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Renán Vega - El dolor ronda la UPN-Un Testimonio Personal

Renán Vega - El dolor ronda la UPN-Un Testimonio Personal

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EL DOLOR RONDA LA UNIVERSIDAD PEDAGOGICA NACIONALUN TESTIMONIO PERSONAL
Renán Vega Cantor
En homenaje póstumo a Óscar Arcos, Daniel Garzón y Lizaida Ruiz, mis queridos estudiantes 
 “No aceptes lo habitual como cosa natural.
 Porque en tiempos de desorden,de confusión organizada,de humanidad deshumanizada,nada debe parecer natural.
Nada debe parecer imposible de cambiar”.
Bertolt Brecht
a violencia en Colombia es un hecho cotidianoque vivimos desde hace décadas. Nos abrumacon su cortejo de sangre y horror y con esetenebroso culto a la muerte que, irradiado desde lasclases dominantes a través de sus ideólogos y susmedios de comunicación, se ha enquistado en losrincones más profundos del alma de gran parte delos colombianos, generando una mentalidad entreenfermiza y criminal, que es exaltada hoy como unavirtud suprema. Se naturaliza la muerte de lospobres y humildes, convirtiéndola en algo banal,hasta el punto que los mismos que se escandalizan,con razón, por las torturas que soldados del Ejércitole inflingen a un perro indefenso, son los quefestejan la muerte de campesinos, indígenas ymiembros de la insurgencia cuando éstos sonarrasados con bombardeos criminales o asesinadosperiódicamente por ese mismo Ejército. Es decir, selamenta el sufrimiento de un animal, pero secelebra el dolor que se le produce a los sereshumanos, en especial si éstos son pobres.
 
Ninguna instancia de la sociedad colombiana está almargen de una violencia estructural que se haoriginado en el hecho indiscutible que este es unpaís terriblemente injusto y desigual. Por supuesto,que la universidad pública no está exenta de estadinámica, aunque algunos pretendan aislarla comosi fuera una burbuja artificial, al margen de losconflictos y contradicciones de esta sociedad. No,en la Universidad se reproducen a pequeña escalalos problemas del país y lamentables hechosperiódicos se encargan de recordarnos que violenciaatraviesa también a la Universidad pública, como seevidenció con los trágicos sucesos de la noche del24 de marzo, cuando una extraña explosión acabócon la vida de tres jóvenes vinculados a laUniversidad Pedagógica Nacional.En el tiempo que llevo vinculado a laUniversidad Pedagógica Nacional comoprofesor he visto rondar en el
 Alma Máter 
elespectro de la muerte en varias ocasiones. Hesoportado en carne propia, como le sucede amuchos colombianos que pertenecemos a la
interminable “generación de la violencia” (personas
nacidas después de 1945), el dolor producido por lamuerte de personas muy cercanas, que quieroevocar en este aciago momento.
Miguel Ángel Quiroga Gaona (1972-1998)
En septiembre de 1998fue asesinado porparamilitares en elDepartamento del Chocóel sacerdote Miguel ÁngelQuiroga Gaona, quienluego de realizar susvotos religiosos estudió Ciencias Sociales en laUniversidad PedagógicaNacional, en donde segraduó en diciembre de 1997. Buen estudiante, juicioso, serio, responsable, fue mi alumno en eloctavo semestre, en el Seminario de ProblemasContemporáneos de América Latina. Cada vez queveo la placa con su nombre en una de las aulas adonde él tomaba clases, recuerdo la última vez quehablamos. Fue al terminar el semestre, cuando él seme acerco para decirme que le había gustado elcurso y que me agradecía porque había aprendidomucho. Agregó que en pocos días se graduaría. Meconfeso,
 ‒
algo que yo no sabía
 ‒
, que era religiosode la comunidad Mariana, y que luego de graduarsese iba a vivir al Departamento del Chocó a trabajarcon campesinos y pescadores. Le desee muchasuerte, el me tendió la mano y nos despedimos.Nunca más lo volví a ver.
