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Resumen - María Silvia Di Liscia (2008) "Reflexiones sobre la 'nueva historia social' de la salud y la enfermedad en Argentina"

Resumen - María Silvia Di Liscia (2008) "Reflexiones sobre la 'nueva historia social' de la salud y la enfermedad en Argentina"

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1
2María Silvia Di Liscia
(2008)
REFLEXIONES SOBRE LA „NUEVA HISTORIA SOCIAL‟ DE LA SALUD Y LA ENFERMEDAD EN
ARGENTINA
1. Un basamento y sus improntas
Un inicio: por un lado, el programa PEHESA (Programa de Estudios de Historia Social y Americana) en el CISEA y la revista
Punto de Vista
. En los dos ámbitos, el interés por la exploración de la
historia de los sectores populares
, impulsó el análisis desu ideología, cultura, formas de vida material y procesos de control social desde finales del siglo XIX y principios del XX. Dosobras claves de esta producción fueron la compilación
Sectores populares y vida urbana
(
D. Armus
, 1985, 1990) e
 Historia de lalocura en Argentina
(
Vezzetti
, 1985). En ambos relatos, el interés por el abordaje social iba en contrapunto con la percepción deun contexto ideológico en alguna medida sofocante, que remeda la percepción del presente dictatorial e intenta aplicar una visiónfouconiana al pasado argentino. Desde el exilio otros académicos también abrieron paso a ideas provocadoras. Así, la historia de
los “sectores populares” se enriqueció con la historia de las ideas, y esta derivación proviene de las posibilidades iniciale
s de lamedicalización occidental y del análisis de los ideólogos y del pensamiento biologicista local. Con este haz de investigacionestermina lo que
Porter
y
Wear
 
dieron en llamar, a mediados de los ochenta, “la edad de la inocencia” de la historiografía médica
local, plagada hasta el momento de las tradicionales y acríticas historias autobiográficas, con sentido hagiográfico y cronológico.La aparición de nuevos sujetos y la problematización de temáticas se sintetizan en la obra colectiva compilada por
Lobato
(1996).Se trata de un esfuerzo central y precursor, que continuaba visualizando el eje social a partir de las formas de enmarcar la
“cuestión social”, pero en la circunstancia especial de la
conformación del Estado
. Muchos de los especialistas continuaron latarea en años siguientes y otros abrieron la puerta a interpretaciones aún más novedosas. Tal es el caso de
Dora Barrancos
, enprincipio interesada por la cultura de los sectores populares, y después una de las que primero incorporó una
interpretación degénero a la historia social argentina
vinculada a la salud, junto con
Donna Guy
y
Asunción Lavrin
.Una reflexión aparte merece el camino abierto por historiadores vinculados más de lleno a las teorías sociológicas, preocupadospor buscar una explicación a la
estructura sanitaria argentina
y a la conformación de las
profesiones médicas
desde el pasado.En este enfoque, los trabajos de
S. Belmartino
se enmarcan en la “nueva historia social” y son herederos tanto de la tradición
anglosajona sobre la salud pública como de los enfoques sobre la cuestión social de
Robert Castel
. A estos aportes se agrega
González Leandri
, uno de los primeros en integrar la problemática del origen y consolidación de los expertos al conjunto de lasexplicaciones históricas a partir de la aplicación de la teoría del campo de
P. Bourdieu
.
