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CONOCIENDO LA HISTORIA DE UN HÉROE DESCONOCIDO

CONOCIENDO LA HISTORIA DE UN HÉROE DESCONOCIDO

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04/13/2012

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Todos conocemos la historia de la Revolución, hemos escuchado de donPancho Villa, del señor Zapata y de don Madero, sabemos su vida y lo quehicieron, pero nadie cuenta qué hay más allá de estas historias. Lo que te voy acontar es distinto a todo lo que habías escuchado antes. Ésta es la historia de unpequeño héroe que hasta hoy había sido anónimo, su nombre es Pedro, un niñode 12 años que habitaba a las orillas de lo que era el lago de Texcoco, a él legustaban las historias y saa que en donde via, en tiempos de la épocaprehispánica, gobernó un hombre inteligente, sereno y sabio que llevó a su puebloa una vida tranquila, además de que ese hombre fue también un magnífico poeta,su nombre: Nezahualcóyotl. Sin embargo, ahora ese lugar que antes fue una tierrarica y próspera estaba convertido en un paraje solitario, ahí, Pedro vivía con sumadre, una señora muy buena y cariñosa, dispuesta a dar todo por su más grandetesoro: su hijo.Cierta tarde cerca de la casa, Pedro encontró a un hombre que llamópoderosamente su atención, ya que no muy a menudo había personas por ahí.Ese hombre se veía pensativo, su semblante era de un ser seguro de sí mismo,miraba al horizonte, vestía de forma humilde, con unos zapatos s quedesgastados, en su mano cargaba un rifle y su cabeza estaba cubierta por un gransombrero de palma, el sol se reflejaba en su piel morena su rostro serio y fijo,hacía pensar que buscaba un camino.
-
Hola, ¿cómo te llamas?, ¿a quién buscas? ¿qué haces por aquí?
-
Son muchas preguntas ¿no crees?
-
Bueno, ¿cómo te llamas?
-
 Antonio ¿y tú?
-
Pedro….¿buscas a alguien?
-
No
-
Entonces….¿qué haces por aquí?, aquí no hay nada
-
¿Y qué?....¿tú no eres nadie?
 
-
Bueno, sí, pero esta rete raro encontrar a alguien así como tú por este lugar 
-
¿Y qué tengo yo de raro?
-
Pos…..no se, algo, ya dime, ¿qué haces por acá? – Antonio sonrío y miró almuchacho decidido a no dejarlo ir sin que antes justificara su paso por eselugar.
-
Voy a Chihuahua, pero creo que erré el camino, y tengo qué salir de aquíporque mi general me espera.
-
¿Y quién es tu general?
-
Pos quién va a ser, mi general Villa, ¿lo conoces?
-
No
-
¿Pero has escuchado hablar de él?
-
Un poco, dicen que mata a mucha gente. Bueno, eso dice mi mamá
-
 Así es la Revolución – Pedro abrió todavía más sus ojos y preguntóemocionado
-
¿Tú peleas en esa Revolución?
-
Si, participo en ella porque soy pueblo y ya estamos hartos del gobierno.Pero mi General Villa no es un asesino, la lucha es así, matas o te mueres-Pedro Volvió a preguntar-
-
¿Puedes platicarme más de la Revolución?
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Con una condición
-
La que quiera
-
Invítame un taco
-
¡Orale!Pedro se dirigió a su casa y le explicó rápidamente a su mamá lo que pasaba yle pidió permiso para que Antonio comiera con ellos, su madre aceptó y Antoniocompartió la mesa esa tarde con ello.Cuando terminaron, se cumplió el trato así que Antonio comenzó acontarles acerca del Movimiento Revolucionario en el que participaba, les habló de
 
la vida miserable que, como ellos, tenían la mayoría de los mexicanos, sobre lasirregularidades del gobierno porfirista y sobre la lucha que por la igualdad, justiciay democracia llevaban en el Norte don Francisco Villa, su general y en el Sur, elseñor Zapata. Mientras hablaba, Antonio observaba lo que sus palabrasprovocaban en Pedro y su madre. Hizo una pausa y luego dirigiéndose a la madrede Pedro preguntó
-
¿Acaso usted no sabía lo de la revuelta?
-
Solo lo que la gente dice, pero así como la cuenta, pues no, no sabía.Nunca me imaginé que esto de la “bola” fuera pa´tanto, y es bueno que unasepa, pa´que no se la cuenteen.
-
Oiga, y a usted, ¿no le gustaría formar parte de esto?- La señora, encogiólos hombros y respondió-
-
Eso no es para nosotros, aquí vivimos bien y no creo que eso llegue hastaaquí.
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La Revolución está en todo México y pos que yo sepa, aquí también estáusted en México- Pedro escuchaba atentamente sin decir nada- Además,tarde o temprano todo caerá en manos de los federales o de nosotros ypues hay que luchar por la tierra, usted ¿es dueña de esta casa, de esteterreno?
-
Todavía no, pero pronto el gobierno va a vender y pues ya tenemos nuestropedacito.
-
Esto no es suyo ni será de él –dirigiéndose a Pedro- si ustedes no luchanpor esto. Vengan conmigo, ¿qué tienen aquí? Nada, quizá cuando todoesto termine el muchacho tenga algo que ofrecerle a usted.
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No voy a arriesgar la vida de mi hijo
-
Quedándose también se arriesgan a que un día lleguen los federales y losechen sin nada en las manos. Vamos –en tono suplicante- le prometo quesi aceptan yo los cuidaré como lo más preciado.
-
¿Por qué insiste tanto?

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