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Maria Valtorta. LOS CUADERNOS 1943

Maria Valtorta. LOS CUADERNOS 1943

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Published by César Reyes
Prefacio de la traductora
Un escrito de espiritualidad siempre es atractivo... y si nos acercamos a él con espíritu abierto
recibimos el toque fresco y sublime de lo divino, que sopla donde quiere y nos sorprende
mostrándose a los sencillos y humildes. Cuando, además, se nos permite acceder al diálogo íntimo
de una contemporánea nos sobregoce la grandeza de Dios que encuentra propicio todo tiempo y
oportuna toda circunstancia histórica para prodigar su gracia. ¿No es éste acaso el lenguaje inefable
del Amor?
Así han nacido Los Cuadernos de Maria Valtorta, como testimonio luminoso de la presencia de
Dios que habla al corazón de quienes se confían totalmente a Él. El presente volumen es el primero
de tres en los que se han recopilado estos escritos, producidos entre 1943 y 1950.
Sus páginas nos descubren con sobriedad y ternura la oblación de una mujer que se va haciendo
instrumento incondicional de la gracia. El deseo de total fidelidad a la voluntad divina y la
aspiración sincera a la santidad que laten en cada línea confieren a la obra una singular autoridad
moral, haciéndonos partícipes de la experiencia sobrenatural de una escritora a la que sólo le
interesa transmitir lo que ha recibido. Son palabras escritas en tiempos difíciles y que aportan
también al hombre y a la mujer de hoy respuestas concretas a situaciones vitales interpretadas a la
luz del mensaje evangélico.
En la lectura atenta de estas páginas el lector podrá vislumbrar la huella del dolor y de la paz, de la
purificación y del éxtasis, en el paso de los días por la oración de esta mística italiana del siglo XX.
Estoy convencida de que el mensaje contenido en Los Cuadernos producirá mucho bien; así he
podido experimentarlo personalmente cuando, en no pocas ocasiones, he debido interrumpir mi
labor de traductora para meditar y orar.
Unas palabras finales para expresar mi admiración y agradecimiento a Emilio y Claudia Pisani por
la dedicación de sus vidas a la misión de recoger y difundir los escritos valtortianos.
Lourdes Grosso García
Prefacio de la traductora
Un escrito de espiritualidad siempre es atractivo... y si nos acercamos a él con espíritu abierto
recibimos el toque fresco y sublime de lo divino, que sopla donde quiere y nos sorprende
mostrándose a los sencillos y humildes. Cuando, además, se nos permite acceder al diálogo íntimo
de una contemporánea nos sobregoce la grandeza de Dios que encuentra propicio todo tiempo y
oportuna toda circunstancia histórica para prodigar su gracia. ¿No es éste acaso el lenguaje inefable
del Amor?
Así han nacido Los Cuadernos de Maria Valtorta, como testimonio luminoso de la presencia de
Dios que habla al corazón de quienes se confían totalmente a Él. El presente volumen es el primero
de tres en los que se han recopilado estos escritos, producidos entre 1943 y 1950.
Sus páginas nos descubren con sobriedad y ternura la oblación de una mujer que se va haciendo
instrumento incondicional de la gracia. El deseo de total fidelidad a la voluntad divina y la
aspiración sincera a la santidad que laten en cada línea confieren a la obra una singular autoridad
moral, haciéndonos partícipes de la experiencia sobrenatural de una escritora a la que sólo le
interesa transmitir lo que ha recibido. Son palabras escritas en tiempos difíciles y que aportan
también al hombre y a la mujer de hoy respuestas concretas a situaciones vitales interpretadas a la
luz del mensaje evangélico.
En la lectura atenta de estas páginas el lector podrá vislumbrar la huella del dolor y de la paz, de la
purificación y del éxtasis, en el paso de los días por la oración de esta mística italiana del siglo XX.
Estoy convencida de que el mensaje contenido en Los Cuadernos producirá mucho bien; así he
podido experimentarlo personalmente cuando, en no pocas ocasiones, he debido interrumpir mi
labor de traductora para meditar y orar.
Unas palabras finales para expresar mi admiración y agradecimiento a Emilio y Claudia Pisani por
la dedicación de sus vidas a la misión de recoger y difundir los escritos valtortianos.
Lourdes Grosso García

