cambio es importante su tratado
De los principios de los seres,
conservado en la versión hebrea deRabí-Samuel-ben-Tibbon, y calificado por Maimónides de
pura flor de harina.
Reconoce Alfarabiseis principios, es a saber: la causa primera, las causas segundas o inteligencias de las esferascelestes, el entendimiento agente, el alma, la forma y la materia; independientes del cuerpo los tresprimeros, unidos a él los tres segundos. Pone la ciencia y la felicidad humanas, como los demásfilósofos árabes que le siguieron, en la unión con
el entendimiento agente,
pasando por los gradosintermedios del
entendimiento en efecto
y del
entendimiento adquirido.
Es el entendimiento agente yseparado una luz que irradia en todo lo inteligible y produce la intelección, como los colores la luz.Sólo las almas que alcancen su unión con el
intelecto
agente serán inmortales. Pero Alfarabi no llegaal panteísmo, porque ni ese
intelecto
es Dios, ni la personalidad humana queda absorbida en laesencia divina; pues, según él, las almas separadas
gozan
en su unión, y el goce supone conciencia.Averroes le atribuye, sin embargo, el haber dicho
que la inmortalidad del alma era un cuento deviejas.
[p. 155]
En verdad que Aristóteles no hubiera conocido su teoría del
intelecto
apqhtikÕj
y del
poihtikÕj
, tal como los árabes la disfrazaron. Del texto del libro III
De anima,
por másinterpretaciones que se le den y diga lo que quiera Renán, no resulta ni la
unidad del entendimientoagente
ni su
separación
del hombre. No existe para Aristóteles esa
razón objetiva e impersonal.
[1] La impasibilidad e incorruptibilidad del
intelecto agente,
y no del posible, no significa más que lainmortalidad del alma
en sus facultades superiores,
tal como Aristóteles la entiende. Que los dosprincipios sean distintos y
separados,
Aristóteles lo dice expresamente; pero que el uno de ellos estéfuera del alma y sea
único,
a la manera de una luz
exterior
que ilumine todas las inteligencias, ni lodice ni puede deducirse de su libro, a pesar de algunas expresiones, que riñen con el resto de ladoctrina del
noãj
, y que parecen tomadas de Anaxágoras. No es esta la primera vez que en cosasmás graves ha puesto Renán sus propias imaginaciones en cabeza de los autores, cuyos textos
solicitaba blandamente,
para que respondiesen a su intento.Esta mala inteligencia de dos o tres frases del capítulo V, libro III,
De anima,
es una de las mayoresnovedades y de los fundamentos del peripatetismo arábigo, aunque ya estuviera en germen en loscomentos de Temistio y Filopono. La reducción de esta filosofía a cuerpo de doctrina, débeseprincipalmente al persa Avicena (Ben-Sina),[2]tan famoso como médico. En su gran compilación
Al- Xifa,
y en el compendio que tituló
Al-Nacha,
[3]desarrolla todo el círculo de las ciencias filosóficasal modo de Aristóteles, aunque por orden más breve y sencillo. Admite Avicena, contra la ortodoxiamusulmana, la eternidad del mundo, y toma de los neoplatónicos el sistema de la
emanación,
paraexplicar cómo de lo uno (Dios), resulta lo
múltiple
(el mundo). De Dios emana la
inteligencia,
quemueve la primera esfera celeste; de ésta la que mueve la segunda, y así sucesivamente hasta
[p. 156]
el
intelecto agente
y el alma humana, etc. Dios tiene el conocimiento de las cosas universales; a lasinteligencias separadas compete el de las particulares y accidentales. A diferencia de otros filósofosárabes, en la vida práctica, antes que en la especulativa, pone Avicena el fin del hombre; admite el
profetismo
como estado sobrenatural, y cuando habla de la unión del alma con el intelecto agente,tiene rasgos místicos a su manera. Parece que en la
Filosofía oriental,
libro
esotérico
suyo, hoy noconocido más que por las citas de Tofail y Averroes, defendía sin ambajes el panteísmo.Por lo que Avicena se aparta del peripatetismo, atrájose las iras de Averroes y otros
aristotélicos puros,
o que creían serlo. Por lo que riñe con la ortodoxia muslímica, dió margen a las
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