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14/03/12AL-ANDALUS Y EL ISLAM EN EL SUBCONSCIENTE COLECTIVO ESPOL. Abdelatif Oufkir. R1/7www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA49%20May.07/SubconscienteColectivo.html#alla-va…
AL-ANDALUS Y EL ISLAMEN EL SUBCONSCIENTE COLECTIVO ESPAÑOL
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Abdelatif Oufkir
“habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nadaapasionados; y que ni el interés, ni el miedo, el rencor ni la afición no les haga torcer elcamino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de lasacciones, testigo del pasado, ejemplo y aviso de lo presente y advertencia de lo porvenir.[...] los historiadores que de mentiras se valen habrían de ser quemados, como los quehacen monedas falsas [...] La historia es cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, ydonde está la verdad, está Dios, en cuanto a la verdad.”Miguel de Cervantes Saavedra
 El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
. Parte Primera, cap. IX y ParteSegunda, cap. III
Introducción
Que la historia la escriben los vencedores es algo sobradamente conocido. Sibien la historia debería ser, en la medida de lo posible, estudiada objetiva ydesapasionadamente, sin embargo, en un número muy elevado de casos el relato de loshechos históricos se nos presenta interpretado en función de la ideología predominanteen ese momento, al serviciode los poderes políticos yeconómicos de turno.La manipulaciónhistórica es especialmentesignificativa en lo querespecta a los mitosfundacionales de losmodernos Estadosnacionales, y la visión de loshechos puede serradicalmente opuestadependiendo de lanacionalidad del historiadorque estudie un determinadoacontecimiento
[2] 
.En el caso español, la presencia de los musulmanes en la Península Ibérica entrelos siglos VIII y XVII d.C. ha servido como elemento aglutinador para, durante losúltimos quinientos años, crear una conciencia de la identidad hispana en oposiciónradical, diríamos casi “metafísica”, a todo lo que tenga que ver con el Islam y losmusulmanes. Más allá del interesante debate académico entre historiadores como ClaudioSánchez Albornoz y Américo Castro
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, la presencia musulmana en la Península Ibéricareviste una importancia capital para comprender qué y quiénes son los españoles, pues yase sabe que aquel pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla.
 
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Una ausencia inexplicable
En un primer acercamiento a los libros de historia y a los textos escolaresespañoles resulta sorprendente comprobar como los habitantes de la Península Ibéricaparecen haber desaparecido de escena a la llegada de los musulmanes en el siglo VIII.Según los textos históricos al uso, el número de árabes invasores rondaría entorno a lostreinta mil, los cuales habrían conquistado por la fuerza de las armas y en un breve lapsode tiempo la casi totalidad de laPenínsula. Cabría preguntarse quéhacían entretanto los millones dehabitantes peninsulares, quienesparece ser que no opusieronresistencia alguna frente a esasupuesta invasión de unos pocosmiles de musulmanes. No obstante,en aparente oposición a estainexplicable ausencia, los“verdaderos españoles” han sidoconsiderados descendientes de losceltíberos romanizados y de losvisigodos, que ahora sí,sorprendentemente, aparecen en laescena de la historia. De este modo,estos pueblos son identificados con elpueblo español, pero únicamenteaquellos sectores conversos alcatolicismo, ignorando no sólo las conversiones al Islam de buena parte de la poblaciónasentada en el solar hispano, sino también la presencia en número muy importante decristianos arrianos, en pugna contra los católicos
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, y de numerosas comunidades judíasasentadas en la Península desde época fenicia
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.En un libro escolar de historia, publicado en Córdoba en 1927, se dice: “estaciudad [Córdoba] antes de ser tuya perteneció a los romanos, godos y árabes y a losReconquistadores, tus antepasados”. Y aunque se puede afirmar que, con la llegada de lademocracia, los años ochenta marcan un cierto cambio en el modo de exponer la historia,todavía puede leerse en un texto de 1982 que los mudéjares son “moros arraigados en elterritorio cristiano”, en lugar de definirlos simplemente como “musulmanes en territoriocristiano”, confundiendo de este modo un término de carácter étnico con unadenominación religiosa
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Estos son sólo algunos de los muchos ejemplos que nosilustran una determinada visión de la historia, según la cual la identidad religiosa se erigeen el factor clave para definir la pertenencia a la nación española y para marcar unasupuesta continuidad histórica de la idea de España, desde la Antigüedad hasta nuestrosdías, convirtiendo así a la nación en una “unidad de destino en lo universal”.
Confundiendo la unidad con la uniformidad
Si bien, como ya hemos mencionado, la llegada de la democracia atemperó encierta medida el discurso de la España uniforme y monolítica, algunas de las ideas-fuerzaque forjaron el concepto de España durante los últimos cinco siglos han permanecidocasi intactas hasta nuestros días entre sectores muy significativos de la sociedad española.Así, buena parte de la historia oficial defiende todavía el mito de la Reconquista, pueséste contribuye entre ciertos sectores de la población a reforzar un sentido mal entendido
 
14/03/12AL-ANDALUS Y EL ISLAM EN EL SUBCONSCIENTE COLECTIVO ESPOL. Abdelatif Oufkir. R3/7www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA49%20May.07/SubconscienteColectivo.html#alla-va…
de la unidad española. La celebración, cada 2 de enero, de la toma de Granada por losReyes Católicos es una buena muestra de lo afirmado.Acontecimientos relativamente recientes de la historia española, como la GuerraCivil, han sido revisados, modificándose sustancialmente la versión que la Españafranquista presentaba al respecto. Para ello se han eliminado o cambiado dedenominación algunas celebraciones (Desfile de la Victoria/ Desfile de las FuerzasArmadas) y se han reconocido los derechos de las víctimas del franquismo, en forma decompensaciones económicas. En contraste, sucesos mucho más alejados en el tiempo,como la conquista de Granada en 1492, parece que no han sido superados por completoy todavía requieren de una escenificación que permita una exaltación nacionalista sinmucho sentido en estos tiempos, teniendo en cuenta que el “enemigo” fue derrotado hacemás de quinientos años. Semejante puesta en escena sólo tiene sentido en el caso de quesea necesario actualizar la existencia de la amenaza muslímica, ya sea ésta real oimaginaria. Sólo así se explica la pervivencia de una celebración que eleva a categoría demito una aventura militar que supuso la negación de los derechos más elementales parabuena parte de la población asentada en la Península.La continuación de esta celebración supone la permanencia, en el terreno de losimbólico, de una determinada percepción de la historia, aunque en el terrenoinstitucional y político se observen también este tipo de resistencias, en este caso mássutiles, pues tienen mayor relación con las medidas no adoptadas que con las accionesllevadas realmente a cabo. En efecto, desde la Administración española se ha venidoimponiendo con demasiada frecuencia el lema de “ni una mala palabra, ni una buenaacción”. Las dificultades para desarrollar los acuerdos entre el Estado y las religionesreconocidas como de notorio arraigo en España, entre las que se encuentra el Islam, sonun ejemplo de cómo este tipo de inercias impiden la completa integración de lapersonalidad musulmana en el conjunto de la sociedad española, pues el pleno desarrollode estos acuerdos afecta a ámbitos tan fundamentales como el establecimiento de unrégimen de financiación para las comunidades islámicas legalmente reconocidas, o el dela educación islámica en los centros públicos de enseñanza.Sin duda, algunas actuaciones vendrían a facilitar la integración y la definitivanormalización de las relaciones de la Administración con la comunidad musulmanaespañola. La primera, de un carácter puramente simbólico, podría ser la concesión de lanacionalidad a los descendientes de los moriscos expulsados en 1609-1613, medida ésta
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