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Maria ValtortaLOS CUADERNOS1943Traducción del italiano deLourdes Grosso GarcíaCENTRO EDITORIALE VALTORTIANOPrefacio de la traductoraUn escrito de espiritualidad siempre es atractivo... y si nos acercamos a él con espíritu abiertorecibimos el toque fresco y sublime de lo divino, que sopla donde quiere y nos sorprendemostrándose a los sencillos y humildes. Cuando, además, se nos permite acceder al diálogo íntimode una contemporánea nos sobregoce la grandeza de Dios que encuentra propicio todo tiempo yoportuna toda circunstancia histórica para prodigar su gracia. ¿No es éste acaso el lenguaje inefabledel Amor?Así han nacido
 Los Cuadernos
de Maria Valtorta, como testimonio luminoso de la presencia deDios que habla al corazón de quienes se confían totalmente a Él. El presente volumen es el primerode tres en los que se han recopilado estos escritos, producidos entre 1943 y 1950.Sus páginas nos descubren con sobriedad y ternura la oblación de una mujer que se va haciendoinstrumento incondicional de la gracia. El deseo de total fidelidad a la voluntad divina y laaspiración sincera a la santidad que laten en cada línea confieren a la obra una singular autoridadmoral, haciéndonos partícipes de la experiencia sobrenatural de una escritora a la que sólo leinteresa transmitir lo que ha recibido. Son palabras escritas en tiempos difíciles y que aportantambién al hombre y a la mujer de hoy respuestas concretas a situaciones vitales interpretadas a laluz del mensaje evangélico.En la lectura atenta de estas páginas el lector podrá vislumbrar la huella del dolor y de la paz, de la purificación y del éxtasis, en el paso de los días por la oración de esta mística italiana del siglo XX.Estoy convencida de que el mensaje contenido en
 Los Cuadernos
 producirá mucho bien; así he podido experimentarlo personalmente cuando, en no pocas ocasiones, he debido interrumpir milabor de traductora para meditar y orar.Unas palabras finales para expresar mi admiración y agradecimiento a Emilio y Claudia Pisani por la dedicación de sus vidas a la misión de recoger y difundir los escritos valtortianos.Lourdes Grosso García
 
17 de septiembreDice Jesús:«Cuanto ha dicho la Sabiduría en el capítulo 6° v 1-10 ya ha sido300explicado por Mí más de una vez1desde cuando te soy Maestro más ampliamente de cuanto lo sea para muchos de tus hermanos. Por tanto no nos paremos a considerar esas palabras. La Sabiduríaverdadera te las ha explicado mucho antes de que el Libro se abriera para ti por esa página.Y no te sorprendas si en otras ocasiones encuentras en el Libro sentimientos y palabras iguales a lasque has oído directamente de Mí. Yo soy la Palabra del Padre. Y la Palabra es una. Por ello es lamisma ahora que en la época de los patriarcas y profetas. Es natural, entonces, que leyendo lasantiguas palabras las tengas que encontrar iguales a las novísimas que oyes de Mí. Soy Yo quien tehablo como era Yo quien hablaba a los antepasados. Y aunque vuestros tiempos y vuestros pensamientos hayan cambiado tanto, y aunque tú, mi pequeño Juan, seas tan distinta de lossolemnes patriarcas y de los vehementes profetas, Yo soy siempre aquél, igual, inmutable en la palabra, en la doctrina.Dios no cambia. Se adecúa a vuestros cambios, a vuestra, llamémosla también, evolución, en losmárgenes de su trabajo, pero el núcleo de éste, el verdadero contenido de su enseñanza en lo que serefiere no a lo pasajero de la vida sino al alma que no muere, ése permanece y permanecesiempre. Incluso si la Tierra permaneciera Tierra aún por mil y diez mil años y el hombre alcanzarauna evolución material - nota bien - tal que le permitiera abolir las leyes del espacio, de lagravitación, de la velocidad, y llegase a ser casi omnipresente mediante instrumentos que abolieranlas separaciones, y a los que está encaminado, y que vosotros llamáis con los nombres científicos detelevisión, teléfono y semejantes, o, mediante otros instrumentos, aboliera la imposibilidad deactuar a distancia, creando mandos a distancia que desencadenarán sobre la tierra la venganzademoniaca de las explosiones a distancia, de los rayos mortales y semejantes creaciones de marcasatánica.Yo nunca podré deciros - aunque llegarais a convertiros en asaltantes de otros planetas y creadoresde rayos potentes como el rayo de mi sol y captadores de ondas que anulan, para el oído y el ojo, lasmás infinitas distancias - que os sea lícito abolir la Ley de la Caridad, de la Continencia, de laSinceridad, de la Honestidad, de la Humildad. No, nunca os lo podré decir, nunca. Sino más bienahora ___________________________ 1Por ejemplo, en los dictados del 24 de julio, del 28 de julio, del 25 de agosto, etc.301y siempre os digo y os diré: “Sed benditos si usáis la inteligencia para descubrimientos de biencomún. Sed malditos si prostituís vuestra inteligencia con un ilícito comercio con el Mal para dar aluz obras de maldad y destrucción”.Y basta sobre esto2. Te hablo en cambio por cuanto puede serte consuelo y guía.Está dicho en el Eclesiástico cap. 33 v 11-15 que varios son los destinos del hombre.¿Quién señala vuestro destino? Éste es un gran punto que debe establecerse para no caer en el error.Error que puede ser causa de pensamiento blasfemo y también de muerte del alma. El hombre dice aveces: “Puesto que el destino lo hace Dios, Dios fue injusto y malvado con éste porque le ha abatidola desventura”. No, hija. Dios nunca es malvado y nunca es injusto. Vosotros sois miopes y veis muy torpemente ysólo las cosas que están cerca de vuestra pupila. Entonces ¿cómo podéis saber el porqué - escrito enel Libro del Señor - de vuestro destino? ¿Cómo podéis vosotros, desde la Tierra, granito de polvorevoloteando en el espacio, comprender lo que es la verdad verdadera de las cosas y que está escritaen el Cielo? ¿Cómo dar un nombre justo a una cosa que os sucede?El niño, al que la madre da una medicina, llora, la llama fea y mala, trata de rechazar ese
 
