ras un siglo ca-racterizado por la carestía, des-de finales de ladécada de losochenta hanproliferado conceleridad unnúmero consi-derable de es-pacios institucionales dedicados al ar-te contemporáneo. Al margen de és-tos, no podemos olvidar, aunque nosean objeto de nuestro presente análi-sis, la existencia y similar propagaciónde fundaciones privadas dependientesde entidades financieras. El presenteespacio impide efectuar una enume-ración sin aburrir a la lectora o al lec-tor, pero el caso es que los centros ofi-ciales cada vez son más numerosos,que su crecimiento es asimétrico entérminos geográficos (éste coincideparticularmente con zonas eminente-mente turísticas o en miras de serlo),y que no quedan claras sus competen-cias. ¿Existe algún tipo de criterio ge-neral que explique tal fenómeno? Nohemos encontrado ningún vademé-cum solícito a resolver nuestras du-das, así que se han improvisado algu-nas recetas para sobrevivir intelectual-mente al ya habitual revuelto.
Primera confusión
Si se realiza una búsqueda en el direc-torio de museos del MEC, nos encon-tramos con más de mil fichas de mu-seos españoles catalogados y clasifica-dos por tipologías. Centrados en elepígrafe «arte contemporáneo», el pri-mer problema que se presenta es queno aparecen todos. Tal cuestión se de-be a que muchos responden a iniciati-vas políticas no centrales, sino auto-nómicas –uno de los beneficios y con-fusiones que ha conllevado y conllevala transferencia de competencias enmateria de cultura–. Las fuertes inver-siones de las administraciones regio-nales, deseosas de poseer su propiobuque insignia cultural de referencia,han caído muchas veces en la merafranquicia (más de lo mismo) o hantopado con las agendas políticas, o pe-or, con los directores sin escrúpulos.
Segundaconfusión
El siguiente problema que se planteaes el tremendo embrollo de nomen-claturas en relación con las funcionesy los objetivos de las instituciones:museo, centro, instituto, arte moder-no, contemporáneo... Un caos discur-sivo que lleva al público especializado,pero sobre todo al no especializado, aldesconcierto. El problema de ordensemántico y conceptual parte de la fal-ta de acuerdo por parte de la historio-grafía del arte española. Y, para resol-ver esta magna confusión, debemosremontarnos al origen de los museosy centros de arte contemporáneo a ni-vel estatal.
La duda original
El primer museo de arte contemporá-neo del país, el Museo Español de Ar-te Contemporáneo (MEAC), fue inau-gurado en Madrid por Franco y con-sistía una colección de arte contempo-ráneo comprado con un criterio cues-tionable a artistas españoles del mo-mento. Durante la segunda legislatu-ra socialista, el museo convive con elCentro de Arte Reina Sofía (CARS).Finalmente, ambos desaparecen en1988 para dar paso al Museo NacionalCentro de Arte Reina Sofía(MNCARS).En principio, a un centro de arte sele presupone una programación acti-va de exposiciones, y una ausencia defondos, y a un museo, una coleccióncon una línea determinada de adqui-siciones, un equipo de conservadoresy una muestra bajo un epígrafe simi-lar al de «colección permanente». Pe-ro rebobinemos. El MEAC era per seuna colección, el CARS lo mismo, pe-ro con programación, y el MNCARS,
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