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Cuernavaca, Morelos, 18 de marzo de 2012 Santísimo Padre, hermano en Cristo, Benedicto X VI: Te hablo de tú, porque Cristo nos enseñó a hablarle al Padre y al hermano con ese tú tanfamiliar, tan íntimo como el del amor trinitario; con ese tú, que en el yo que habla, seconvierte en el nosotros de la comunidad. Te hablo de tú, en nombre de ese nosotros,porque sabemos que vienes a México y que llegas en las proximidades de la Semana Santa,esa semana misteriosa y terrible donde el inocente de los inocentes padece la traición, elsufrimiento y la desesperación, esa semana en la que yo, hace un año y al igual que nuestroPadre, tuvo que padecer el doloroso asesinato de su hijo; esa semana en la que desdeentonces como poeta e hijo de la Iglesia me uní a la voz de todos las madres, padres,hermanos, hermanas, hijos e hijas, que han padecido ese mismo dolor del Padre que laIglesia entera volverá a sentir esta próxima Pascua. Por eso, antes de tu llegada a México, he venido en nombre de ese nosotros hastaRoma para decirte, desde nuestro dolor de víctimas, que México vive en el sufrimiento deesa semana desde hace cinco años, un sufrimiento que se extiende por el continenteamericano como el cuerpo vilipendiado de Cristo. Tenemos, según cifras oficiales, 47 mil551 asesinados de las formas mas horribles y despiadadas —esto quiere decir mas de losmuertos en Irak en el mismo periodo y casi dos veces mas del número de víctimas en Afganistan--, mas de 20 mil desaparecidos de los cuales el gobierno no puede dar cuenta desu paradero, mas de 250 mil desplazados y de migrantes centroamericanos viviendo encondiciones inhumanas --a los que día con día se agregan decenas de mas muertos, de masdesaparecidos y desplazados- y un 98% de impunidad. Esto quiere decir que si alguienasesina, secuestra o explota a alguien hay sólo el 2% de posibilidad —es decir, casi nada—de que se le atrape y se le castigue conforme a la ley. México y Centroamérica, amado Benedicto, son en este momento el cuerpo deCristo abandonado en el Huerto de Getsemaní y crucificado en medio de dos delincuentes.Un cuerpo, como el de Nuestro Señor, sobre el que ha caído toda la fuerza de ladelincuencia, de las omisiones y graves corrupciones del Estado y sus gobiernos, de laprohibición del consumo de drogas en Estados Unidos, de su producción de armas quedelincuencia, de las omisiones y graves corrupciones del Estado y sus gobiernos, de laprohibición del consumo de drogas en Estados Unidos, de su producción de armas quepasan ilegalmente a nuestro país para armar a los delincuentes, del lavado de dinero quedeja cuantiosas sumas, de una Iglesia jerárquica que -con sus excepciones y su mejor rostro, los religiosos-guarda un silencio cómplice, y de un mundo -ese american way of life- que ha reducido todo a la producción, el consumo y el dinero, instrumentalizando alos seres humanos; un cuerpo, como el de nuestro Señor, herido, llegado, vilipendiado,humillado, criminalizado, mezclado con asesinos, vive en la inseguridad, la injusticia y elllanto; un cuerpo, que en los miles de rostros que hemos visto en nuestro largo peregrinar por la nación, reuniéndolos, consolándolos y visibilizándolos, en su angustia, en suspalabras de miedo, de coraje y de abandono, pregunta, como Cristo preguntó en Getsemaniy en el Gólgota: ¿Dónde está el Padre? ¿Dónde, después de la Resurrección, están los querepresentan su amor, los que afirman hablar en su nombre y responder al dolor de Cristo ensu pueblo con esa misma esperanza? 
 
Cuando llegues a México, amado Benedicto, y arunque sabemos que sabes de estehorror, queremos recordarte que detrás del decorado mediático y político que corno siemprete montarán para borrar el cuerpo de Cristo mientras los que dicen representar la palabra deDios y los que dicen representar la palabra del pueblo lo mantienen secuestrado en elbanquillo de los acusados, quienes realmente viene hacia ti son -te lo voy a decir con partede los versos que María Rivera escribió para describir nuestro dolor- “los descabezados/los mancos, los descuartizados/ a las que les partieron el coxis, a los que les aplastaron lacabeza,/ los pequeñitos que lloran! entre paredes oscuras [...]/ los que duermen enedificios! de tumbas clandestinas! [. . .]/ con los ojos vendados, atadas las manos, / baleadosentre las sienes./ Vienen los que se perdieron por Tamaulipas, los cuñados, yemos, vecinos,/la mujer que violaron entre todos antes de matarla,/ el hombre que intenóo evitarlo y recibióun balazo! [...]/ los muertos que enterraron en una fosa en Taxco/ los muertos queencontraron en parajes alejados de Chihuahua, los muertos que encontraron esparcidos enparcelas de cultivo/ los muertos que encontraron tirados en Guanajuato, los muertos queencontraron colgados en los puentes/ los muertos que encontraron sin cabeza en terrenosejidales,/ los muertos que encontraron a la orilla de la carretera, los muertos queencontraron en coches abandonados, los muertos que encontraron en San Fernando, laspiernas, los brazos, las cabezas, los fémures de muertos! disueltos en tambos! [...]”, losdesaparecidos, a lo que a nadie importa; vienen también los huérfanos, las viudas, los queperdimos a nuestros hijos y carecemos de nombre, porque es antinatural; vienen losmil rostros del cuerpo ofendido, martirizado, destrozado, irreconocible, inconsolable y olvídadode Cristo. En nombre de ellos, de ese nosotros, de ese cuerpo, he venido a Roma, Benedicto,para pedirte que en tu visits a México lo abraces, antes que a nadíe. como el Padre abrazó elcuerpo adolorido y asesinado de Cristo, para que lo lleves en tus brazos y lo oonsueles; paraque nos hagas sentir la respuesta de Ia resurrección fi'ente a la muerte y el dolor que loscriminales, un Estado fracturado y administrado por goblefnos y partidos con-uptos y unalglesia jerárquica que casi siempre responde por sus intereses políticos, nos han impuesto.México y Centroamérica somos hoy el cuerpo de Cristo que el poder de ladelincuencia, del Estado y de las omisíones de gran parte de nuestra jerarquía oonvirtió enmaldición, ese cuerpo desdichado que en sus lágrimas de sangre busca, como Cristo enGetsemaní y en el Gólgota, la respuesta del Padre.Si tu no la das, amado Benedlcto, si tu no reoonvienes a nuestra lglesia para que,como la madre que debe ser, tome -como lo han hecho, contra el poder y sus intereses,quienes han tomado la causa del hombre, del Cristo vilipendíado, que es la causa de Dios-la esperanm en la colnunión profimda de Ia resurrección quedará destrozada en el cuerpohumillado de Crísto que es boy México, Centroamórica y todos aquellos que aguardan larespuesta del Padre al mal y la injusticia que nos destroza.Queremos que, a través de ti, que representas el amor del Padre en Cristo, y no elpoder del César, nuestra lglesia responda por el dolor del hijo y la ayudes a se:verdaderamente Madre: a responder en los actos, en la encarnación de la palabra, lo que ialgún día la Virgen dijo al más pobre de los pobres en el monte "Tepeyac" frente a su dolor .y su humillación; “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?’. 
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