/  275
 
 
PRÓLOGO“La caída de Allende. Anatomía de un Golpe de Estado”
Este libro no es una novela aún cuando describe tortuosos ysofisticados complots a largo plazo y tenebrosas maquinacionesde quienes, según Erich Fromm, le “tienen miedo a la libertad”, ysórdidos sueños y proyectos de dominación mundial propios denovelas de política-ficción. No es más que un pálido reflejo de larealidad del mundo de las dictaduras militares latinoamericanas,en general, y de la chilena en particular. Su credibilidad podríaresultar difícil porque siempre la monstruosidad de lo real, de laesquizofrenia social en algunos lugares y momentos, supera lafantasía. Y así es la realidad social de los países dominados pordictaduras militares y por clases sociales nuevas y hegemónicasbasadas en la Doctrina de la Seguridad Nacional y en lostotalitarios principios del llamado “neo-liberalismo” económico.Los hechos narrados aquí se prueban por sí solos, o indicolas fuentes que los prueban. Analizo teoas y doctrinas que justificaron prácticas reaccionarias en la Alemania nazi y que,mediante procesos de transmutación, hoy rigen los destinos deArgentina, Brasil, Guatemala, Chile, Uruguay, Paraguay y Turquía,y que, mañana, si el movimiento popular francés no encuentra lastácticas correctas frente a la defensa del Poder y frente a losmilitares, pueden regir en Francia.Y la doctrina a la que me refiero, tiene ya su práctica en los paísesque he mencionado. Nada nació hoy. Todo tiene su origen en elpasado. Y todos los fenómenos reaccionarios tienen la mismatextura. Las teorías nazis no han muerto. El Holocausto no haterminado. Escribo sobre el proceso reaccionario chileno hasta imponer ladictadura militar porque lo vivimos en carne propia, lo conocemos. Todosdebemos dar nuestro testimonio y analizar y exponer las teorías y los hechos que jugaron un rol en el llamado “caso Chile”. Este es mi testimonio, ésta es miexperiencia, éstas fueron mis ilusiones, y éste fue mi trabajo.Durante los mil días del gobierno constitucional, democrático y legal de la UnidadPopular presidido por el Dr. Salvador Allende, me desempeñé como asesor jurídico para la Defensa de la Seguridad del Estado en las provincias deValparso y Aconcagua, como fiscal de la Corporacn de Desarrollo deValparaíso y Aconcagua, como presidente de la “Sociedad Industria y MaquinariaMédica Valparaíso Ltda..”, abogado de CODELCO en Valparaíso y de diversasempresas del área social de la producción. En estas funciones trabaconalmirantes, con altos funcionarios de la Marina chilena, del Ejército y de otrasramas de las Fuerzas Armadas, así como con hombres de los llamados Serviciosde Inteligencia y de la Policía Política. Resolví las situaciones jurídico-procesales
 
de más de cinco mil sediciosos, terroristas, saboteadores, mercaderes ilegales ytraficantes del mercado negro. Afronté quinientas noventainueve denuncias porinfracción a la Ley de Control de Armas y numerosas por contrabando ydesabastecimiento hacia Mendoza, Salta, Santa Cruz y Tacna. Ordené requisararmamentos y explosivos, reciinformaciones de funcionarios chilenos yextranjeros, detectamos las reuniones conspirativas del almirante José T. Merino,y la del 5 de septiembre de 1973, en la Escuela Naval, en la que se constituyó laJunta Militar. Al amanecer del 6.9.73, me enfrenté en nombre del gobierno con losprimeros marinos sublevados en Valparaíso.En mi trabajo pude constatar la acción de las dos agencias de inteligencia queactúan a nivel internacional y que operaban en Valparaíso. En noviembre de 1972recibí una confidencia relativa a que la situación de Chile, cuando viniera unnuevo “paro patronal”, desembocaría simplemente en un golpe militar. Laprofesión de abogado no se limita, a veces, a la fría letra de la ley cuando seejercen funciones de Asesor Jurídico de un gobierno como el de la UnidadPopular. El trabajo de defender una causa revolucionaria es apasionante. Y exigeanalizar los hechos.En diciembre de 1972, observamos con el Prefecto de Investigaciones deValparaíso, Juan Bustos, las contestaciones que nos daban los terroristasdetenidos in in. Un grupo decía: “Las Fuerzas Armadas se dividirán y en unaguerra civil los derrotaremos”. Otro grupo dea: “Arrasaremos con uds.,barreremos con todos uds., están perdidos”. Analizados los datos establecimos: a)el primer grupo era simplemente de civiles; b) el segundo grupo estaba formadopor tenientes, sub-tenientes y ex – cadetes de las Fuerzas Armadas. Y a través deestos febriles meses fue evidente que existían dos tácticas contrarrevolucionariasinsurreccionales diferentes: a) la táctica de los civiles: la guerra civil y b) la tácticade los militares: la masacre civil.El gobierno de Salvador Allende, el gobierno de la Unidad Popular, era imbatiblelegalmente pues actuaba identificando su ctica defensiva, su cticaantiinsurreccional con el respeto, la defensa y la vigilancia del estado de derecho.Y dentro del marco sangriento de una auténtica guerra civil, en el supuesto dehaber existido realmente militares “leales” o de haberse producido –por el peso dela conducción revolucionaria del movimiento popular- una guerra civil y unadivisión de las Fuerzas Armadas, también era imbatible el movimiento popular. Nolo digo yo, lo dijo el Latinoamerican Desk del Pentágono en su informe “Chile enOctubre”. Es por esto que Allende exigió al aparato de defensa jurídico del Estadoel más fiel acatamiento a las leyes. Incurren en un error quiénes ingenua ycomplacientemente aceptaron como real la falsa imputación, según la cual, elgobierno de Allende se habría servido de “resquicios” legales para gobernar eimponer el área social de la producción. Fue el ordenamiento legal, las leyesvigentes, lo que permitieron el cambio de la estructura económica. Esto lo analizoen relación al vacío legal frente a las nuevas relaciones de producción quenacieron en el Chile de la Unidad Popular.
 
