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E.
Serrano
Ramos y
R.
Atencia Páez
aunque el texto no define claramente ese extremo; debe tratarse efectivamente de nuestro teatro, puesto que debajo delmismo se representan también cuatro basas de columnas, conseguridad aquellas a las que se hace alusión en el texto antestranscrito; parecen basas formadas por dos toros separadospor una escocia, que se elevan sobre un plinto cuadrangular yque muestran el arranque del fuste. Todavía bajo ellas se handibujado unas constmcciones a las que sólo se alude en elmargen del conjunto como
«ruinas de poblaziones».
Sabemos también de una escueta referencia de García de Yegros';por su parte. Tejada y Nava alude brevemente a nuestroteatro como
«Circo o Anfiteatro dispuesto con sus gradasdonde se sentaban los que asistían a las representaciones,juegos y públicos espectáculos, mui parecido a el de Roma oal Arco de Tito (!), y al de Nimes en Francia: era su asientoentre el Castillo y la Ciudad»
Afortunadamente, al margen de esas descripciones más omenos fabulosas basadas en ocasiones más en el entusiasmode los emditos locales que en la realidad, contamos conbreves pero valiosas anotaciones realizadas a fines del sigloXVIII. La primera de ellas se debe al malagueño marqués deValdeflores: en las
Memorias
de su viaje por España escribióque
«entre las ruinas de la antigua Singilia quedan todavíalas de otro teatro casi del todo desecho (451 ) y del cual solohan quedado los vestigios del semicírculo de las gradashasta las dos extremidades por donde se unian con la Scena.El diámetro de este semicírculo [entre las] dos extremidadeses de 107 pies españoles antíguos de a tercia vara castella-na. Este edificio fue de nuevo destruido en nuestros diaspara la fábrica del Convento de San Juan de Dios deAntequera. De él hace mención un antiguo Poeta de la mis-ma Ciudad (452) del qual parece que en 1544 este edificiono estaba del todo entero»''.
La nota 451 remite, a pie de página, a un dibujo que noaparece en el manuscrito; por otra parte, el texto que hemosreproducido lo repite casi literalmente su autor en sus
Obser-vaciones sobre Extremadura y Andalucía,
remitiendo estavez a la lám. XXVIII, núm. 2, tampoco incluida en esevolumen*. Hemos de suponer que por sus características esedibujo no es sino el que reproduce Thouvenot en su
Essai
sobre la Bética al referirse al teatro singiliense (vid. infra), ydel que no ofrece referencia bibliográfica exacta, aunquehace constar que procede de un manuscrito de la Real Acade-
5 A. GARCÍA DE YEGROS,
Historia de la antigüedad y nobleza dela ciudad de Antequera en
la
provincia de Andalucía (1609),
ed. Antequera1915, 43 s.6 F. DE TEJADA Y NAVA,
Historia de la ciudad de Antequera,
ms.de la R. A. de la Historia, 9/2305, cap. XIII.7 L. J. VELÁZQUEZ,
Memorias del viage de España que de ordendel Rey empezó a ejecutar D
vol. I, ms. de la R.A. de la Historia 9^018,f. 180 s.n.8 L. J. VELÁZQUEZ,
Observaciones del viaje de Extremadura yAndalucía y noticias de algunos pasajes de escritores antiguos,
ms. de laR.A. de la Historia 9/4118, fol. 29/4 y 30/1 s.n.
mia de la Historia; y, en efecto, debe tratarse del incluido enla
Disertación sobre el Teatro de Acinipo
del mismoValdeflores y conservado entre sus papeles en aquella institución.La nota 452 alude al poema de Juan de Vilches sobrenuestro teatro, impreso en Sevilla en 1544.Tanto por la descripción como por el dibujo de Velázquezparece que los restos del teatro apenas han experimentadodeterioros importantes desde finales del siglo XVIII; su destmcción debió consumarse entre 1696 y 1716, años de laconstmcción de la antequerana iglesia de San Juan de Dios,obra del arquitecto Melchor de Aguirte'. Las medidas del«semicírculo» ofrecidas por Valdeflores no se ajustan a loque hoy se observa del teatro'".Desafortunadamente, el P. Sánchez Sobrino, en su visitarealizada a nuestro yacimiento, no describió los restos delmonumento que nos ocupa, limitándose a reseñar que aúnentonces se veían
<das
ruinas de su gran Teatro en el declivedel Monte y sitio que los Naturales llaman las Carnicerías»''.
Mucho más completos, por contra, son los comentariosofrecidos por Cean Bermúdez:
«Señalan toda su forma
(del teatro), y
descubren elmedio circulo interior, cuyo diámetro es de 107 piescastellanos, sin contar el grueso del edificio. Dosprecinciones horizontales dividen las gradas ó asien-tos de los espectadores en clases, y los cúneos quevienen de arriba abajo, compuestos de gradillas, lasatraviesan para ir a ocupar los asientos. Se mantie-nen en la escena, que está al frente, unos arcos condos zócalos á los lados y en ellos las basas de lascolumnas que antes habla. Detrás de la escena y delproscenio están los muros de las salas hospitalicias, yde otras piezas que servían para vestirse los actores,y para otros usos del teatro. Estaba mejor conservadoel año de 1544; pero acabaron de destruirle en nues-tros días, con motivo de aprovecharse de sus materia-les para la obra del convento de San Juan de Dios deAntequera...»'^.
Esa mejor conservación atribuida a nuestro teatro porCean Bermúdez en 1544 se basa, sin duda, en una sobre-valoración de la alusión de Vilches en sus
Bernardinas;
en
9 Sobre tal iglesiavid.J. M. FERNÁNDEZ,
Las
iglesias
deAntequera,
Málaga 1943, 82 s. y láms. LXXVII-LXXXII; E. ATENCL\ MOLINA, ElHospital y la Iglesia de San Juan de Dios en Antequera,
Jábega,
10, 1975,42 ss.; R. CAMACHO MARTÍNEZ, La Iglesia del Hospital de San Juan deDios en Antequera,
Baetica 2,
1, 1979, 13-24 con bibliografía.10 En efecto, los 107 pies españoles antiguos mencionados porVadelflores corresponden a 29,81 m.11 S. SÁNCHEZ SOBRINO (con el pseudónimo de A. Franco yBebrinsáez),
Viaje topográfico desde Granada a Lisboa en 1774,
Granadas.a.. 133-136.12 J. A. CEAN BERMÚDEZ,
Sumario de las antigüedades romanasque hay en España,
Madrid 1832, 305.