2. Una etapa de maduración y búsquedas
 2.1. Cuerpo, Estado y nacionalidad 
La fascinación por relatos sobre la ciudadanía dio paso a la reflexión sobre los procesos de exclusión-inclusión nacionales. Lamedicalización, entonces, asumiría ciertos contornos negativos, tal como prometía la etapa anterior sobre el control social, perotambién al avanzar sobre flecos y contornos poco nítidos; aparecerían las contradicciones y los límites del mismo modelo. Laaplicación de Foucault cede su lugar a una historiografía heredera de los estudios subalternos, entre otras posibilidades y matices.La cascada de estudios sobre locos y criminales, mujeres de vida fácil e inmigrantes poco dóciles es incesante e impide unamención pormernorizada de toda la producción, obligando a establecer algunos parámetros. Los estudios de género permiten laampliación de la mirada a los intersticios del poder masculino y a los espacios de actuación autónoma. El discurso médico sobre elcuerpo femenino y la maternidad aparece como el único camino deseable y esperable para las mujeres de los siglos XIX y mitaddel XX en Buenos Aires
. El “cuerpo” individual y social es el sitio donde se encarnan las definiciones sobre las posi
bilidades, lasnegaciones y los alcances del mansaje nacionalista, a la vez elusivo e inclusivo. Para el discurso positivista, en la masa de losinmigrantes, en sus pasiones y dolencias, también se cocinan los fermentos de la unión y la desunión nacional.Los exámenes exhaustivos de la legislación en la relación entre Estado, nacionalidad y control médico constituyen otra de lascaras de este panorama tan rico como complejo, al que se agrega la literatura. Las obras del naturalismo vernáculo, escritas pormédicos, asumen un rol activo en la construcción identitaria nacional.El estudio de los enfermos mentales demuestra las posibilidades y vertientes de la exclusión étnica y de género en la Argentina
 finde siècle
y en las primeras décadas del XX. Por otra parte, las políticas del sexo siguen siendo fuente de debate, sobre todo enrelación con sus modificaciones en la era peronista.
2.2. Medicina oficial y las “otras” 
 
 
2
La multiplicidad de rostros de esta medicina obliga a revisar la producción respecto a las terapias y prácticas de las sociedadesindígenas y las opciones médicas al margen de la salud oficial. En el primer sentido, poco se ha avanzado respecto de lo señaladopor
Ramón Pardal
en su clásica obra
 Medicina aborigen americana
de los años cuarenta. Sorprende esta falta por un doblemotivo: la abundancia en calidad y cantidad de producción respecto a las sociedades indígenas en Argentina y el impulso teóricode la antropología en ese sentido, que merecería cierta exploración local. Dos ejemplos lo constituyen la crítica a la noción de
“creencia” en el lenguaje médico y su reemplazo por la de “síndrome de experiencia” propuesta en las obras de
Good
y de
Miles
 y
Leatherman
. Tomando como base los trabajos ya clásicos de
Bastian
, se avanza sobre una caracterización de las enfermedadesmás allá de su comparación con el sistema biomédico, para alcanzar una dimensión cultural de la diversidad étnica y espacial. Lasmedicinas al margen de la oficialización científica presentan otro problema, y es la dificultad de aislar sus sujetos, practicantes yremedios en compartimentos estancos, separando las prácticas y recursos de uno y otros por sectores sociales, étnicos y de género;y aún, por asir esas mismas terapias con los criterios usuales de separación entre lo científico, experimental y mágico. Dosestudios constituyen a su vez ejemplos de las posibilidades y habilidades historiográficas. El caso de
Pizzo
(2004), focalizadosobre enfermedad y género en la Córdoba colonial es un recuento lineal sobre las farmacopeas y recursos hospitalarios. Unasituación diferente representa la obra de
Farberman
(2005) centrada en Santiago del Estero. Una hermenéutica más sofisticada lepermite visualizar las intrincadas posibilidades encerradas en las lógicas de inquisidores frente a los practicantes de una medicinaintegrada a la hechicería, que tanto puede hacer daño como curar.En relación con las medicinas alternativas, la situación tampoco es halagüeña. La existencia de escuelas y practicantes de lahomeopatía para el siglo XIX y su papel en la competencia por un espacio médico fue planteada por González Leandri, así comoun análisis de la relación entre las ideologías anarquistas y el naturismo Sin embargo, resta profundizar lo sucedido respecto a lahomeopatía en el siglo XX. Asimismo, el curanderismo como fenómeno histórico cruzado por múltiples influencias étnicas,sociales y de género, aparece aún como una deuda pendiente.
