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Polar Mist

Polar Mist

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“¿Cuál es la idea, Polar Mist?” 
Sebastián Zírpolo----------------------------------------------------------------------------------------------------------El 14 de enero de 2008, el Polar Mist zarpó desde Punta Quilla, Santa Cruz, hacia PuntaArenas, con 9,5 toneladas de bullón dorado (oro sin refinar) que habían sido extraídas delas minas santacruceñas Cerro Vanguardia S.A, y Minera Tritón Argentina S.A. El valor total de la carga en ese momento era de 18 millones de dólares. Se trataba de un operativousual para la economía de la zona. El metal extraído de las minas provinciales se cargabaen el buque y, tras la fiscalización de Aduana, partía hacia Chile. Desde Punta Arenas ibaa Santiago en camión y de allí se iba en avión a Suiza, donde los compradores, lacompañía Anglo Gold Ashanti, propietaria del paquete accionario de Cerro Vanguardia,esperaban el bullón para refinarlo. La cantidad de postas que debía sortear el oro obedecea que las provincias de la Patagonia argentina ofrecen retornos fiscales a las empresas querealicen exportaciones desde sus puertos.La iniciativa del Estado santacruceño de fomentar el desarrollo de sus puertos se diluyecon los inexistentes controles para fiscalizar las condiciones en que se traslada el oro quesale de su tierra, aunque la operación sea entre privados: el Polar Mist era un barco pesquero pequeño, refaccionado para llevar cargas generales y que ya tenía 29 años deservicio en los mares de la Patagonia. El desinterés por exigirle a las mineras condicionesde transporte más seguras –o el interés por no hacerlo– puso a la provincia de Santa Cruzen un estado de sospecha de desfalco financiero y de connivencia con corporacionesmultinacionales. El transporte del oro en el Polar Mist era una operación legal, pero lasleyendas urbanas que circulan en Río Gallegos con las mismas ganas que sopla el vientoson a esta altura de una riqueza novelesca fulminante para cualquier intento detransparencia.A pocas horas de zarpar, tal como había advertido Prefectura Naval, el Polar Mist seencontró con una tormenta Mar 4, una manera sofisticada de explicar el enojo oceánicorepresentado por olas de cinco metros y vientos de 100 kilómetros por hora. La tormentaempeoraría aún más y llegaría a Mar 9. Durante casi un día y medio, el buque intentóentrar a la boca del Estrecho de Magallanes, pero el viento y el oleaje imposible lodetenían y amenazaban su estabilidad. El clima adentro del barco tampoco era bueno. Latripulación, siete marineros chilenos, empezó a presionar al capitán para que abandonasenel buque y pidiesen un rescate en alta mar. “No sé si llegó a ser un motín, pero al capitánlo presionaron”, asegura un hombre de la Prefectura que conoce el caso. Cuando elcapitán pulsó la señal de SOS, en la mañana del 16 de enero, el alerta recorrió toda lacosta patagónica.
“¿Cuál es la idea, Polar Mist?”
le preguntó el jefe de turno en laPrefectura de Río Gallegos.
“La idea -le dijo Olivares- es que nos vengan a salvar”
. Elrescate estuvo a cargo de un helicóptero Sea King de la Armada Argentina, que levantó alos ocho hombres del agua -porque era difícil hacerlo desde el barco, que se bambolebaentre las olas- vestidos con trajes térmicos para soportar el frío oceánico.El Polar Mist se hundió frente a la costa argentina con 18 millones de dólares en oroextraído de minas de Santa Cruz. La Justicia tiene indicios de que se trató de un naufragio provocado por la mano del hombre y no por las inclemencias de la tormenta que locastigó antes de sumergirse. Pero hay quienes piensan que hubo algo más. Para MartinBöni, al Polar Mist, a su barco, lo hundieron mientras intentaban quedarse con el oro.Böni, de origen suizo, es presidente de Securus Logistics, empresa que se dedica a
 
