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MIGUEL ENRÍQUEZ Y LA UTOPÍA REVOLUCIONARIA_Manuel Cabieses Donoso

MIGUEL ENRÍQUEZ Y LA UTOPÍA REVOLUCIONARIA_Manuel Cabieses Donoso

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::05-10-2009Hace 35 años, Miguel Enríquez cayó combatiendo a la dictadura chilena
Miguel Enríquez y la utopía revolucionaria
Manuel Cabieses DonosoPunto Final
"La utopía está en el horizonte. Caminamos dos pasos, ella se alejados pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".
Eduardo GaleanoEl sacrificio de intereses personales, capaz de alcanzar el heroísmo en defensa de ideales yconvicciones políticas, ya no existe en Chile. Sus últimas manifestaciones desaparecieron durantela larga jornada que comenzó con La Moneda en llamas y que se prolongó 17 años en desiguallucha contra la dictadura. La resistencia al terrorismo de Estado costó las vidas de miles dechilenos. La tortura, la prisión y el exilio se abatieron sobre muchos más. La derrota, el temor, ladesilusión y las traiciones hicieron lo suyo.El país cayó en el abismo al que lo empujó el neoliberalismo reforzado por una pandilla degenerales. Enseguida vino la interminable transición a la democracia y con ella, el cambio de pielde partidos que ayer fueron democráticos pero se convirtieron en fieles administradores de laherencia económica, social y cultural de la dictadura. El país fue reeducado en el olvido, generadorde los vergonzosos niveles de ignorancia política que exhibe hoy. En las tinieblas del atraso político-que esconde una espantosa desigualdad social- quedaron la historia, la identidad y hasta el almadel país. Chile se hizo ajeno a América Latina e indiferente a sus luchas que ayer también fueron lasnuestras.Sin embargo, esto no será eterno y es ley de la vida que debe cambiar. Llegado el momento delevantar un nuevo proyecto de liberación económica, política y social, Chile evocará a sus héroes.Allí estará el legado de sus ideas que permitirán abrir las "grandes alamedas por donde pase elhombre libre, para construir una sociedad mejor". En ese momento de ardiente creación colectiva, junto a la sombra inspiradora de Salvador Allende estará la de Miguel Enríquez, el jovenrevolucionario al que recordamos en este aniversario de su muerte. Ambos son ejemplos de valor yde resuelta disposición a entregar la vida -que amaban apasionadamente- por sus ideales. Ellos
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dejaron una herencia preciosa: sus ideas revolucionarias que en esta hora de América Latinavuelven a convocar a la militancia y a la acción.Un jefe de revoluciónHace 35 años -en la tarde del 5 de octubre de 1974-, Miguel Enríquez Espinosa cayó combatiendo ala dictadura. De 30 años, médico, nacido en Concepción, Miguel era secretario general del MIRdesde 1967. Se negó a salir al exilio después del golpe militar, cuando muchos compañeros se lopedían para proteger a un cuadro excepcional. Pero él prefirió sumergirse en la clandestinidad.Afrontando enormes dificultades se dedicó a organizar un movimiento de Resistencia Popular. Suincesante actividad fue dejando huellas, que finalmente condujeron a los servicios de seguridadhasta su refugio en la calle Santa Fe de la comuna de San Miguel. Allí, junto a su compañera,Carmen Castillo Echeverría -que fue capturada herida-, y a otros dos camaradas -HumbertoSotomayor y José Bordaz, que lograron huir-, se enfrentó a las fuerzas represivas. Su negativa arendirse sólo terminó con la muerte. Su cuerpo desnudo y destrozado fue entregado al día siguiente-por mediación de un obispo católico- a sus padres. "Tenía diez heridas a bala. Una de ellas, laúltima, le entró por el ojo izquierdo y le destrozó el cráneo", relató su padre, el doctor EdgardoEnríquez Frödden.El 7 de octubre a las 7.30 de la mañana, sólo ocho miembros de la familia fueron autorizados parasepultarlo en el Cementerio General de Santiago. Un destacamento de carabineros vigilaba decerca. "Miguel Enríquez Espinosa, hijo mío", dijo su madre con voz entera en el momento en quedepositaba el único ramo de flores permitido, "hijo mío, tú no has muerto. Tú sigues vivo y seguirásviviendo para esperanza y felicidad de todos los pobres y oprimidos del mundo"(1). El 15 de agostode 1965 Miguel fue uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y pasóa dirigirlo dos años después. Era respetado no sólo por sus camaradas, sino también por muchaspersonas con las que tuvo fuertes polémicas. En esos debates -a pesar de su juventud- demostrabaamplio conocimiento de los temas y capacidad para exponer con claridad sus ideas. Ya a los 17 años Miguel organizaba movilizaciones en Concepción en defensa de la RevoluciónCubana, cuando la invasión imperialista de Playa Girón. El proceso que forjó su liderazgo y quetrazó la identidad del MIR se inspiraba en la formación política y armada de sus militantes, y estuvomuy influido por Cuba revolucionaria. Es efectivo lo que dijo un dirigente del Partido Comunista deese país, en 1974: "Quizás si en la personalidad revolucionaria de Miguel Enríquez, en el fuego juvenil de los combatientes del MIR, e incluso en la intransigencia revolucionaria que lescaracterizaba y que en ocasiones nos hacía desear que adoptaran mayor flexibilidad ante lassituaciones políticas concretas, está sin