 2.3. Enfermedades y enfermos
La abundancia de la producción respecto de algunas enfermedades sociales, como la tuberculosis (
Carbonetti
, 1997; Armus,1996) y la sífilis (Guy, 1994), gracias a la relación entre éstas y el contexto sociopolítico e institucional argentino, subvalora laaparición e importancia de las epidemias, como la fiebre amarilla, el cólera y la viruela. No son frecuentes las síntesis donde sevinculen en relación con la mortalidad general o infantil y se carece hasta el momento de un panorama completo para todaArgentina. Otras patologías están siendo develadas; como el paludismo, el mal de los rastrojos y la lepra, en virtud delacercamiento entre políticas sanitarias, instituciones estatales y legislación. Este fenómeno obliga, por las características rurales yendémicas de las dolencias, a fijar la vista en otras áreas, por ejemplo, el noroeste argentino y salir de las posibilidadesexplicativas del orden urbano y la
civitas
, para acceder a otras interpretaciones sobre el significado del atraso regional y lasdificultades de construcción estatal en territorios alejados de la modernidad.En este marco se esbozan dos tópicos que en la primera oleada de trabajos no había tenido una aparición tan clara. Por un lado, lasreferencias a las representaciones y discursos patológicos desde el prisma de los pacientes son parte también de estos novedososencuentros entre la historia social y la salud. Por el otro, las representaciones de las enfermedades en el arte, casi desapercibidas almenos en Argentina, adquieren un espacio propio.A pesar de los avances, aparecen ciertas áreas de vacancia. Determinadas patologías, como las enfermedades cardiovasculares ylos diversos tipos de cáncer, no tienen hasta el presente una presencia destacada en la escena historiográfica. Tampoco se destacanlos estudios sobre terapias y remedios, salvo en casos y enfermedades puntuales, y quedan por explorar las enormes posibilidadesde la investigación médica.
 2.4. Lugares y agentes médicos
Hospitales y asilos constituyen una fuente clave de información sobre políticas sanitarias de prevención y curación y, a su vez,sobre la aplicación de modelos científico-tecnológicos y proyectos de transformación social y moral. En la historiografía actual,sin embargo, faltan trabajos con un panorama completo sobre su funcionamiento. El desconocimiento de los grandes hospitalesformados por asociaciones de inmigrantes en Buenos Aires es un ejemplo. Igual situación sería destacable en las instituciones delinterior; aguardan también a los investigadores archivos con material inédito de los hospitales de las provincias, estatales y
 privados. En este sentido, sería deseable no sólo acceder a una especie de “mapa sanitario” institucional anterior a los años
 cincuenta, sino también a una descripción crítica de las miríadas de centros de diversa complejidad y tamaño solventados por elerario público, como por las sociedades de beneficencia y las corporaciones y organizaciones médicas. Asimismo, resta unaprofundización de algunas instituciones claves, como el Departamento Nacional de Higiene, y de la tarea de la Asistencia pública,tanto en la Capital como en el interior argentino. Ciertas políticas públicas como las campañas de vacunación y de higiene, sonbien conocidas para Buenos Aires, pero ignoradas casi en el resto del país.
 
3
Las asociaciones han tenido mayor atención que otros tópicos, sin duda a la luz de una historiografía que ha escudriñado lasconexiones entre la sociedad civil y el Estado con mayor asiduidad desde hace poco tiempo. Por un lado, las sociedades deSocorro Mutuo asumen un papel diferente, en la medida que se descubren en la base de las mutualidades de sindicatos en lasegunda mitad del siglo XX y por lo tanto, definen las políticas del sistema sanitario argentino en su conjunto. Por otro lado, elestudio de las corporaciones y gremios médicos significa avanzar en varios sentidos. En primer lugar, para avistar el rol de lasprofesiones médicas en el desarrollo estatal, y dentro de él, el de los intelectuales en general. En segundo lugar, la diversidad deasociaciones y las posibilidades implica a un amplio arco de corporaciones para la aplicación de los proyectos estatales de diversosigno ideológico. En tercer lugar, el origen histórico de las profesiones conexas con la medicina y las razones que explican elgrado de subordinación, esbozadas para el siglo XIX, necesitan asumir su lugar en la historiografía del siglo XX.
