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[CIV] Sentido Común y Pensamiento científico - Referencia Web

[CIV] Sentido Común y Pensamiento científico - Referencia Web

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Published by: Instituto Luis A. Huergo on Mar 08, 2012
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05/01/2012

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REFERENCIA WEBTema
: Conocimiento científico y sentido común
Conocimiento científico y sentido común
Comencemos por cuestionar la noción de que haya una y sólo una visión filosófica, o científica,o de conocimiento común, sobre la ciencia o sobre cualquier otra cosa. Tomemos, por ejemploel sentido con. Poda pensarse en una visión de la ciencia del hombre con;presumiblemente, tal visión nos describiría a la ciencia como la verdad al alcance del hombreen un momento determinado, definitiva por una parte, en lo ya logrado, limitada por otro, encuanto no ha logrado descifrar todavía todos los secretos del universo. Pero ésta no sería másque
mi
visión de lo que pudiera ser la visión del hombre común sobre la ciencia, de ningunamanera la visión del hombre común sobre la ciencia, si es que ésta existe, o si es que del todoexiste el "hombre común".En realidad, no creo que el hombre común exista; lo que existe, más bien, es una comunidadde hombres. Y los hombres, como los científicos, como los filósofos, tienen cada uno suspropias ideas y su propia visión sobre las cosas, que pueden no coincidir. Puede haberdiversidad de opiniones entre los hombres, resultado tanto de su inteligencia y de la medida enque la hayan podido ejercitar, como de multitud de influencias a que han estado sometidosdurante su vida. Lo mismo vale para las distintas comunidades humanas. Dejemos, pues,abierta la cuestión de si hay una sola visión del mundo que sea propia del filósofo, del hombrede ciencia o del hombre común, o si por el contrario, tal conformidad de opinión no esrealizable, o tal vez ni siquiera concebible.Vamos a suponer, sin embargo, para comenzar a trabajar, que ese ser mitológico quellamamos "hombre común" tiene una visión del mundo, que podríamos llamar la visión ingenuade las cosas. Por ejemplo, según esa visión, existen objetos, que tienen peso, color y sabor;que además tienen precio, más o menos alejado del "precio justo" según la moralidad delcomerciante y el grado de ineficiencia del gobierno. Que existen personas, que son mejores opeores según se ajusten en su comportamiento a los Diez Mandamientos o a ciertos mínimosde moralidad de común aceptación. Que las personas o las cosas, para moverse de un lugar aotro, necesitan gastar un cierto volumen de combustible, etcétera. Es obvio que, si esta visióningenua de la realidad existe, no es de ninguna manera la visión de la ciencia. Sabemos que laeconomía, la antropología y la física tienen algo que decirnos sobre los hechos mencionadosque es muy diferente al conjunto de esas opiniones.En lo que sigue, defenderé la tesis de que el contraste más profundo e interesante entre lavisión ingenua y la visión científica del mundo no consiste primordialmente en una diferenciade opiniones, sino en algo bastante distinto y más fundamental: una diferencia de conceptosbásicos, es decir, de lenguaje. El científico y el hombre común no hablan ni lejanamente elmismo lenguaje, y ambos no pueden comunicar sino por medio de un complicado proceso quellamamos educación y que implica la adquisición y dominio de nuevos lenguajes, y la habilidadde moverse entre ellos. Pero hay más, voy a sostener que la diferencia de lenguajes hace aestos dos tipos de hombre, el hombre común y el científico, habitar mundos completamentediferentes, poblados por seres también totalmente diferentes.
 
Al final, tendré que aceptar que los mundos diferentes son más que simplemente "el mundo de laciencia" y "el mundo del sentido común". Concluiré que a cada disciplina científica o no científicacorresponde un mundo distinto. Me veré también obligado a abolir la hipótesis de que exista un"hombre común", y llegaré a la conclusión de que desde el principio, incluso antes de tener ciencia, los hombres han vivido separados en mundos diferentes, de acuerdo con sus lenguajes, yde que la única posibilidad de comunicación entre los hombres, antes y ahora, estriba en sucapacidad de dominar esos lenguajes diversos. A la posibilidad o capacidad de dominar varioslenguajes la voy a llamar con una palabra del lenguaje filosófico:
polisemia
, que –para traducirloal lenguaje del hombre común– sólo significa pluralidad de lenguajes.
Un ejemplo en un juego
Como una primera aproximación, comparemos al hombre común con el principiante del juego deajedrez, y al científico con el jugador experimentado. El principiante cree que las piezas del juegoson el Rey, la Reina, etcétera... y que cada pieza es un muñequito que se mueve sobre untablero, de esta manera sí pero de esta otra no. Esta es la visión del "hombre común" sobre el juego de ajedrez.El jugador avezado tiene otro concepto muy diferente (poner atención que se trata de unadiferencia conceptual y no simplemente de una diferencia de opinión). El caballo, por ejemplo, esel conjunto de todas las movidas que son posibles para esa pieza en cada contexto de juego.Mover el caballo, entonces, no es pasar un muñeco de una casilla a otra, sino alterar en unaforma integral las movidas posibles de esa misma pieza y de todas las otras que están sobre eltablero. Cada pieza es un conjunto articulado de posibilidad de juego.Nótese que este concepto avanzado de lo que es el caballo tiene una naturaleza cambiante,porque hemos incluido en su definición la referencia al contexto, y ese contexto va siendo cadavez más rico conforme el jugador se familiariza más y más con el mundo del ajedrez. El jugador profesional, el avezado entre los avezados, llega a tener el concepto más rico de todos: las piezasen realidad no existen en sí mismas, sino solo como puntos de mayor densidad en un tablerodinámico que es una configuración total de movidas posibles. El juego consiste ahora en pasar deuna configuración total a otra configuración total, no en mover una pieza de un lugar a otro.Diríamos que el principiante tiene un concepto atomista del juego (el juego como un conjunto depiezas) y que el campeón tiene un concepto contextualista del juego (el juego como unaestructura). La diferencia entre el principiante y el campeón no es de opiniones, sino deconcepción, es decir, de marco lingüístico, de lenguaje.
Un ejemplo de antropología
Veamos otro ejemplo, éste ya de lleno en la órbita de la ciencia. Para el hombre común, cuandouna persona se acerca a otra, los límites de ambas están trazados por los confines de losrespectivos cuerpos. Para el antropólogo, en cambio, cada persona viaja con su propio territoriopersonal, una especie de burbuja que rodea su cuerpo, que le pertenece tanto como sus manos osus pies. Una intrusión en ese espacio implica un acto agresivo, y la aceptación de otra personaen el propio espacio, un acto especialmente amigable. El radio de la burbuja, según entiendo,varía con las nacionalidades, y va desde unos pocos centímetros para el árabe hasta unos dosmetros para el alemán.La concepción de este espacio, que es resultado de un análisis científico, nos hace ver lasrelaciones sociales de manera distinta, en realidad nos hace percibir las personas de maneratotalmente diferente, en forma parecida a como difieren las visiones de las piezas del ajedrez deun novicio y un experto en el juego. Para la visión antropológica, un halo invisible es parte de larealidad personal, como existe un halo de jugadas posibles en torno a cada pieza para el expertoen el juego de ajedrez.
 