transportar metales preciosos en todo el mundo. Su compañía era la encargada de llevar eloro por mar, aquel enero de 2008, desde Santa Cruz hasta Punta Arenas, Chile. El Polar Mist era suyo. Desde el hundimiento del barco nunca habló abiertamente con ningún periodista, hasta hoy, que se decide a contar todo lo que sabe y supone sobre el naufragio:que su barco y su carga fueron hundidos por una empresa competidora para sacarlo a éldel mercado de transporte de oro patagónico.Me encontré con Böni en agosto de 2010 en el lobby del Hotel Nogaró, a cincuentametros de Plaza de Mayo. Por ser el segundo transportador de oro del mundo y llevar enlas bodegas de sus barcos 1.500 millones de dólares en oro por año, vestía bastanteextraño. Tenía puestos unos jeans celestes, una camisa manga corta con bolsillos color caqui arrugada y botas negras de cuero recién lustradas. Si no fuese por el maletín de lonaazul gastado que llevaba colgado del hombro izquierdo, que le daba cierto toqueejecutivo, hubiese pasado por uno de esos biólogos amables que tienen programas enAnimal Planet. Mientras le contaba que estaba escribiendo la historia del Polar Mist, Böniagarró su bolso, al que le veía ahora unas letras impresas que decían grande Perú – era un bolso barato, de los que regalan en los congresos o seminarios –, sacó una carpeta azul yla puso arriba de la mesa.- Ya lo sé. Aquí – señaló la carpeta – tengo toda tu vida. Te estuve investigando.- Ah. Bueno, debería haberlo investigado yo a usted también. Le dije.- Tú nunca sabrás nada de mi, Sebastián. Nos reímos los dos, con la diferencia de que yo no sabía de qué me reía y él sí.Esta es la reconstrucción de aquel monólogo escuchado entre las siete y media y las nuevede la noche a cien metros de la Casa Rosada
.“¿Se puede fumar acá? ¿No? En Chile también prohíben pero no se respetatanto. Voy seguido a Santiago, tengo un campo ahí, viñedos. Pero mi negocio estransportar oro. Soy el segundo transportador de metales del mundo. Llevo por año mil quinientos millones de dólares en metales ¿está bien? Trabajo en Africa, Argentina, Ecuador y algo en Perú. Si quieres poner que la mía es una empresa africana, chilena, suiza o argentina es lo mismo. La empresa soy yo. Lo que hago es ir a una minera,agarrar el oro y llevarlo hasta donde están los tipos que lo compran. Hay cinco tipos quecomprar oro nada más. No me importan los billetes que van de Suiza a Estados Unidos,viste, eso que lo hagan otros. A mi no me gusta el primer mundo, ¿ia? Yo trabajo en el  sur. Es más fácil, más expeditivo, ¿me entiendes?Aquella era la segunda vez que yo hacía el viaje desde Río Gallegos hacia Punta Arenas con el oro de Cerro Vanguardia. Ese viaje conviene hacerlo por mar porque las provincias patagónicas te dan plata por usar sus puertos para exportación. Entonces o lollevas a Chile o lo llevas a Montevideo, pero en Chile es todo más rápido. Los uruguayoscomplican todo. Ojo que era una operación legal, con Aduana, con todos los papeles,nada raro. No había oro de Kirchner ni todas esas boludeces que se dijeron. Entoncesdejas el oro en Punta Arenas y de ahí en avión a Suiza, donde ellos refinan el oro ¿ia? Hasta entonces ese negocio lo tenía Ultramar. Tampoco era un negocio de Ultramar, erade Brinks, la empresa americana de los camiones blindados amarillos que se ven por aquí. ¿Los haz visto? Bueno, Brinks subcontrataba a Ultramar. Yo trabajaba con Juncadella, y le había sacado el negocio bajando los costos, Ultramar ofrecía 100, y yo
 
