Nietzsche, su maestro en el manejoincomparable de la lengua alemana y en su manera de vivir.
Bien
, he aquí que me encuentro en las cumbres y nieves deSils-María, parado frente a la casa de Nietzsche habitaramás de ochenta años.
Hermann
Hesse escribió lo siguiente sobre esta casa:"
También
en Sils-María hubo para mí una experienciadistinta, un espectáculo que, desde entonces hasta hoy, seme ha ido tomando más importante y querido, cada vezque vuelvo a contemplarlo con el corazón conmovido; merefiero a la casa un tanto sombría, pegada junto a la rocosafalda del monte, en la que tuvo Nietzsche su albergue en laEngadina. En medio del bullicioso y abigarrado mundodeportivo y turístico y de los grandes hoteles de hoy, ella sealza todavía, orgullosa y tenaz, y observa al visitante

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