embargo una de las más nítidas imágenes de la influenciade Cuba en el movimiento revolucionario latinoamericano"(2).La forma en que la dirección del PCC valoraba a Miguel se refleja en ese discurso de Armando Hart.Compara al revolucionario chileno con héroes del asalto al Cuartel Moncada y de la lucharevolucionaria contra la dictadura de Fulgencio Batista. "Para transmitir al pueblo cubano -dijo Hart-una imagen de su personalidad, de su significación, de lo que él representa para el futuro de Chile,recordemos nombres como los de Abel Santamaría, José Antonio Echeverría y Frank País". Y añadiócategórico: "Miguel Enríquez no había dado de sí todo lo que era capaz de dar. Si se le mide por loque ya era, hay que destacar, sin temor a que el sentimiento o la emoción nuble el razonamiento,que en Miguel Enríquez despuntaba un jefe de revolución". Es cierto, Miguel -después de la heroicamuerte de Salvador Allende en La Moneda- representaba la posibilidad de construir un nuevoliderazgo revolucionario que recogiera la lección que dejaba la conspiración para derrocar a Allende
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fraguada por la derecha, la Democracia Cristiana, el imperialismo y las fuerzas armadas. Elliderazgo de un jefe capaz de conducir las acciones armadas, políticas y sociales para derrocar a ladictadura e iniciar la construcción de una sociedad democrática y socialista.El país que cambióHace 35 años esa esperanza se tronchó con la muerte de Miguel Enríquez. La brutalidad delterrorismo de Estado y los devastadores efectos culturales del modelo neoliberal, frustraron losintentos de la Resistencia Popular y del Frente Patriótico Manuel Rodríguez por cultivar la esperanzarevolucionaria. Pero en definitiva, la dictadura fue obligada a regresar a sus cuarteles. La iniciativapolítica quedó en manos de los sectores burgueses que venían siendo preparados para la transiciónpor el Departamento de Estado norteamericano y la Socialdemocracia europea. El Chile de hoy esun país muy distinto al de Allende, Miguel y los miles de héroes y mártires de la Izquierda chilena.La solidaridad, soporte de los sueños colectivos y de la conciencia del deber social -que en Chilehabía alcanzado altas cimas-, ha desaparecido casi por completo. El país carece de una utopía quepermita unir y movilizar las fuerzas para avanzar hacia el horizonte de justicia social. El pueblochileno es tratado como un rebaño de ovejas que se resignan a cumplir ese papel. Se encuentra amerced de la oligarquía que maneja sus sentimientos y expectativas a través de los medios decomunicación. Ha quedado sin capacidad crítica, carente de participación y sin voluntad políticapara remover los obstáculos que impiden alcanzar una plena democracia. El actual períodoelectoral, que permite cierto grado de atención a temas barnizados de política, prueba elempobrecimiento del ciudadano en tanto agente activo y crítico del desarrollo democrático.Los candidatos con posibilidades de victoria -consagrados en esa condición mediante lacomplicidad de mañosas encuestas y manipulaciones de la prensa oligopólica-, representan más delo mismo. Ninguna propuesta toca el corazón del sistema. Ninguno se compromete con unaAsamblea Constituyente que elabore una Constitución democrática. Ninguno plantea medidas quehieran los poderosos intereses nacionales y extranjeros que controlan la economía. (En este puntocabe una digresión. Como consecuencia de la crisis capitalista que ha dejado en evidencia laincapacidad del mercado para autorregularse, los administradores del sistema comienzan a eludirresponsabilidades. Se escucha nada menos que al ex presidente Ricardo Lagos criticando alneoliberalismo, aunque el suyo fue uno de los gobiernos más neoliberales del mundo. Lo mismosucede con la presidenta Michelle Bachelet que habla del "fin del paradigma neoliberal" y reivindicael rol del Estado. Sin embargo, su gobierno no ha hecho otra cosa que respetar las reglas de juegodel neoliberalismo. Por último, el candidato presidencial de la Concertación, Eduardo Frei, reclama"Estado y más Estado", pero su gobierno privatizó el agua potable, los puertos, etc.).Ninguno de los candidatos creados por los titiriteros de la política hace mención a los escandalososprivilegios de las fuerzas armadas, sus descomunales gastos en armamentos y sus excepcionalesregímenes de previsión, así como al peso determinante que siguen teniendo en la conducción delpaís. Ningún candidato responde a las demandas del pueblo mapuche. Ninguno se compromete conuna solución a la justa demanda de Bolivia de una salida soberana al mar. Ninguno planteaterminar con las AFPs, ni se pronuncia por una salud y educación públicas. Tampoco porrenacionalizar el cobre -de nuevo en manos extranjeras-, ni por nacionalizar la banca e impulsaruna reforma tributaria de verdad. Los vacíos -y silencios- son enormes en los programas de loscandidatos presidenciales. Así lo demostró el mediocre "debate" televisivo reciente. Es imposibleencontrar en sus discursos ni el atisbo de un proyecto de sociedad más justa. De una u otramanera, se declaran continuadores del gobierno de Bachelet, incluyendo al aspirante derechista. Elfuturo gobierno será por lo tanto, continuista en su esencia.Pero hay un futuro...
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