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La jaula blanca de Túnez en forma de pagoda Milorad Pavic

La jaula blanca de Túnez en forma de pagoda Milorad Pavic

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Uno de los cuentos contenidos en el libro Siete Pecados Capitales de Milorad Pavic. Publicado sin autorización de la editorial Sexto Piso pero porque me dio la pinche gana.
Uno de los cuentos contenidos en el libro Siete Pecados Capitales de Milorad Pavic. Publicado sin autorización de la editorial Sexto Piso pero porque me dio la pinche gana.

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Published by: Isaac Ventura-Rivero on Apr 14, 2012
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11/15/2013

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 La jaula blanca de Túnez en forma de pagoda
Los pensamientos humanos son como cuartos. Entre ellos hay salas lujosas y cuartuchos saturados.Los hay soleados y sombríos. Algunos dan al río y al cielo, otros al traspatio o al sótano. Laspalabras en ellos semejan cosas y pueden ser cambiadas de un cuarto a otro. Los pensamientosdentro de nosotros en realidad, esas habitaciones en nuestro interior, agrupadas en palacios ocuarteles, pueden ser moradas de otros donde uno resulta ser sólo un inquilino. A veces, sobre todode noche, encontramos que las salidas de esos aposentos están cerradas con llave y no podemosabandonarlos. Estamos encerrados como en un calabozo hasta que nuestros sueños nos liberan y nosdejan salir. Pero los sueños son como los invitados de una boda, hay que esperarlos. Mientras tanto,reina el insomnio. Dicen que existen dos insomnios, como dos hermanas. El de antes de dormirse yel otro, después de despertar en plena noche. El primero es madre de la mentira, el otro es madre dela verdad.
Desde que vivo solo el insomnio me atormenta cada vez más a menudo y yo lo resisto conun método que desarrollé con mucho afán. Todo ocurre en la cama y en mi mente. Y todo, de algunamanera, está relacionado con mi profesión de experto en decoración de interiores. Primeroselecciono una casa en la ciudad que mejor me sirva para estos propósitos. Alguna construida conpaja de avena que impide que las energías maléficas del inframundo suban hasta los aposentos. Alubicar una casa con esas características empiezo a amueblarla y a arreglarla cada noche en mimente. A llenarla de muebles de mi invención. Pero yo no arreglo esa casa motivado sólo por eldeseo de que luzca bien. Yo la estoy aconicionando para una persona en particular. Para JM. Yexclusivamente para las necesidades de esa persona.Todo empezó así.
Durante mis paseos por las tardes escogí un pequeño palacio e indagué todo lo que podíasobre su origen. Está en el mismo principio de la calle Kraljevica Marka que sube curvada desde elmuelle del Sava hacia Zeleni Venac rompiendo el viento. Su fachada está llena de bonitas ventanasdivididas en cruz que hoy en día ya no se hacen. Está erigido sobre la base de un “nueve vivo” cuyaforma no encierra el cero como la mayoría de los demás números nueve. El edificio se conoce como“La casa de Lika Celovic”. Fue construido en 1903 según los planos del ingeniero Miloc Savcic enel estilo neorrenacentista con elementos del neobarroco, a juzgar por los manuales de G. Gordic yB. Vujovic. Es una “construcción angular con fines residenciales y comerciales con sótano, plantabaja, dos pisos y el desván. A la fachada principal le dan especial vivacidad unas aberturas grandesen la planta baja donde hay algunas tiendas y los sólidos tímpanos arriba de las ventanas del primerpiso. El edificio termina con una cornisa de techo, rematada con vigas voladizas, arriba de la cual seelevan el ático revocado y las clásicas ventanas de mansarda…”. Encima de la entrada está elescudo con letras L.C.T. entrlazadas y una placa que dice que fue donado a la universidad deBelgrado. Su dueño, el famoso comerciante belgradense, Luka Celovic (1854-1929), por muchosaños presidente de la cooperativa de Belgrado, tenía su sede comercial en el edificio vecino, unabelleza que daba a la plaza antaño conocida como el “pequeño mercado”. Su busto de bronce estáno lejos de ahí, en la esquina de un edificio de varios pisos en la calle Karadjordjeva. Mira hacia elsuroeste, hacia Trabinje, desde donde Luka había llegado a Belgrado en 1872 para comprar tierras ylevantar algunas de las casas más hermosas del puerto. Fue uno de los fundadores del movimientochetnik-komita en Serbia, creador de la bolsa de Belgrado y benefactor de instituciones científicas.De él dicen que por el chirrido de las plumas podía adivinar lo que sus contadores escribían.
Durante mis insomnios, en vez de contar cuántas veces en la vida compré zapatos bonitosque no me quedaban bien, decidí poblar y amueblar la casa de Luka Celovic. Sabía que esta casa legustaba a JM y eso fue decisivo para mi elección. JM tenía un profundo sentido de “zonas” conenergía positiva, como de otras también. La parte entre la Catedral y el río Sava era para ella una“zona” indiscutiblemente preciosa. Allí, en la cuesta que baja al Sava el invierno huele a otoño y laprimavera a invierno, y JM consideraba que al entrar en esa “zona” empezaba a llevar su verdaderonombre. Apenas salía de dicha “zona” se llamaba de otra manera, era otra persona. Es decir, laelección cayó sobre la casa familiar de Luka Celovic que estaba en esa “zona”.
 
