Allende y la Unidad Popular tenían claro lo que significaba, desde el punto devista de la reacción, Valparaíso, y de ahí que se designara un asesor jurídicoespecífico. Designación que cayó en mi persona. De mi trabajo debía informar alPresidente; a Daniel Vergara, sub-secretario del Ministerio del Interior; a SergioPolitoff, abogado jefe del Departamento Jurídico del referido ministerio; a OsvaldoPuccio, secretario privado de Salvador Allende; y, posteriormente, a OrlandoLetelier, cuando del ministerio del Interior pasó al de Defensa. A partir de junio de1973 informé también a los partidos Comunista y Socialista. Yo no era un militantede partido; era amigo personal de Allende, a quien conocí en mi ciudad en 1932.Fui comunista unos veinticinco años; expulsado en 1965 por razones que no sondel caso, no ingresé a ningún otro partido. Los cargos que desempeñé estabandentro de los que al presidente le correspondía designar.La táctica general antiinsurreccional de los partidos de la Unidad Popular estabacontenida en una consigna: ¡NO A LA GUERRA CIVIL! Como el defender a ungobierno popular es cuestión táctica, estimé que así como lacontrarrevolucióntenía dos tácticas, el gobierno y los partidos de la Unidad Popular debían tenertambién dos tácticas. No siendo yo militante de partido alguno, sino, simplefuncionario de gobierno, era justo que no se me informara de la táctica de lospartidos citados.La contrarrevolución civil – asesorada y económicamente financiada desde elexterior- provocó el caos económico, el desabastecimiento, el mercado negro, eltráfico de mercaderías hacia los países vecinos, los paros, las huelgas“patronales” de camioneros, transportistas, profesionales. Y desataron la “guerrapsicológica”, principal arma con la cual nos vencieron anímicamente ydesestabilizaron el gobierno de Allende.La contrarrevolución tuvo también una cara militar. Esta empezó a actuar desdeel 4.11.70. Y cuando Allende resolvió aceptar las exigencias de los opositoresciviles, los altos mandos precipitaron el golpe militar y lo aniquilaron en formainfame. Dieron muerte a miles de chilenos encarcelaron a unos quinientos mil encincuenta y dos centros de concentración , en regimientos, barcos como “LaEsmeralda”, el “Lebu” y el “Maipo”, en Valparaíso. Obligaron a emigrar yexpulsaron a un millón de chilenos y mantienen una política neo-liberal a costa demas de cientos de miles de cesantes. Tanta violencia y sangre eran necesariaspara mantener el poder hegemónico de una nueva clase o capa burguesa: elcapital financiero, el capital fiduciario, improductivo y que ha desplazado a laburguesía industrial y a la oligarquía agraria. Esto todo dentro del modelo de laEscuela de Chicago, el plan Milton Friedman y otros.Este es un testimonio de cómo los oficiales chilenos entrenados y condicionadospor la teoría y la práctica de la Doctrina de la Seguridad Nacional cometieron elgenocidio en contra de su propia nación. Y es, también, el testimonio sobre unnuevo Holocausto en América Latina. No me refiero solamente a los miles deobreros, empleados, intelectuales, sacerdotes, profesionales asesinados en todaAmérica Central y del Sur, sino también a la matanza masiva y sistemática de
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