Breve análisis sobre las declaraciones juradas del anillo de Oyarbide y algunas reflexiones sobre su “famoso” anillo
Comencemos por el principio y una breve recapitulación de los acontecimientos hasta la fecha vinculados con el descubrimiento de esa posible joya de un cuarto de millón de dólares en manos de un juez de La Nación (que, además, está a cargo de una buena porción de las causas de corrupción de funcionarios públicos actuales y pasados, es decir un magistrado que también tiene en sus manos a varias personas muy importantes para la ciudadanía).
La noticia apareció en una sección en off en el Diario La Nación a raíz de versiones de empleados y funcionarios que trabajan en su juzgado que, frecuentemente, se enterarían de actividades y compras del juez que -en principio- no serían demasiado compatibles con los ingresos que dice tener Oyarbide en sus declaraciones juradas. Según la supuesta fuente, el magistrado se vanagloriaría de que la joya vale USD 250.000 y que para comprarlo habría vendido muchos regalos que se le habrían hecho en los últimos años.
Al día siguiente, apareció en el diario Perfil una nota en la que se muestran imágenes del anillo. De acuerdo al diario, estimaciones de joyeros calcularon el valor en alrededor de USD 250.000. Ese mismo día, según el diario Clarín, los diputados Gil Lavedra y Patricia Bullrich pidieron que el juez explique ante el Consejo de la Magistratura las fuentes patrimoniales que permitieron la adquisición de la joya. Sin embargo, de la nota no se extrae si los legisladores efectuaron alguna denuncia.
El 21 de enero otra nota de La Nación revela que el juez habría estado de vacaciones con su concubino, en las que habrían gastado alrededor de USD 35.000 en vacaciones en Punta Cana.
El 31 de enero el diario La Nación informa que la diputada Bullrich efectuó efectivamente la denuncia y, ya en febrero, se consultó al juez sobre la situación, sobre lo cual expresó que “de cosas del pasado” no habla. El día 7 de febrero el juez informó a la prensa que el anillo será incluido en la declaración pública de este año.
Durante el año pasado -como hemos informado a través del blog- solicitamos todas las declaraciones juradas de los jueces federales, por lo que ahora estamos en condiciones de efectuar un análisis más detallado de esta situación. El Consejo de la Magistratura ha entregado a esta asociación los documentos correspondientes al año 2007, 2008 y 2009.
Varias son las cuestiones que suscitan un análisis técnico, vinculado a un potencial enriquecimiento ilícito u el delito previsto en el artículo 268 del Código Penal
(“Será reprimido con prisión de quince días a dos años e inhabilitación especial perpetua el que, en razón de su cargo, estuviere obligado por ley a presentar una declaración jurada patrimonial y omitiere maliciosamente hacerlo. El delito se configurará cuando mediando notificación fehaciente de la intimación respectiva, el sujeto obligado no hubiere dado cumplimiento a los deberes aludidos dentro de los plazos que fije la ley cuya aplicación corresponda. En la misma pena incurrirá el que maliciosamente, falseare u omitiere insertar los datos que las referidas declaraciones juradas deban contener de conformidad con las leyes y reglamentos aplicables).
Las declaraciones muestran una situación patrimonial incompatible con la adquisición de una joya de un valor tan alto
Como se advierte de cada una de las declaraciones pasadas del juez, el juez no contaba hasta entonces con una situación patrimonial suficiente para utilizar una alhaja de las características de las que ha utilizado en el pasado o realizar unas vacaciones como las que aparentemente realizó.
Personal del juzgado en el que está subrogando el magistrado (Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Nº 7 de la Ciudad de Buenos Aires) habría hecho trascender a la prensa –concretamente a periodistas del diario La Nación- que el magistrado se ufanó por mostrar delante de esos empleados su nueva adquisición y comentó que había pagado por ello USD 250.000.
Sus ahorros ascendían –hasta la declaración de 2010- a la suma de 68.000 dólares y 38.000 pesos. Por otra parte, hace pocos días, el juez comentó a la prensa que había comprado el anillo luego de vender otros regalos que había recibido. A esto hay que sumarle la denuncia de la hija de un amigo de Oyarbide –Lorena Martins- que asegura que su padre le había hecho regalos al juez, lo cual aparejaría el problema de que el magistrado no se excusó en una causa en la que lo investigaban.
Si fuera cierto –lo que debe comprobarse con la tasación pertinente- que la joya tiene ese valor habrá de examinarse la particularidad de esa adquisición y su fecha. Se trata de un examen muy concreto, fácil de realizar y que no debería llevarle al Consejo de la Magistratura –o al magistrado que investigue el posible enriquecimiento ilícito u omisión de inclusión en la declaración jurada- un tiempo excesivo. Lamentablemente, como lo venimos denunciando los tiempos del Consejo de la Magistratura y la justicia federal no son los esperados por la ciudadanía en general.
Falta de detalle de la declaración de 2009
En el año 2010 el magistrado presentó una nota explicando que su patrimonio no “ha sufrido cambios significativos que ameriten la confección del juego de formularios presentados en esa oportunidad”. Sin embargo, de acuerdo al Reglamento de Declaraciones Juradas del Consejo de la Magistratura (artículo 10), “la declaración jurada patrimonial será firmada en todas sus hojas por el presentante e incluirá el juramento de que los bienes, créditos, deudas y actividades desarrolladas son fehacientes y actualizados, que no se cuenta con otros ingresos manifestados y que también es exacta la nómina del cónyuge o conviviente e hijos menores”.
La forma escogida por el Dr. Oyarbide (como se aprecia de la nota presentada ante el Consejo de la Magistratura) incumple con esa disposición por cuatro motivos:
Parcela en Cementerio
En el año 2001 el magistrado adquirió una parcela en el cementerio “Jardin de Paz” (también denominado “Memorial”), en el partido de Pilar. Según el juez lo hizo con fondos propios. Por un lado, el magistrado no completó adecuadamente el casillero previsto para la valuación (inscribió “no posee, jardin de paz”). Esto no es correcto pues se trata de un bien –terreno en ese cementerio que se comercializa en el mercado-. Por el otro, la hija de Raúl Martins sostuvo recientemente que se trató de un regalo de su padre. Aquí pueden surgir dos problemas que merecen una seria investigación:
Valuación inapropiada del inmueble
Oyarbide insertó una valuación de $67.605 (pesos argentinos) a su inmueble que tiene una superficie aproximada de 70 metros cuadrados. Evidentemente, esa no es una valuación realista del valor del departamento en este momento.
Parece difícil también que la valuación fiscal sea tan baja pues se han efectuado revaluos en el sistema de impuestos locales de la Ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, aunque esto fuera así pese a que el casillero solo dice “valuación” debería haberse insertado una tasación estimada del departamento en la actualidad. A nadie le interesa conocer la valuación fiscal de un inmueble pues ello no guarda ninguna relación con la realidad. Los diarios informan constantemente el precio por metro cuadrado de los departamentos por lo que esa información es accesible a cualquier persona.
Un magistrado de la Nación debería haber presupuesto algo que resulta una obviedad. El sistema de declaraciones juradas promueve la revelación de parte de los funcionarios públicos de la situación patrimonial en cada año de funciones. Para brindar ese informe, deben incluirse los detalles más ajustados a la realidad posibles.