Al entrar en ese edificio en mi memoria susurré como un embrujo en cada una de sushabitaciones una de las diecisiete letras del nombre de JM.
Ahora puedo decir que en aquel entonces ya tenía bien avanzados ciertos preparativos departicular índole. Durante el tiempo en que pude observar a JM a diario notaba los movimientos desus brazos y sus manos delicadas, su manera de andar y peinarse, la postura del cuello y de loshermosos hombros y muslos, el movimiento de sus pechos al sentarse, los giros del cuerpo, el papelde sus piernas ovilladas en el sillón o corriendo, la vuelta de su cabeza detenida al oír, mucho antesque nosotros, el rugido del avión que traía las bombas… Luego compuse un pequeño “diccionariode movimientos” de JM. Para cada uno de ellos establecí un signo. Fue particularmente difícil crearsignos para sus irrepetibles pasos de danza. Siempre bailaba sola, ni siquiera conmigo bailaba jamás, pero esa danza era lo más hermoso en ella. En mi diccionario había signos parecidos a losusados por experdos rusos de ballet de principios del siglo pasado, como Nizhinski por ejemplo,para marcar sus partituras. Los puse en el diccionario para una fácil localización. Era como uncatálogo de movimientos; como un alfabeto secreto. Algo semejante al teclado de la computadoradesde el cual se controlan saltos, carreras, nado o giros de héroes de vidoejuegos para adultos queJM y yo solíamos llamar “novelas sin palabras”. Para provocar dichas actividades inventabadistintos tipos de muebles, porque cada pieza de mensaje preveía otro movimiento de JM: abrir unapuerta, sacar un cajón, bajar la tabla del escritorio. Así provisto empecé a amueblar la casa demanera que mejor satisfaría los gustos y la naturaleza de los movimientos de JM, decidido a invocarde ese modo, al menos en la mente, todas mis reservas de sus actividades, vueltas, entradas, subidaspor la escalera y salidas…
En mis operaciones nocturnas no quise cambiar la fachada de la casa. Sólo le lavé la caracon pinturas, con colores del vino blanco Bermet y de un azulado vino espumoso de Italia. Alrevisar el interior de la casa de Luka Celovic durante mi siguiente insomnio decidí remodelar laescalera. Recordé la manera de caminar de JM y un ademán en la escalera barroca bifurcada delPalacio de Ausperg en Viena; el de su mano que quiso apoyarse en el lujoso barandal metálico yluego desistió. También recuerdo que al bajar desvió su paso sobre el borde redondeado del últimopeldaño. Además, recordé que el palacio vecino de la Cooperativa de Belgrado también tenía unaescalera bifurcada, así que enseguida proyecté otra igual en la casa de Luka Celovic. Una nochedemolí en la mente las dos tiendas a los lados de la entrada y obtive el espacio para llegar con laescalera bifurcada justo a la ventana en el centro del primer piso y de ahí más arriba, lo cual yaresultaba mucho más fácil. La nueva escalera era de pierda con el barandal de hierro forjado y elpasamanos de madera de roble para que el frío no ahuyentara la mano como en Viena. En la cama,mientras inhalaba el aire, con claridad veía en mi mente esa nueva escalera en la casa de LukaCelovic, pero al exhalarlo la escalera desaparecía.
En los escaparates de las tiendas demolidas coloqué vitrales que representaban dos sueñosde JM que una vez me había contado. Uno de ellos en el escaparate a la izquierda de la entrada, eraun sueño sobre las nubes:
“Nubes inmóviles y espesas como musgo ocultan el cielo. -¡Son verdes como el moho! -dicealguien cerca. La gente yace sobre el pasto de los lugares de recreo boca arriba o, sumida en losasientos de los cabriolés, observa esas nubes juntándose alrededor de los árboles más altos. En lasgrandes ciudades se ve ese musgo adherido a las cimas de los rascacielos rodeando como uncaparazón todo el planeta. A veces esos compactos tapetes muertos de lama celeste se rompen ytodo el musgoso firmamento se agita en esa parte y se inclina de manera que la gente empieza amarearse. Los aviones ya no despegan…”.
Durante uno de mis siguientes desvelos coloqué en la parte trasera del edificio de LukaCelovic los cuartos auxiliares, las cocinas de verano y de invierno y dos baños, uno grande y otropequeño. Convertí la mansarda con tres ventanas en un jardín botánico. Allí JM podría desayunar yfumar sus cigarrillos, todos de colores diferentes.
Al acabar así la obra negra empecé a arreglar en interior. No hay que pensar que, por ocurrirtodo de noche, en la cama y en la mente, yo no aplicaba los métodos necesarios y usuales de miprofesión. Ordené los picaportes y cerraduras del maestro Lunich, cuyo taller estaba cerca de
 
