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Antonin Artaud-El Pesanervios

Antonin Artaud-El Pesanervios

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Published by: Liliana Rodríguez Zambrano on Mar 10, 2012
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EL PESA-NERVIOS (1925) -
ANTONIN ARTAUD
He sentido de verdad que rompíais la atmósfera a mi alrededor, que hacíais el vacíopara permitirme avanzar, para dar el lugar de un espacio imposible a lo que en mí estaba aún sólo en potencia, a toda una germinación virtual y que debía nacer atraídapor el lugar que se le ofrecía.Me he colocado a menudo en ese estado de absurdo imposible, para tratar de hacernacer en mí el pensamiento. Somos unos pocos en esta época empeñados en atentarcontra las cosas, en crear en nosotros espacios para la vida, espacios que no estaban yno parecían tener que encontrar un sitio en el espacio.Siempre me sorprendió esa obstinación del espíritu en querer pensar en dimensiones yen espacios y en afirmarse en algunos estados arbitrarios de las cosas para pensar; enpensar en segmentos, en cristaloides, y que cada modo de ser quede solidificado en uncomienzo, que el pensamiento no esté en comunicación presurosa y continua con lascosas, mas que esa fijación y ese hielo, esa suerte de puesta en monumento del alma, seproduzca por así decirlo ANTES DEL PENSAMIENTO. Evidentemente, he aquí labuena condición para crear.Pero me sorprende aún mucho más esa infatigable, esa meteórica ilusión, que nossugiere arquitecturas determinadas, circunscritas, pensadas, esos segmentos de almacristalizados, como si fueran una enorme página plástica y en ósmosis con el resto dela realidad. Y la surrealidad es como un estrechamiento de la ósmosis, una especie decomunicación vuelta hacia atrás. Lejos de ver en ello una disminución del control, veopor el contrario un control mayor, el cual, en lugar de actuar, desconfía, un controlque impide los encuentros de la realidad ordinaria y permite encuentros más sutiles yenrarecidos, encuentros atenuados hasta la soga que arde y que jamás se rompe.Imagino un alma trabajada y como sulfurado y fosforosa en virtud de esosencuentros, como si fuera el único estado aceptable de la realidad.Más es no sé qué lucidez innominada, desconocida la que me da de aquellos el tono yel grito y me los hace sentir a mí mismo. Los siento en virtud de una cierta totalidadinsoluble, quiero decir sobre cuya sensación no cabe ninguna duda. Y, con respecto aesos encuentros turbulentos, estoy en un estado de conmoción mínima, desearía queuno se imaginara una nada detenida, una masa de espíritu sumida en algún sitio,vuelta virtualidad.A un actor se lo ve como a través de cristales.La inspiración escalonada.No se debe dejar pasar demasiado literatura.He apuntado solamente a la relojería del alma, sólo he transcripto el dolor de unajuste malogrado. Soy un abismo completo. Aquellos que me creían capaz de un dolor
 
entero, de un hermoso dolor, de angustias plenas y carnosas, de angustias que son unamezcla de objetos, una trituración efervescente de fuerzas y no un punto suspendido-y sin embargo, con impulsos sacudidos, desgarradores, que proceden de unaconfrontación de mis fuerzas con esos abismos de un absoluto ofrecido, (de laconfrontación de fuerzas de poderoso volumen)y sólo hay ya abismos voluminosos, la suspensión, el frío,-aquellos que me atribuyeron más vida, que me han imaginado en un grado menor demi caída, que me han creído como sumergido en un ruido torturado, en unaobscuridad violenta con la cual luchaba, están perdidos en las tinieblas del hombre.En el sueño, nervios en tensión, a lo largo de las piernas.El sueño provenía de un desplazamiento de creencia, al abrazo se aflojaba, el absurdome caminaba sobre los pies.Es necesario que se comprenda que toda la inteligencia no es más que una ampliaeventualidad, y se la puede perder no ya como el demente que está muerto, mas comoel ser viviente que está en la vida y que siente sobre sí la atracción y el soplo (de lainteligencia, no de la vida).Las titilaciones de la inteligencia y ese brusco trastocamiento de las partes.Las palabras a mitad de camino de la inteligencia.Esa posibilidad de pensar hacia atrás y de zaherir de pronto su pensamiento.Ese diálogo en el pensamiento.La absorción, la ruptura de todo.Y de pronto ese hilo de agua sobre un volcán, la caída tenue y dilatada del espíritu.Volverse a encontrar en un estado de extrema conmoción, esclarecida por lairrealidad, con trozos de mundo real en un rincón de sí mismo.Pensar sin ruptura mínima, sin artificios de pensamiento, sin uno de esos súbitosescamoteos a los cuales mis médulas están acostumbradas como estaciones emisorasde corrientes.A veces mis médulas se divierten con esos juegos, se complacen en esos juegos, secomplacen en esos raptos furtivos los cuales son presididos por la cabeza de mipensamiento.
 
Solamente una sola palabra me faltaría a veces, un simple vocablo sin importancia,para ser grande, para hablar con el tono de los profetas, un vocablo testimonio, unvocablo preciso, un vocablo sutil, un vocablo bien macerado en mis médulas,procedente de mí mismo, el cual se mantendría en la punta extrema de mi ser,Y el cual, para todo el mundo, nada sería.Soy testigo, soy el único testigo de mí mismo. De esa corteza de palabras, esasimperceptibles transformaciones de mi pensamiento en voz baja, de esa pequeña partede mi pensamiento en voz baja, de esa pequeña parte de mi pensamiento que yopretendo estaba ya formulada y que aborta,Soy el único juez capacitado para estimar su alcance.Una especie de disminución constante del nivel normal de la realidad.Bajo esta costra de hueso y de piel que es mi cabeza hay una constancia de angustias,no como un punto moral, como las raciocinaciones de una naturaleza imbécilmentepuntillosa, o habitada por un fermento de inquietudes en el sentido de la altura, máscomo una (decantación)en el interior,como el desposeimiento de mi sustancia vital,como la pérdida física y esencial(quiero decir pérdida por parte de la esencia)de un sentido.Una impotencia para cristalizar inconscientemente el punto quebrado delautomatismo cualquiera sea su grado.Lo difícil es encontrar bien su lugar y restablecer la comunicación consigo mismo. Eltono está en una cierta focalización de las cosas, en el ensamble de toda esa pedreríamental alrededor de un punto que es precisamente el que hay que hallar.Y he aquí lo que yo pienso del pensamiento:Soy testigo, soy el único testigo de mí mismo. De esa corteza de palabras, esasimperceptibles transformaciones de mi pensamiento en voz baja, de esa pequeña partede mi pensamiento en voz baja, de esa pequeña parte de mi pensamiento que yopretendo estaba ya formulada y que aborta,Soy el único juez capacitado para estimar su alcance.

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