medicamento que a él le parece inútil y repugnante. Pero la madre sabe que ella hace esto no por maldad, sino por bondad; sabe que en la autoridad que utiliza en aquel momento para hacerseobedecer no es fea, sino que se reviste de una majestad que la embellece; sabe que a su criatura lesirve esa medicina y con caricias o con voz severa le obliga a tomarla. Si la madre pudiera tomarla para curar a su pequeño enfermo, ¡cuánta tomaría!También vosotros sois niños respecto al buen Padre que tenéis en los cielos. Él ve vuestrasenfermedades y no quiere que, permanezcáis enfermos. Vuestro Padre de amor os quiere sanos yfuertes. Y os da medicinas para robustecer vuestras almas, para enderezarlas, curarlas, para hacerlasno sólo sanas sino también hermosas.Si Él pudiera evitar el haceros llorar, ¿creéis que no lo haría Él cuyo Corazón, todo amor, estáregado por las lágrimas de sus hijos? Pero a cada uno su tiempo. Él lo ha hecho todo por vosotros, para llevaros a la salvación eterna. Hasta se ha exiliado de los Cielos, ha _____________________________ 2Ya expresado, por ejemplo, en el dictado del 21 de julio.302exprimido su Sangre hasta la última gota para dárosla, medicina santísima que sana toda llaga,vence toda enfermedad, refuerza toda debilidad.Ahora es vuestro tiempo. Porque a pesar de la Palabra descendida de los Cielos para daros la guíade la Vida y a pesar de la Sangre prodigada para redimiros, vosotros no habéis sabido separaros del pecado y recaéis siempre en él; Él, el Eterno que os ama, os da un castigo de dolor, más o menosgrande según la altura a la que quiere llevaros o el punto hasta el que quiere haceros expiar aquíabajo vuestra deuda de hijos desertores.Hay, es cierto, criaturas que padecen el dolor para hacerse resplandecientes, con gran luz, en la otravida. Pero hay otras criaturas que deben soportar el dolor para limpiar su estola manchada yalcanzar la luz. Son la inmensa mayoría. Mas - es un contrasentido pero es cierto - son precisamenteéstas las que más se rebelan ante el dolor y llaman injusto a Dios, y malvado, porque les empapa dedolor. Son las más enfermas y se creen las más sanas.Cuanto más uno está en la Luz tanto más acepta, ama, desea el dolor.
 Acepta
cuando está una vez en la Luz.
 Ama
cuando está en la Luz dos veces.
 Desea
y pide el dolor cuando está tres veces en la Luz, sumergido en ella y viviente por ella.Mientras, en cambio, cuanto más uno está en las tinieblas más huye, odia, se rebela ante el dolor.
 Huye:
las almas débiles que no tienen fuerza para realizar ni gran mal ni bien, sino que vanviviendo una pobre vida espiritual envuelta en las neblinas de la tibieza y de las faltas veniales,tienen un miedo incontenible ante cada pena, de la naturaleza que sea. Son espíritus sin esqueleto,sin fuerza.
Odia:
los viciosos, para los que el dolor es un obstáculo para continuar con sus vicios de toda clase,odian este gran maestro de la vida espiritual.
Se rebela:
el gran pecador, completamente vendido a Satanás, que acumula delito tras delitoespiritual alcanzando las cimas de la rebeldía que son blasfemia y suicidio u homicidio, con tal devengarse (al menos él lo cree) del sufrimiento. Sobre éste, la obra paterna de Dios se transforma enfermentación de mal, porque ese gran pecador está amasado con el Mal como harina amasada con lalevadu-303ra. Y el Mal, como levadura bajo la elaboración del dolor, se hincha en ellos y les hace pan para elInfierno.¿A cuál de estas tres categorías has pertenecido? ¿A cuál perteneces ahora? ¿En cuál quieres permanecer? No es necesaria la respuesta. La sé. Por esto te hablo y estoy contigo.Otras veces el hombre dice: “Si cada uno tiene un destino señalado es inútil afanarse y luchar.Despreocupémonos, qué más da, todo está señalado”.Otro pernicioso error. El destino es conocido por Dios, sí. Pero ¿lo conocéis vosotros? No lo

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