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Gladsheim es el nombre de la quinta morada,donde se halla el espacioso Valhal que brilla como el oro. Allí Odín escoge cada día a los hombres que mueren por las armas. Los que a él van reconocen fácilmente la morada por su aspecto. Su techo está hecho con lanzas, la sala está cubierta de escudos.Un lobo vigila la puerta occidental, encima de ésta planea un águila.
Siegfried atesoraba esos recuerdos de la infancia como lo más valioso queposeía. En ocasiones, cuando trataba de conciliar el sueño y la presión porejercer la capitanía no se lo permitía, rememoraba los días en los que tanto élcomo sus compañeros recibían clases de historia a pies del ancestral árbol.Eran sólo unos niños, pero también los elegidos para perpetuar la estirpedel Norte. Sangre vikinga corría por sus venas, aislados en los confines de unmundo desalmado que no dejaba espacio para mitos y leyendas.Recitaban párrafos del canto de Grimner. Les hablaban de la gloria de losguerreros, y sobre cómo Odín velaría por ellos cuando fuesen dignos de proteger Asgard, pasando a formar parte de dichos relatos.Tras la batalla aguardaba la ansiada recompensa, dedicando la eternidada beber a la salud de los Dioses. Nada podía enorgullecerle más que ver cómosus hombres teñían de rojo la nieve virgen, despidiéndose de la tierra a la quehabían servido. Al sacrificarse por su hermosa valkiria supo que pronto sereuniría con ellos, y que nada volvería a separarles, volviendo a ser todoperfecto; inocentes, llenos de vitalidad, empapándose de la cultura que porherencia les pertenecía.Sus ojos celestes se abrieron lentamente, despertando del sueño mortalpor voluntad divina. Aturdido, observó lo que su vista desenfocada lograbacaptar, buscando por inercia lo que le había sido prometido. Tras varios minutossu perplejidad se tornó frustración, luego furia, finalmente decepción.El techo era alto, recubierto de piedra en lugar de lanzas. Las paredesestaban revestidas de madera noble, no de escudos. Tampoco había bancoshechos de coseletes, o un sinfín de cuernos en los que el néctar esperaba a ser