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LA GUÍA AZUL

LA GUÍA AZUL

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Ensayo de Roland Barthes incluido en "Mitologías".
Ensayo de Roland Barthes incluido en "Mitologías".

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11/11/2012

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LA GUÍA AZULLa Guía Azul sólo conoce el paisaje bajo la forma de lopintoresco. Es pintoresco todo lo que es accidentado. En laGuía Azul se reencuentra la promocn burguesa de lamontaña, el viejo mito alpino (viene del siglo XIX) queGide asociaba con toda justicia a la moral helvético-protestante y que siempre funcionó como una mezcla bastardade naturalismo y puritanismo (regeneracn por el airepuro, ideas morales ante las cumbres, el ascenso comocivismo, etc.). Entre los numerosos espectáculos promovidospor la Guía Azul con existencia estética, difícilmente seencuentra la llanura (salvo cuando puede decirse que esfértil), jamás la meseta. Sólo la montaña, la quebrada, eldesfiladero y el torrente pueden acceder al panteón delviaje, sin duda por el hecho de que parecen sustentar unamoral del esfuerzo y de la soledad. El viaje de la GuíaAzul se revela, así, como un ordenamiento económico deltrabajo, el sucedáneo fácil de la marcha moralizante. Esbueno recordar que la mitología dé la Gula Azul provienedel último siglo, de esa fase histórica en que la burguesíagozaba de una especie de euforia absolutamente fresca alcomprar el esfuerzo, conservar la imagen y la virtud de eseesfuerzo y, a la vez, no sufrir sus molestias. Endefinitiva, muy lógica y estúpidamente, la ingratitud delpaisaje, su carencia de amplitud o de humanidad, suverticalidad, tan contraria a ¡a felicidad del viaje, sonlos elementos que le otorgan interés. En última instancia,la Guía podrá escribir fríamente: "La ruta se vuelve muypintoresca (túneles)": poco importa que no se vea nada más,puesto que aqel nel se ha convertido en el signosuficiente de la montaña; es un valor fiduciario lobastante fuerte como para que uno ya no se preocupe decobrarlo. Así como se adula a la montuosidad hasta elextremo de aniquilar los otros tipos de horizontes, lahumanidad del país desaparece en provecho exclusivo de susmonumentos. Para la Guía Azul los hombres sólo existen como"tipos". En España, por ejemplo, el vasco es un marinoaventurero, el levantino un jardinero alegre, el catalán unhábil comerciante y el cántabro un montañés sentimental.Volvemos a encontrar aquí el virus de la esencia que estáen el fondo de toda mitología burguesa del hombre (motivopor el cual tropezamos con ella tan a menudo). La etniahispánica se reduce a un vasto ballet clásico, a una suertede comedia del arte muy cuerda, cuya tipología sirve paraenmascarar el espectáculo real de las condiciones, de lasclases y de los oficios. Socialmente, para la Guía Azul.,los hombres existen únicamente en los trenes, donde pueblanuna tercera clase "mezclada". Por lo demás, sólo sirvencomo elementos introductorios, componen un graciosodecorado novelesco, destinado a rodear lo esencial del
 
país: su colección de monumentos. Aparte de susdesfiladeros salvajes, lugares de eyaculación moral, laEspaña de la Guía Azul conoce un solo espacio: el que tejea través de algunos vacíos innombrables una cadena apretadade iglesias, sacrisas, retablos, cruces, custodios,torres (siempre octogonales), grupos esculpidos (la familiay el trabajo), portales romanos, naves y crucifijos tamañonatural. Como se ve, todos esos monumentos son religiosos,pues desde un punto de vista burgués resulta poco menos queimposible imaginar una historia del arte que no seacristiana y calica. El cristianismo es el primerproveedor del turismo y sólo se viaja para visitariglesias. En el caso de España ese imperialismo esbufonesco, pues el catolicismo se presenta a menudo comouna fuerza rbara que ha degradado espidamente loslogros anteriores de la civilización musulmana. La mezquitade rdoba, cuya maravillosa selva de columnas estápermanentemente obstruida por pesados altares, odeterminado sitio desnaturalizado por el vuelo agresivo deuna Virgen monumental (franquista), deberían incitar alburgs frans a entrever por una vez en su vida quetambién existe un reverso histórico del cristianismo. Engeneral, la Guía Azul testimonia la vanidad de todadescripción analítica que rechaza a la vez la explicación yla fenomenología: no responde a ninguna de las preguntasque un viajero moderno puede plantearse cuando atraviesa unpaisaje real, que existe. La selección de los monumentossuprime la realidad de la tierra y la de los hombres, notestimonia nada del presente, es decir histórico; por eso,el monumento se vuelve indescifrable, por lo tanto,estúpido. De esta manera, el espectáculo estápermanentemente en as de aniquilación y la Guía seconvierte, por una operación común a toda mistificación, enlo contrario de lo que pretende, en un instrumento deocultamiento. Al reducir la geografía a la descripción deun mundo monumental e inhabitado, la Guía Azul expresa unamitología ya superada por una parte de la misma burguesía.Es evidente que el viaje se ha convertido (o vuelto aconvertir) en una a de aproximación humana y no ya"cultural". Otra vez (quizás como en el siglo XVIII) elobjeto fundamental del viaje esconstituido por lascostumbres en su forma cotidiana y la geografía humana, elurbanismo, la sociología, la economía, trazan los cuadrosde los verdaderos interrogantes de hoy, inclusive laspreguntas más profanas. La Guía Azul se ha detenido en unamitoloa burguesa parcialmente perimida: aquella quepostulaba el arte (religioso) como valor fundamental de lacultura, pero que sólo consideraba sus "riquezas" y sus"tesoros" como un almacenamiento reconfortante demercancías (creación de los museos). Esta conducta traducíauna doble exigencia: disponer de una coartada cultural tan

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