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2
El 18 de septiembre de 1998 fue asesinado en Llorópor paramilitares que creían que Miguel Ángel habíadenunciado a miembros del Ejército por el crimende un campesino de la región. Ese día, Miguel Ángel, o el padre Michel como le decía la gente quelo conocía, iba en compañía del Párroco de Lloró yde unos 40 campesinos en un bote, a celebrar lasfiestas patronales. El bote en que se movilizabanfue interceptado por un grupo de paramilitares queobligó a descender a sus ocupantes y les pidiódocumentos de identificación. Luego de esto, ledijeron a Miguel Ángel que se quedara con ellos.
Pero éste los interpeló y les preguntó:
 “
¿Por qué me tengoque quedar con ustedes, si ustedes no son ni siquieracuerpos legales para pedir documentación? Yo me voy con
la comunidad” 
. Entonces sin pronunciar palabra, el jefe de
ese comando paramilitar, alias “Raúl” 
, sacó su revólver y ledisparó en la cabeza. Lo mató en el momento. El párroco ylos campesinos fueron advertidos que no se podían moverdel sitio hasta que no pasaran dos horas o si no correrían lamisma suerte
1
.
Me entere de este asesinato en Buenos Aires,mientras participaba en varios eventos académicosy políticos. Por esa razón, no pude asistir a losfunerales de Miguel Ángel, pero en el frío y lasoledad de Argentina rumié con amargura el dolorde la muerte de quien había sido mi estudiante enla Universidad Pedagógica Nacional y había asumidoconscientemente el compromiso de trabajar porconstruir otro país, humano e igualitario, decisiónvaliente que pagó con su propia vida.
Darío Betancourt Echeverri (1952-1999)
El viernes 30 de abril de 1999, a eso de las cinco dela tarde, en uno de los pasillos del Edificio A de laUniversidad Pedagógica Nacional charlamos durantelargo rato con Darío Betancur, por entoncesDirector del Departamento de Ciencias Sociales, miamigo desde la época en que habíamos estudiadoen la Maestría en Historia de la UniversidadNacional. Conversamos animadamente denumerosos asuntos de la Universidad y del país.Cuando nos despedimos, recuerdo sus últimas
palabras: “No sé si mañana pueda asistir a la
marcha del primero de mayo, porque tengo que iral sepelio del profesor De Plaza (un colega queacababa de fallecer) y además tengo una salida al Valle del Cauca. De todas maneras, si no nos
encontramos mañana nos vemos la otra semana”.
Pocas horas después, Darío fue secuestrado y luegoasesinado a sangre fría. Al día siguiente en las horas de la tarde, sábado 1de mayo, me llamó su hija mayor para preguntarmesi sabia algo de Darío. Me entere que no había ido asu casa la noche anterior y nadie tenía noticias deél. Desde ese momento, y durante varios meses,muchos amigos, estudiantes y colegas de Darío nosdimos a la tarea de buscarlo con persistencia,siguiendo los rumores de algunas personas quedecían haberlo visto deambulando en apartadascalles de Bogotá. Hicimos denuncias públicas,organizamos charlas, eventos, marchas, mítinesreclamando el regreso sano y salvo de nuestrocompañero. Todo fue inútil. A comienzos deseptiembre de 1999, se confirmó que unos restosencontrados en cercanías a la capital del paíscorrespondían a nuestro amigo Darío Betancourt.Con Darío nos unían intereses comunes y tuvimosuna carrera académica similar. Los dos estudiamosHistoria en la Universidad Nacional, trabajamos enlas universidades Santo Tomas, Distrital yPedagógica Nacional. Nos cruzamos en la ciudad deParís, a donde ambos fuimos a estudiar. Entérminos académicos, intelectuales y políticosteníamos bastantes afinidades, como se evidenciabacon los temas que nos preocupaban, en especial lahistoria colombiana del siglo XX, el conflicto agrarioy la violencia, así como la enseñanza de la historia. Alguna vez hablamos de escribir un Manual dehistoria social de Colombia, proyecto que nuncalogró realizarse. Por todas mis afinidades con Darío
 
 
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y nuestra amistad, este terrible suceso me impactómucho, hasta el punto que me paralizó en misactividades académicas e intelectuales durantealgún tiempo, tal vez porque evidenció la fragilidadde los profesores e investigadores críticos eindependientes en Colombia, ya que deberecordarse que la muerte de Darío estuvorelacionada con el último libro que publicó, dondeanalizaba la violencia narcoparamilitar en el Valledel Cauca
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.