 2.5. Ideas e historia médica a debate
En Argentina desde hace ya tiempo, la historiografía observó el impacto del darwinismo (
Monserrat
, 2000) y del positivismo(
Terán
, 1986), argumentando en tal sentido a favor de la “domesticación de los saberes” científicos y su adaptación a las
necesidades y usos locales (
Glick
, 1999). En relación a la abultada agenda que existe hasta el momento, se destaca la difusión dela
eugenesia
, una de las derivaciones del biologicismo aplicado a la resolución de problemas sociales y del
psicoanálisis
, cuyaaceptación en el país requería un análisis más profundo. En el caso argentino, la seducción por la temática ha llegado a estableceruna especie de debate. Las propuestas parecen ser de dos formas: por un lado, la esbozada inicialmente por
Nancy Leys Stepan
 (1991) para Brasil, México y Argentina, los cuales justamente por su tradición católica, no llevaron a cabo la incorporación de
 políticas de control maltusiano ni la eutanasia, aborto y esterilización de los “anormales”. Tal eugenesia también se relacio
na conuna lenta permeabilidad de las doctrinas darwinistas y dudas sobre el papel de la herencia, a favor de posturas neolamarckianas, afavor de la transformación de la especie humana a partir del ambiente. Otros investigadores asumen que la eugenesia, comodiscurso científico, si bien impregnó la escena argentina en las primeras décadas del siglo XX, fue desapareciendo paulatinamentey nunca tuvo un peso preponderante. Por otro lado, en un texto reciente, un grupo de investigadores se ha posicionado de manerasensiblemente diferente, para hablar así de una eugenesia que es latina pero no necesariamente positiva. Con una inmersión másprofunda en las fuentes documentales de los científicos y de las asociaciones partidarias de la eugenesia más extrema, se hace unrepaso que no termina a mediados del siglo XX, sino que tiende a visualizar sus despojos hasta en las dictaduras militares definales de siglo. Pero las aseveraciones hacen emerger también incertidumbres. En primer lugar, la afirmación del rol protagónicode las doctrinas racistas y de los modelos nazifascistas en la resolución del problema demográfico. En segundo lugar, la apariciónde ciertas tecnologías de control de la población, como las fichas biotipológicas se visualizan como un triunfo de las políticasracistas. La generalización de tales instrumentos a todos los habitantes o al menos a todos los escolares argentinos, confirmaría talaseveración. Sin embargo, la minuciosidad que requería su implementación y su necesaria periodicidad, hicieron fracasar lainstalación del
“panóptico”. En tercer lugar, la aprobación de una legislación que prohibía el matrimonio a los enfermos del mal
de Hansen y sífilis no implica necesariamente el desembarco de las prácticas disgénicas.Durante esos convulsos años, entonces, se gestó una ideología médica, capaz de discernir los fermentos negativos de su poblaciónpara neutralizarlos, que continuó durante el peronismo.Las propuestas antes citadas tienen origen en la elección de un relato sobre el presente: en el caso de la eugenesia como discurso ypráctica totalizadores, los autores toman de la trama argentina el hilo de la intransigencia, la exclusión y la eliminación; por lotanto, los desaparecidos de la última dictadura y el robo de sus hijos son parte de la misma e ininterrumpida cadena que ata a losgenocidas potenciales del Instituto de Biotipología con los últimos y reales genocidas de un pasado más cercano. Para otrosautores, el deseo de instaurar un Estado corporativo que pudiese instrumentar las políticas extremas de control biológico quedódiluido; el quiebre se produjo en la construcción de un modelo político con una mayor participación de las mayorías sociales.La historia del psicoanálisis freudiano representa uno de los desafíos más sugerentes de los nuevos campos de estudio. Lostrabajos de
Plotkin
(2001,2003) permiten integrarlo como un proceso, y no como consecuencia directa del establecimiento deinstituciones y asociaciones; es decir, como el resultado de una combinación de factores sociales, culturales e intelectuales queresponden a una lógica particular.
3. El impacto de la nueva historia: rutas, puentes y atascos
Desde finales del siglo XX hasta el presente, se abrieron ámbitos específicos para el encuentro e intercambio en jornadas yatradicionales para el debate de los historiadores y se crearon nuevas. La determinación de una agenda de temas comunes impulsótambién la formación de grupos de trabajos y, a causa de esa comunicación, el interés por forjar un diálogo con interlocutores yreferentes que admitiesen cierta vecindad. También se asiste a un incremento de publicaciones, tanto libros como artículos, frutodel desarrollo de espacios académicos específicos y de un acelerado interés en la incorporación de nuevos investigadores. Alcalibrar el impacto de la nueva historia social de la salud en la historiografía nacional e internacional, los resultados tienen unresultado ciertamente paradójico. Por un lado, aparecen, desde el año 2000 a la fecha, textos específicos con esta temática y la

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