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“Educa, no pegues”.
Las relaciones entre padres e hijos, entreadultos y niños representa un contexto de intercambiocomunicativo, social y emocional permanente que, entre otrasconsideraciones de naturaleza sustantiva, suele reflejar demanera intensa el modo en que unos y otros perciben, “leen”e interpretan la vida y las múltiples conexiones de ésta con suscogniciones, pensamientos, sentimientos y afectos funda-mentales.Los conflictos entre padres e hijos, entre adultos y niños, noson infrecuentes. De hecho, el conflicto supone una plataformaestable para la recreación permanente, para el crecimientointelectual, para la maduración psicológica. Malos momentos,sentimientos mutuos y recíprocos de incomprensión, desvelosy anhelos, dudas y formas diferentes de enfocar las situacionesen que nos vemos envueltos en el día a día.No resulta sencillo afrontar los conflictos con nuestros hijos,con nuestros pequeños o adolescentes. Las dudas sobre elenfoque de los mismos y sus repercusiones en el desarrollo delas relaciones y de los propios procesos madurativos de aquellossuelen “invadir” las conversaciones de padres y madres, deseososde encontrar la mejor respuesta, la salida ágil y coherente, laacción efectiva y constructiva. El interés por habilitarpermanentemente adecuadas “respuestas pedagógicas” seconvierte en no pocas ocasiones en marcada y significativa“singladura”, plena de inquietudes, tanteos, movimientosdubitativos y, cómo no, también, de sustantivos aciertos.
 
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La presente publicación aborda un controvertido tema, unsingular contenido de especial relevancia en el referido ycomplejo mundo de las relaciones con nuestros hijos. Y lo abordadesde la seriedad y la consciencia de quien entiende que eldiálogo, la escucha, la tolerancia y la empatía representan lasauténticas y verdaderas herramientas del hecho educativo yde las relaciones interpersonales en su conjunto; y, especial-mente, en los momentos peores, en los momentos de conflictoo tensión.Como sociedad, hemos de avanzar en el desarrollo de propuestasque garanticen la “salud” de nuestros comportamientosrelacionales, que afiancen la confianza, la seguridad emocionaly la autoestima de nuestros niños y adolescentes. Siempre enclave de tolerancia, de incondicional apoyo, de estable yrazonable supervisión, de patrones y modelos de conductaadecuados.Esperamos y deseamos que la presente Guía represente un marcopara la reflexión sobre los modos y maneras de entender einterpretar esa parte más compleja de las relacionesinterpersonales con nuestros hijos.
Pedro Núñez Morgades
Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid
 
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Cómic
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