 Andrés Eduardo Barbosa Vivas (1986-2010)
Otro de mis jóvenes estudiantes, Andrés EduardoBarbosa, murió de forma absurda, aunque esta vezno por la violencia política, sino por otro tipo deviolencia que poco suele mencionarse, como es laproducida por los automotores. En efecto, el viernes6 de agosto de 2010 fue arrollado por unamotocicleta cerca de su lugar de trabajo. Tanlamentable es morir por hechos relacionados con laviolencia política y social que desangra a este país,como por esa otra violencia
 –
incluso más costosaque la primera- causada por los automotores, comouna clara muestra de la forma como elindividualismo, el arribismo y la competenciadesenfrenada ocasionan muertes a vasta escala entodos los lugares, como Bogotá, donde se haimplantado
 ‒
como dice Eduardo Galeano
 ‒, el poder
de los autómatas; es decir, de aquellos que nocaminan sino que andan siempre en dos o cuatroruedas. Andrés Vivas fue mi discípulo durante variossemestres. Tuvo el gran detalle, que resultainolvidable para un profesor, de obsequiarme unejemplar de su primer libro de poesía,
Desdóblate silencio.
Cuando me lo entregó me dijo con muchoorgullo que con ese trabajo hacia sus primerospinitos en el mundo editorial, pero que ya llevabaalgún tiempo dedicado a escribir poesía.Poco antes de su muerte me lo encontré en unalibrería del Centro de Bogotá, en donde me dijo quedictaba clases en un colegio, que estaba muycont
ento y preparaba nuevos libros de poesía. “Vivires cuestión de energía”, estaba escrito en un
tatuaje que portaba en uno de sus brazos y que loacompañó hasta el instante en que exhaló su últimosuspiro. Al morir tenía 24 años, en plena flor de lavida y cuando empezaba a conocerse como unagran promesa de la poesía colombiana. En suhomenaje se realiza un concurso de poesía quelleva su nombre. Nada mejor que recordarlo, eneste momento trágico, con uno de sus poemas,
 “
Obsidiana
” 
:
 Vengo de la tierra mordida por los perros,de las conspiraciones y los oprobios,del frío plomizo sobre toda la existenciade la selva sabia y guerreraal caos similar de las calles. Vengo de las luchas intestinas,no el feto desechado de la guerra,el enfermizo impulso muscular por acrecentarsey cómo a esta alma de acero le hablan las cosas elementalesle cuentan sus secretosunas desarrollaron espinas ante la barbarie;otras, bellos colores;yo desarrollé mi silencio,la capacidad mental,la explosividad incesante que imprimo en cada uno de misactos.Soy de un material antiguo, probado por los sabiosvengo del fondo de la Tierra, me forjó la tristezasoy la santificación del dolormantente conmigo hasta el final y te daré un secretosólo a los más altos los revelomi alma es verde y doy visos negros.
Hemos hecho este pequeño ejercicio dememoria personal, relacionada con sucesosviolentos que han enlutado a la UniversidadPedagógica Nacional y a mí en particular, paraenmarcar en un contexto más amplio los hechostrágicos de la noche del sábado 24 de marzo en laciudad de Bogotá.He tenido que esperar algunos días para poderescribir, porque la rabia, el dolor y la indignaciónme lo han impedido. Estaba, como lo sigo estando,perplejo, atónito, paralizado por un terrible dolor,que me carcome las entrañas y me produce unvacío insoportable, una angustiante sensación deimpotencia y desolación. A pesar de todo, intentarésobreponerme y decir unas cuantas palabras sobremis queridos alumnos y amigos.
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