ofrecía 50. Para poder armar eso me había comprado, con un socio argentino, el Polar  Mist, que era un barco pesquero. Un centollero era, un barco que no se hunde nunca,que lo llenas de agua y no se hunde nunca. ¿Pescaste centolla alguna vez? Bueno, lacentolla tiene que llegar viva al puerto, si no se te pudre. Entonces llenas la bodega decentolla y de agua. Y el barco no se hunde. La cuestión es que compré un pesquero porque es más barato, menos costos. Y las mineras presionan mucho por los costos,entonces me empezaron a contratar a mí. Primero cerré con Cerro Vanguardia, luegoTritón y estaba a punto de cerrar con San José. Esas son las únicas tres minerasauríferas que operan en la Argentina, y estaban todas cerrando conmigo y dejandoafuera a Ultramar, que tenía el monopolio de este negocio ¿Me entiendes? Tenían que sacarme del medio.Un día antes de que saliera ese embarque subí al Polar a una persona de confianza mío,un hombre que trabaja conmigo hace muchos años. Él es el pasajero del que hablantodas las crónicas del hundimiento. Es un chileno, ex carabinero, capitán de un barcoque patrullaba las Lennox y toda esas islas por las que se pelean entre ustedes. Un tipode mar. De esos mares. Estaba armado, claro, pero eso no lo puedes decir, ¿si? Le tengoconfianza porque los chilenos, quieren su salario, quieren que no los jodan. No seensucian, no quieren problemas. El fue el que me confió que si no abandonaban el barco se morían. Porque yo al capitán y los marineros no los conocía, los había contratado pero no sabían quiénes eran. El tema es que había olas de 12 metros, viento de 180kilómetros por hora y si no pedían un rescate se ahogaban. Eso fue lo que me dijo mihombre de confianza. Entonces mandaron el alerta, llegó el helicóptero de la Prefectura Argentina, se tiraron al mar y los rescataron. ¿Sabías que me hicieron un juicio? Me pidieron 150 mil dólares cada uno por haberse tenido que tirar al mar. Arreglé antes en15 mil. ¿Qué te parece? ¡Pero si no se tiraban se morían, Sebastian!
Ese octavo pasajero se llama Rolando Norambuena y trabaja con Böni desde hace cuatroaños en tareas de seguridad. Ex militar chileno, vigiló durante muchos años las islasPicton, Lennox y Nueva, tres desgracias geológicas, hay que decirlo, puro viento y piedra,que derritieron la grasa seca de los fusiles de Chile y la Argentina a fines de los 70. Ahoraes custodio del casino de Punta Arenas y, me dice, extraña el mar. Quiere escribir un librosobre su odisea a bordo del Polar Mist y ya contactó a un escritor que le oficie de
 ghost writer 
. Nunca, me aseguró ese hombre cortés que narra aquellas horas de incertidumbrecomo si casi morir ahogado fuera un riesgo cotidiano, había visto una tormenta así enmares que él conocía tan bien. Pero hay gente que no le cree. La ferocidad de la tormentaes motivo de suspicacias en la aldea de pesqueros de Punta Arenas. “Vi tormentas fuertes, pero jamás olas de diez metros. Esto no es el mar de Drake”. El que habla es capitán deun buque chileno con casi treinta años de navegación en los mismo mares donde navegóel Polar. En Punta Arenas, asegura, dudan de la versión de los tripulantes del Polar Mist.“¿Por qué se tiraron de un barco que no se estaba hundiendo? Era el lugar más seguro quetenían. Tirarse al agua fue una locura, un riesgo altísimo. El Polar Mist naufragó, pero nofue por la tormenta, por eso nadie entiende por qué pidieron un rescate”, dice.El Polar Mist se hundió recién un día y medio después de que Norambuena y los sietetripulantes lo abandonaran. Cuando quedó flotando a la deriva, Prefectura fijó un cercoimaginario sobre el Polar, porque su andar errante era peligroso para la navegación en lazona y porque su carga era una tentación. Horas después, al mediodía del 17 de enero de2008, apareció en el radar de la Prefectura en Río Gallegos un puntito verde que seacercaba al Polar Mist. Era el Beagle, un remolcador bandera chilena propiedad de

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