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Punto de vista will del atico - Angel mecanico

Punto de vista will del atico - Angel mecanico

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11/18/2012

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rdida: Escena de
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nico desde el punto de vista de Willpor Cassandra Clare
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 Will Herondale estaba ardiendo.Ésta no era la primera vez que había consumido sangre de vampiro, y conocía elpatrón de la enfermedad. Primero llegaba el sentimiento de mareo y euforia, comosi uno hubiera bebido demasiada ginebra - el breve período de agradable borrachera antes de que se establezca el morbo. Después el dolor, empezando enlos pies y las yemas de los dedos, trabajando su camino arriba como si líneas depólvora hubiesen atravesado su cuerpo y estuviesen quemando su camino hacia elcorazón.Había oído que el dolor no era tan grande para los humanos: que su sangre, másfina y débil que la sangre de los Cazadores de Sombras, no luchaba contra laenfermedad demoníaca como lo hacía la sangre de los Nefilim. Apenas se diocuenta vagamente cuando Sophie entró con el cubo de agua bendita, salpicándolocon el agua fría y dejando los cubos en el sueño y marcharse otra vez. El odio queSophie sentía por él era tan fiable como la niebla de Londres, podía sentir queprovenía de ella cada vez que se acercaba a él. La fuerza de ello hizo que selevantara sobre sus codos. Acercó un cubo más cerca de él y lo vació encima de sucabeza, abriendo su boca como una golondrina tanto como pudo.Por un momento, le roció el fuego quemando completamente a través de sus venas.El dolor retrocedió, excepto por las palpitaciones en su cabeza. Se volvió a tumbar,cautelosamente, doblando un brazo sobre su cara para bloquear la luz oscuraproveniente de las ventanas bajas. Sus dedos parecían traer luz así como los movía.Escuchó la voz de Jem en su cabeza, regañándolo por arriesgarse a sí mismo. Perola cara que vio a través de sus parpados no era la de Jem.Ella le estaba mirando. La voz más oscura de su consciencia, el recordatorio de queél no podría proteger a nadie, ni siquiera a sí mismo. Mirando la manera en que lo
 
hizo la última vez que la había visto; ella no había cambiado, por lo que con esosabía que ella era fruto de su imaginación."Cecily," susurró. "Cecy, por el amor de Dios, déjame en paz."“¿Will?”. Eso lo dejó sorprendido; ella se aparecía ante él a menudo, peroraramente hablaba. Acercó su mano, y él habría llegado a ella también, a no ser porel estruendo y estrépito de metal que le hicieron volver de su ensueño. Se aclaró lagarganta."¿Ya has vuelto Sophie?" Dijo Will. "Te dije que si me traías otro de esos infernalescubos, yo -""No soy Sophie," le dijeron en respuesta. "Soy yo. Tessa."El martilleo de su propio pulso se filtró en sus orejas. La imagen de Cecily sedescolorió y desvaneció contra sus párpados. Tessa. ¿Por qué la habrán enviado?¿Le odia tanto Charlotte como para hacer eso? ¿Tenía esto que ser algún tipo declase objetiva para ella en las indignidades y peligros del submundo? Cuando abriólos ojos la vio de pié enfrente de él, parada en su vestido de terciopelo y guantes.Sus rizos oscuros eran asombrosos contra su pálida piel y sus mejillas eran pecosas,manchadas ligeramente con sangre, probablemente de Nathaniel.Tú hermano, sabía que debería decir. ¿Cómo está? Debe de haber sido un shock  verlo. No hay nada peor que ver a alguien a quién amas en peligro.Pero han pasado años, y había aprendido a tragarse las palabras que quería decir.De alguna manera estaban hablando de vampiros, sobre el virus y como setransmitía. Ella le dio el cubo con una mueca - bien, tenía estar disgustada con él - y lo usó de nuevo para aplacar el fuego, para parar la quemazón en sus venas y cuello y pecho."¿Te ayuda?" preguntó ella, mirándolo con sus claros ojos grises. "¿Derramarlosobre tu cabeza de ésta manera?" Will se imaginó cómo debería verse ante ella, sentado en el suelo con un cubo sobresu cabeza, e hizo un sonido estrangulado, casi una risa. Oh, ¡el glamour de losCazadores de Sombras! ¡La vida del guerrero en la que había soñado cuando era unniño!
 
"Las preguntas que haces..." empezó. Otro puede que se hubiera disculpado porpreguntar, pero ella solo se mantuvo quieta, mirándolo como un pájaro curioso. Élhabía pensado en que nunca había visto a nadie con los ojos cómo los de ella: erande color del gris como la niebla soplando desde el mar en Gales.No puedes mentir a alguien con unos ojos como esos que te recuerdan a tu juventud."La sangre me hace tener fiebre, hace que mi piel queme," él admitió. "No puedoenfriarme. Pero, sí, el agua ayuda.""Will," dijo Tessa. Cuando la miró de nuevo, ella parecía estar aureolada por la luzcomo un ángel, aunque él sabía que era la sangre de vampiro haciendo su visión borrosa. De repente ella se estaba moviendo hacia él, reuniendo su falda a un ladopara sentarse a su lado en el suelo. Él se preguntaba por qué estaba haciendo eso, y se dio cuenta para su propio horror que había sido él quién se lo había pedido. Seimaginaba la enfermedad de vampiro en su cuerpo, rompiendo su sangre, haciendosu voluntad más floja. Él sabía, intelectualmente, que había bebido suficiente agua bendita para matar la enfermedad antes de que se filtrara en sus huesos, y que él nopodía poner su falta de control de lado por la enfermedad. Y sin embargo, ellaestaba más cerca de él, lo suficientemente cerca que podía sentir el calor irradiandode su cuerpo."Nunca te ríes," estaba diciendo ella. "Actúas como si todo fuera gracioso para ti,pero nunca te ríes. Algunas veces sonríes cuando piensas que nadie te estáprestando atención."Quería cerrar sus ojos. Las palabras de ella le atravesaron como una rebanadacortada por la hoja del cuchillo serafín, haciendo que sus nervios quemaran. Notenía ni idea de que ella le había observado tan de cerca, o tan exactamente. "Tú,"dijo él. "Tú me haces reír. Desde el momento en que me golpeaste con ésa botella.Por no mencionar la manera en que siempre me corriges. Con ésa divertidaexpresión en tu cara cuando lo haces. Y la manera en que hiciste callar a GabrielLightwood. E incluso la manera en que le hablaste a de Quincey. Me haces..."Su voz se apagó. Podía sentir el agua fría recorriendo su espalda, sobre su pecho,contra su acalorada piel. Tessa estaba sentada a centímetros de él, oliendo a polvo y perfume y transpiración. Sus húmedos rizos pegados a sus mejillas, y sus ojosestaban posados en él, sus pálidos labios rosas ligeramente apartados. Ella levantó

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