Los ecuatorianos: un pueblo bárbaro
Leído desde la tradición cívico-patriótica del Estado ecuatoriano, Montalvo ha sido considerado unpaladín justiciero, férreo detractor de las tiranías de su tiempo a la vez que defensor del pueblo indefenso yanalfabeto. No es casual que el día de su nacimiento, el 13 de abril, se haya consagrado oficialmente comoel día del maestro ecuatoriano y distintas escuelas e instituciones educativas públicas hayan adoptado sunombre como estandarte.
En
San Juan Montalvo
(1960), el devoto libro de Clodoveo González, Montalvoes un
soldado, campeón de la libertad, maestro de los maestros laicos.
El nombre e imagen de Montalvono solo se ha materializado en monumentos, plazas, calles o la misma moneda nacional, sino que supresencia modélica ha justificado diversas políticas culturales y educativas, planes de estudio y lecturaciudadana.Pero Montalvo, muy a pesar del pedestal que la ideología cívico-patriótica ha intentado levantarle,aparece ambivalente en su forma de valorar al pueblo ecuatoriano. La problemática político-intelectual deMontalvo en
Las Catilinarias
revela una suerte de aporía o lugar de indeterminación conceptual en surepresentación del pueblo que la critica tradicional ha pasado por alto. Por un lado, el pueblo, tomado comounidad orgánica de todas las clases sociales, es el fundamento de la unidad cívico-política nacional, deacuerdo con los principios del liberalismo; este es el discurso de un pueblo ideal con el que el ambateño sesiente exaltado (
Las Catilinarias
113). Por otro lado, en un sentido histórico-social y restringido a lossectores subalternos analfabetos, el pueblo aparece como el lugar de corrupción y barbarie cultural quesirve de apoyo a la tiranía; el ecuatoriano, escribe Montalvo, es un (
Las Catilinarias
174); Montalvocalificará al Ecuador como (254).En este capítulo, indagaré el universo de ideas asociado a la manera romántico-liberal en queMontalvo proyecta a los ecuatorianos como ese
pueblo-imaginado
: alfabeto, ilustrado, católico, respetuosode la ley; para llegar finalmente a su amargo y violento desencanto con el pueblo , considerado por él,complaciente, atemorizado con los tiranos, y muy inferior en el grado de ilustración pública a los pueblosmodelo europeos.EL PUEBLO SOMOS TODOSYa desde la primera diatriba de
Las Catilinarias
, el esta definido como ese .
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El pueblo es eltribunal inexorable; la fuerza depositaria que levanta o aplasta los gobiernos; la comunidad social sujeta aunas mismas leyes y que solo al Estado debe obediencia. Tal como lo ha explicado Roig, la idea de , enMontalvo, esta entendida como una unidad armónica de todas las clases sociales; un régimen dentro delcual las distintas esferas de lo civil, lo eclesiástico y lo militar, se verían vinculadas. Escribe el ambateño:
En razón de las leyes divinas reconocemos el poder de Dios, en razón de las naturales acatamos a lanaturaleza,
en razón de las humanas dependemos los ciudadanos unos de otros, y todos juntos somos esclavosrespetables del soberano invisible que esta ahí erguido y magestuoso con el nombre de Estado
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(la cursiva esmía).
El pueblo, en suma, es sujeto –sujeto/sujetado diríamos hoy con Foucault– de la ley del Estado,lugar de la composición ciudadana, y como veremos enseguida, Montalvo lo entiende además, como unorganismo vivo; se refiere al pueblo bajo la metáfora de un . Cito
Las Catilinarias
:
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(la cursiva es mía). Lametáfora no es solo fruto de una comparación retórica sino que implica una subtrama de supuestosideológicos: lo primero, sin duda, es que cada parte del pueblo –cada clase social– esta subordinada al todoy no puede existir de manera separada; por eso el pueblo es un
uno
orgánico e integrado con el que es elEstado. Tal unidad, por supuesto, no es sino la proyección imaginada de la misma
escritura
, en tanto que elterritorio y la organización política del mismo Estado, permanecen en los albores de la república todavíainciertos.La metáfora permite además pensar en una función natural asignada a cada parte. En sus
Leccionesal Pueblo,
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Montalvo escribirá que .
5
Se trata, en definitiva, de una justificación ideológica de la unidad de
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