En general, la visión científica del mundo social que nos ofrece la antropología va mucho más allá:cada persona es percibida como resultado de su aprestamiento cultural, de modo que un árabe yun alemán aparecen como seres profundamente divergentes en casi todos los comportamientosque es dable esperar. Y esto no tiene nada que ver con la "raza", no es siquiera una cuestiónbiológica: tiene que ver con la diversidad de cultura, que es el objeto propio de la antropología, lamás apasionante (para mí) de las ciencias sociales. Concepción esta que no es, desde luego, lavisión del hombre común, que supone que todas las personas reaccionarán como sus familiares ovecinos, prejuicio que la antropología ha dado en llamar, muy adecuadamente, etnocentrismo. 
Otros ejemplos de las ciencias sociales
En psicología hay un ejemplo bastante dramático. Para esta ciencia, especialmente en su variantepsicoanatica, la persona no es lo lo que ella conoce sobre misma, como tiende aconsiderarlo la concepción ingenua (persona = conciencia), sino especialmente aquello que lapersona no tiene ni siquiera idea de que lleva adentro: el inconsciente. Conocerse a sí mismo espara la ciencia psicológica adentrarse por medios sumamente indirectos en lo que está más alládel alcance de la percepción ordinaria de nosotros mismos.Para el psicólogo, el mundo social está poblado de inconscientes, más que de conciencias, y loque el psicólogo ve como importante en la realidad social son actos fallidos, olvidos, actitudescorporales, imágenes oníricas, todo lo cual traza un cuadro ontológico inalcanzable para elhombre común. Aquí otra vez, el contraste es entre concepciones básicas, entre lo que cada unove como existente, y no simplemente entre opiniones divergentes. La realidad de la concepcióningenua y la realidad de la ciencia psicológica son dos realidades completamente diferentes.Las otras ciencias sociales no se quedan atrás. Para la economía, el precio de un artículo no es loque éste lleva escrito en la colilla. El concepto de precio es una noción analítica, que depende delentrecruce de dos curvas, llamadas de oferta y de demanda. El concepto mismo de curva, comovirtualidad de actos posibles de una misma clase, es en mismo una categoría analíticasumamente abstracta, de difícil comprensión para quien no se someta a un especial y pesadoadiestramiento intelectual.Los negocios para el hombre común son mercados, tiendas, bancos y todo el ajetreo que se viveen esos ambientes. Para el economista son muy otra cosa, una maraña de curvas que seentrecruzan en complicados modelos matemáticos, relacionados unos con los otros, como lasdistintas jugadas posibles en un ajedrez. Los lenguajes, otra vez, y las respectivas realidades, soncompletamente diferentes.Si de ahí nos movemos hacia la sociología, también encontraremos conceptos abstractos que notienen correspondencia directa con nada perceptible por el hombre común. La noción deideología, por ejemplo, es un concepto sumamente rico en implicaciones de análisis, y chocadirectamente con la percepción ingenua de lo que son los credos religiosos o políticos para elhombre común.En general, este marco científico interpreta de una manera muy diferente el sentido de losargumentos que usamos para defender lo que creemos que son nuestras convicciones. El hombrepobre que acepta su condición porque es "la voluntad de Dios" percibe el mundo de una maneramuy distinta que el científico social que ve en esa argumentación la sombra de una ideologíaplasmada en un contexto de relaciones sociales de opresión. La sociología descubre así que muya menudo defendemos con nuestros argumentos estructuras o instituciones que no tenemosintención, ni siquiera noción, de defender. De nuevo, el sociólogo y el hombre común se muevenen mundos diferentes.

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