Allende y la Unidad Popular tenían claro lo que significaba, desde el punto devista de la reacción, Valparaíso, y de ahí que se designara un asesor jurídicoespecífico. Designación que cayó en mi persona. De mi trabajo debía informar alPresidente; a Daniel Vergara, sub-secretario del Ministerio del Interior; a SergioPolitoff, abogado jefe del Departamento Jurídico del referido ministerio; a OsvaldoPuccio, secretario privado de Salvador Allende; y, posteriormente, a OrlandoLetelier, cuando del ministerio del Interior pasó al de Defensa. A partir de junio de1973 informé también a los partidos Comunista y Socialista. Yo no era un militantede partido; era amigo personal de Allende, a quien conocí en mi ciudad en 1932.Fui comunista unos veinticinco años; expulsado en 1965 por razones que no sondel caso, no ingresé a ningún otro partido. Los cargos que desempeñé estabandentro de los que al presidente le correspondía designar.La táctica general antiinsurreccional de los partidos de la Unidad Popular estabacontenida en una consigna: ¡NO A LA GUERRA CIVIL! Como el defender a ungobierno popular es cuestión táctica, estimé que así como lacontrarrevolucióntenía dos tácticas, el gobierno y los partidos de la Unidad Popular debían tenertambién dos tácticas. No siendo yo militante de partido alguno, sino, simplefuncionario de gobierno, era justo que no se me informara de la táctica de lospartidos citados.La contrarrevolución civil – asesorada y económicamente financiada desde elexterior- provocó el caos económico, el desabastecimiento, el mercado negro, eltráfico de mercaderías hacia los países vecinos, los paros, las huelgas“patronales” de camioneros, transportistas, profesionales. Y desataron la “guerrapsicológica, principal arma con la cual nos vencieron anímicamente ydesestabilizaron el gobierno de Allende.La contrarrevolución tuvo también una cara militar. Esta empezó a actuar desdeel 4.11.70. Y cuando Allende resolvió aceptar las exigencias de los opositoresciviles, los altos mandos precipitaron el golpe militar y lo aniquilaron en formainfame. Dieron muerte a miles de chilenos encarcelaron a unos quinientos mil encincuenta y dos centros de concentración , en regimientos, barcos como “LaEsmeralda”, el “Lebu” y el “Maipo”, en Valparso. Obligaron a emigrar yexpulsaron a un millón de chilenos y mantienen una política neo-liberal a costa demas de cientos de miles de cesantes. Tanta violencia y sangre eran necesariaspara mantener el poder hegemónico de una nueva clase o capa burguesa: elcapital financiero, el capital fiduciario, improductivo y que ha desplazado a laburguesía industrial y a la oligarquía agraria. Esto todo dentro del modelo de laEscuela de Chicago, el plan Milton Friedman y otros.Este es un testimonio de cómo los oficiales chilenos entrenados y condicionadospor la teoría y la práctica de la Doctrina de la Seguridad Nacional cometieron elgenocidio en contra de su propia nación. Y es, también, el testimonio sobre unnuevo Holocausto en América Latina. No me refiero solamente a los miles deobreros, empleados, intelectuales, sacerdotes, profesionales asesinados en todaAmérica Central y del Sur, sino también a la matanza masiva y sistemática de

Share & Embed

More from this user

Add a Comment

Characters: ...