Kalemegdan. De él ordeno todo el latón cuando trabajo en edificios reales. Pero aquí los pedidoseran especiales. Ni siquiera dos picaportes debían ser iguales. La razón era simple. Cada uno de lospicaportes induciría un ademán diferente en los largos dedos de JM. Cuando los trajeron ydistribuyeron los revisé con deleite. Uno tenía la forma de pájaro que estaría en la mano de JM cadavez que abriera la puerta de la sala de baile en el piso superior, otro era como el mango de un arcode violín, el tercero como un abanico chino. Había picaportes que llevaban manzanas de vidrio ybotas de mármol o picaportes hechos de cuernos del chivo montés, y en el dormitorio de JM seencontró unpicaporte de madera de abeto que olía eternamente a bosques cubiertos de nieve. Elpicaporte de entrada se parecía a un pequeño revólver de dama del siglo XVIII. La puerta se abríaapretando el gatillo. Si se juntaran todos los ademanes necesarios para usar estos picaportes seobtendría una cincuentena de compases de la danza basada en la melodía favorita de JM,
 Ausencia…
Desde luego que a veces me iba a observar la casa de Luka Celovic de día y desde afuera.Estaba deteriorada y se veía mucho peor que en mis fantasías. Las cuatro tiendas en la planta bajatenían sus escaparates polvorientos y en un rincón del portón un anciano con sombrero remendadofumaba su pipa. La boquilla apestaba a a cuernos de cabra húmedos y las orejas del viejo mostrabanespuma rancia del rasurado. Todo era sumament decepcionante.
Por eso de noche, en la oscuridad, me empeñaba aún más en amueblar cada parte de esacasa. Le encargué al hojalatero Lunich que vaciara en bronce cincuenta pares de labios, losmasculinos con bigote y los femeninos cubiertos de lápiz labial, y distribuí esos labios metálicospor las paredes de los cuartos en vez de ceniceros. Conectados con los tubos aspiradores deledificio, succionaban ansiosamente la ceniza y las colillas de los cigarrillos que JM fumaba y tirabapor toda la casa. Derribé las paredes del segundo piso y obtuve un “cuarto de música” espacioso, enrealidad una sala de baile con tres ventanas que daban al antiguo “pequeño mercado”. JM podríaliberar allí su incontenible energía para el baile en la estampida musical de
Claro de luna
. Para esepropósito se colocó un parqué nuevo en forma del laberinto de Chartres, que JM recordaba conagrado.
Situé el baño grande en el segundo piso con vista al patio. Un picaporte en forma denarguile llevaba a un gran espacio rectangular casi completamente vacío. El techo estaba iluminadocomo si encima del baño hubiera un cielo medio nublado. Al pisar las losetas de un negro pálido yvioleta se notaba al fondo una cama de vidrio adornada con un cojín rojo a prueba de agua.Presionando el botón regulador de la densidad y la inclinación del agua empezaba a llover en elbaño. De ese modo JM podrá dormir bajo una lluvia cálida en la cama de vidrio o, lo que le gustarásobremanera, poner la música y con los sonidos de
Camino jázaro
bailar bajo un chubasco. Aúnrecuerdo los movimientos laterales de sus hombros que parecían salir de las pinturas de mujeresegipcias de tumbas faraónicas, siempre retratadas de lado, de perfil. La ventana del baño es unsemicilindro de cristal de tamaño humano y al entrar en él uno parece haber entrado en un poste deanuncios callejeros. Sobre su cristal lechoso se reprodujo una enorme ampliación de una foto delpequeño hijo de JM. De pie, está bebiendo una coca cola con un popote.
Del techo de su estudio en el primer piso colgué una cadena con la mecedora de mimbrecuyo asiento era una auténtica silla de montar con estribos y perilla, a la que JM podrá aferrarsemientras descansa en este columpio su cuello y espalda del trabajo en la computadora. Una paredera el monitor de su computadora. Podrá ver y sentir a su heroína favorita, Lara Croft, en su tamañonatural. En las alforjas le dejé como regalo la libreta electrónica que cargué con todas las obraspublicadas de JM y una pequeña biblioteca de sus libros favoritos. Sobre la pared colgué unapequeña vitrina forrada de terciopelo en el que descansaba un lápiz escolar de JM.
La cocina grande está orientada de tal manera que las sombras de pájaros, en verano, vuelana través de ella, y en invierno las sombras de copos de nieve caen sobre el piso. La luz brilla por lasfalsas ventanas con mapas de vidrio de Cornwall y Egipto, las regiones favoritas de JM. En la paredestá un lienzo de tela rústica con un bordado de dos bellas campesinas junto a la estufa con una olla.La inscripción en el lienzo registra sus palabras con hilo rojo:
-¡Come, comadre, mientras está caliente!

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