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Castoriadis Cornelius - Diez Articulos

Castoriadis Cornelius - Diez Articulos

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Cornelius Castoriadis. Tiempo e Imaginación.Zona Erógena. Nº 18. 1994.Este documento ha sido descargado dehttp://www.educ.ar
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TIEMPO E IMAGINACION
CORNELIUS CASTORIADIS
Cornelius Castoriadis. Filósofo, Psicoanalista, Pensador Político, esuno de los
ntelectuales más importantes del mundo en la actualidad.Es autor, entre otros, de "La Institución Imaginaria de laSociedad"(Tusquets Ed.), y "Psicoanálisis: Proyecto y Elucidación': Actualmente está en preparación la edición de "Subjetividad &Historico social. Castoriadis en Argentina. "que Editorial Letra Buena proyecta para septiembre - cuando se cumpla un año de su visitor (cf.ZE-N°12,13,14,15,16,17).
-Lo que sorprende al leerlo a usted, es la impresión de quehay, por una parte, los escritos políticos y, por otra parte, laobra del filósofo-psicoanalista. Pero de hecho, hay en susobras un tema común permanente, que es la cuestión de
l
tiempo: ¿cómo establecer nuevamente una relación con eltiempo y a la vez librarse del fantasma de la inmortalidad?
-Primero se trata de salir de la ilusión moderna de la linealidad,del "progreso", de la historia como acumulación de las adquisicioneso procesos de "racionalización". El tiempo humano, como el tiempodel ser, es tiempo de creación-destrucción. La única "acumulación"que hay en la historia humana, a largo plazo, es la de loinstrumental, lo técnico, lo identitario-en-conjunto. Incluso ésta no esforzosamente irreversible. Una acumulación de las significaciones esun sin sentido. Sólo puede haber, sobre segmentos históricos dados,una relación profundamente histórica (es decir todo salvo lineal y"acumulativa") entre las significaciones creadas por el presente y lasdel pasado. Y sólo al salir del fantasma de la inmortalidad (cuyoobjetivo es precisamente abolir el tiempo) se puede recobrar unaverdadera relación con el tiempo. Más exactamente -porque laexpresión " relación con el tiempo" es extraña, el tiempo no es unacosa exterior a nosotros, con la que podríamos tener una relación;estamos en el tiempo y el tiempo nos hace- sólo entonces podemosestar verdaderamente presentes en el presente, al estar abiertos alporvenir y al mantener con el pasado una relación que no sea nirepetición, ni rechazo. Liberarse de] fantasma de la inmortalidad -o
 
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en su forma vulgar, de un "progreso histórico" garantizado- es liberarnuestra imaginación creadora y nuestro imaginario social creador.
-Aquí se puede recordar uno de
 sus
textos del
Mundofragmentado, “
El estado del sujeto hoy” en donde se ve que lacuestión de la imaginación es central. Se trata en efecto deliberar a un sujeto capaz de imaginar, es decir -en el fondo- deimaginar otra cosa y por lo tanto, de no estar enajenado por eltiempo pasado-presente. Lo interesante es que la obra sea enel fondo esa capacidad del sujeto de volverse sujetoimaginante. ¿Debe esperarse en una sociedad democráticaque ese sujeto imaginante haga obra, en el sentido delproducto, o
 
bien ese sujeto imaginante es ya, en el fondo, unaobra?
-Hay varios niveles en la pregunta. Primero, el sujeto es siempreimaginante, haga lo que haga. La psique es imaginación radical. Laheteronomía también puede ser vista como el bloqueo de esaimaginación en la repetición. La obra del psicoanálisis es el devenirautónomo de¡ sujeto en el doble sentido de la liberación de suimaginación y de la instauración de una instancia reflexionante ydeliberante que dialogue con esa imaginación y juzgue sus productos.Ese mismo devenir autónomo del sujeto, esa creación de unindividuo imaginante y reflexionante, también será la obra de unasociedad autónoma. Evidentemente, no pienso en una sociedad enque todo el mundo fuera Miguel Ángel o Beethoven, ni siquiera unartesano fuera de serie. Pero pienso en una sociedad en la que todoslos individuos estarán abiertos a la creación, podrán recibirlacreativamente, a riesgo de hacer de ella lo que quieran.
-El problema de “hacer obra” en el sentido de obra de arte,es entonces secundario.
-Es secundario en el sentido que no todo el mundo puede, nidebe, ser creador de obras de arte en el sentido propio del término.No es secundario en el sentido de la creación de obras, en el sentidomás genérico del término, por la sociedad: obras de arte, obras depensamiento, obras institucionales, obras de "cultura de lanaturaleza", si puedo expresarme así. Son las creaciones que vanmás allá de la esfera privada, que se relacionan con lo que llamo lasesferas privada-pública y pública-privada. Esas creacionesnecesariamente tienen una dimensión colectiva (sea en surealización, sea en su recepción), pero también son el lastre de laidentidad colectiva. Es lo que olvidan, dicho sea como paréntesis, el
 
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liberalismo y el "individualismo". Y es cierto que en teoría, y hablandorigurosamente, en el liberalismo y el "individualismo", la cuestión deuna identidad colectiva pie un conjunto al que uno pueda, enaspectos esenciales, identificarse, en el que uno participe y del queuno se preocupe, del destino del cual uno se siente responsable- nopuede y no debe plantearse, no tiene ningún sentido. Pero como esuna cuestión inevitable, en los hechos, el liberalismo y el"individualismo" se refugian vergonzosamente y a escondidas enidentificaciones dadas empíricamente, y en realidad sobre la "nación".Esta nación surge como un conejo del sombrero de todas las teorías y"filosofías políticas" contemporáneas. (¡Se habla a la vez de los"derechos
humanos" 
y de "soberanía de la nación"!) Ahora bien, si la
nación
no debe definirse por el "derecho de la sangre" (lo que noslleva directamente al racismo), sólo hay una base sobre la cual puedeser defendida razonablemente: como colectividad que ha creadoobras que puedan pretender una validez universal. Más allá de lasanécdotas folklóricas y de las referencias a una "historia"ampliamente mítica y unilateral, ser francés significa pertenecer auna cultura que va de las catedrales góticas a la Declaración de losDerechos del Hombre y de Monuigne a los impresionistas. Y comoninguna cultura puede reivindicar para sus obras el monopolio de lapretensión a la validez universal, la significación imaginaria "nación"no puede sino perder su importancia cardinal.Si sus instituciones constituyen una colectividad, sus obras son elespejo en el que puede mirarse, reconocerse, interrogarse. Son elvínculo entre su pasado y su porvenir, son un depósito de memoriainagotable al mismo tiempo que el apoyo de su creación venidera. Poreso, los que afirman que en la sociedad contemporánea, en el marcodel "individualismo democrático", ya no hay lugar para las grandesobras, sin saberlo y sin quererlo, están condenando a muerte a estasociedad.¿Cuál será la identidad colectiva, el "nosotros", de una sociedadautónoma? Somos los que hacemos nuestras propias leyes, somosuna colectividad autónoma formada por individuos autónomos. Ypodemos mirarnos, reconocernos, interrogarnos en y por nuestrasobras.
-¿Pero acaso no tiene uno la sensación de que ese "mi-rarse en una obra" nunca funcionó en la contemporaneidad?Los grandes períodos de creación artística no son al mismotiempo el momento en que la sociedad se contempla en sus

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