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Tu Amor Ha Dejado Huella by ISMAEL BERROETA

Tu Amor Ha Dejado Huella by ISMAEL BERROETA

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Published by ISMAEL BERROETA
Nuevo cuento o relato breve, donde Ismael Berroeta presenta las aventuras de una emprendedora joven, quien sufre una fuerte decepción con su galán. Éste no había considerado que la muchacha no estaba dispuesta a perdonarlo...
Nuevo cuento o relato breve, donde Ismael Berroeta presenta las aventuras de una emprendedora joven, quien sufre una fuerte decepción con su galán. Éste no había considerado que la muchacha no estaba dispuesta a perdonarlo...

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Published by: ISMAEL BERROETA on Nov 27, 2008
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09/09/2012

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Tu amor ha dejado huella
Ismael Berroeta
Las luces indirectas y los muros pintados de amarillo claro daban al restorán, en lanoche, un ambiente interior muy particular. La iluminación difusa impedía que seproyectaran las sombras con nitidez y favorecía que los clientes se mantuvieran enun estado de placidez espiritual. Claudina había ido con gusto a cenar con susamigas. El aperitivo les había soltado la lengua, por lo cual la atmósfera armoniosaque servía de marco a las comensales no había podido ser sinónimo de quietud.Chismorreo, bromas, chistes de doble sentido eran el condimento que acentuaba elsabor de la comida. Las mujeres estaban disfrutando en forma intensa de aquelencuentro de protagonistas exclusivamente femeninas. Claudina necesitaba unosmomentos de despreocupación como aquéllos. Era propietaria de una tienda delencería en una importante calle comercial y los negocios no habían estado buenosel último año. Se vio obligada a despedir algunas dependientes, disminuyó diversoscostos, vendió a mal precio uno de sus autos pero, estaba tranquila, había podidomanejar la situación y tenía pocas deudas. Se mostraba confiada en que la situacióneconómica mejoraría el año entrante. Estos mismos problemas le habían impedidodedicarse adecuadamente al amor. Había salido con un tipo un par de veces, sin
 
embargo, todo había quedado en nada. Parece que la falta de atracción o decompromiso fue mutua.Estaban terminando el postre y el mesero vino a tomar nota de los bajativos.Claudina había encendido un cigarrillo y - relajada - volteó un poco su cuerpo paradar una mirada alrededor contemplando el ambiente que se había formado al correrde la noche. La mayor parte de las mesas se veían ocupadas y las parejas y gruposestaban comiendo y bebiendo y un caótico rumor de palabras, frases, ruidos decubiertos y vasos servía de música de fondo al yantar de aquella muchedumbre.Entonces fue que lo vio. Él se encontraba en compañía de unas amistades y gruesascarcajadas saan desde aquella mesa. Le pareció que él tambn la haareconocido. Intuyó que sus acompantes se dieron cuenta y estabantransformándolo en blanco de bromas por aquél intercambio de miradas con unamujer para ellos desconocida.Remberto era un treintón, alto, corpulento. Pelo oscuro, labios gruesos, un espesobigote negro, cabello largo y brillante, bien peinado. Calzaba físicamente con laimagen del amante latino. Y, además, coincidía con la cultura, costumbres y valoresdel prototipo. Claudina había tenido un romance apasionado con él hacía tres años.Se suponía que se ganaba la vida como vendedor de intangibles, pólizas de seguro ycontratos previsionales o algo así. Sin embargo, nunca parecía ganar lo suficiente.Muy pronto, Claudina tuvo que regalarle ropa, prestarle su automóvil y facilitarledinero. El último préstamo había sido por un millón de pesos. Fue en ese momento
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cuando desapareció sin dar mayores explicaciones. Claudina supo localizarlo. Lecontestó, telefónicamente, que tenía que hacerse cargo de sus padres, que estabanmuy enfermos, gesto que ella encontró tan noble y sacrificado. Respecto deldinero, le señaló que se lo depositaría a fin de mes en su cuenta corriente. Pasadaesa fecha, ella, al ver que no aparecía registrado el depósito, estando algo ofendidapor el abrupto retiro y necesitada de plata, volva llamarlo. Se mostsorprendido. Debía tratarse de un error y se ofrecía a acompañarla al banco paraaclarar el problema. ¿De qué servía la tecnología moderna si los empleadosbancarios no sabían usarla?. Quedaron de juntarse en la agencia a la hora deapertura. No llegó a las nueve de la mañana, ni a ninguna hora, ni ningún día. Jamásle pagó la deuda. Se mudó de departamento y su teléfono no volvió a sercontestado. Y, después de todo aquello, Claudina volvía a encontrarlo. Y no sólo eso,mientras bebía su bajativo, una de sus amigas le indicó que tenía a alguien a su lado.Era Remberto.La saludó con esa galanura que en él lucía tan natural. La sonrisa varonil deapariencia segura, confiada, le abrió las puertas de la atención de Claudina y dejóparpadeando a una docena de ojos de mujer que no ocultaban su admiración por elmacho. Estos gestos no pasaron desapercibidos para ella, lo cual despertó suinterés por el hombre, acicateada por la competencia que intuía en sus amigas. Senotó sin dificultad una oleada de calentura que fluía de las pelvis de las damas allísentadas. Confiada en sí misma, Claudina lo presentó y lo invitó a tomar asiento junto a ellas. Un tipo como él no iba a perder esa oportunidad. Habló del tiempo, de
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