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HISTORIA DE LOS HETERODOXOS ESPAÑOLES — II : PERÍODO DE LARECONQUISTALIBRO TERCERO[p. 151]
CAPÍTULO PRIMEROENTRADA DEL PANTEÍSMO SEMÍTICO EN LAS ESCUELAS CRISTIANAS.—DOMINGOGUNDISALVO.—JUAN HISPALENSE.—EL ESPAÑOL MAURICIO
I. INDICACIONES SOBRE EL DESARROLLO DE LA FILOSOFÍA ARÁBIGA Y JUDAICA,PRINCIPALMENTE EN ESPAÑA.—II. INTRODUCCIÓN DE LA CIENCIA SEMÍTICA ENTRELOS CRISTIANOS. COLEGIO DE TRADUCTORES PROTEGIDO POR EL ARZOBISPO D.RAIMUNDO. DOMINGO GUNDISALVO Y JUAN HISPALENSE.—III. TRATADOSORIGINALES DE GUNDISALVO.
 De processione mundi.—
IV. VIA JES CIENTÍFICOS DEGERARDO DE CREMONA, HERMAN EL ALEMÁN Y OTROS EXTRANJEROS A TOLEDO.—V. EL PANTEÍSMO EN LAS ESCUELAS DE PARÍS. HEREJÍAS DE AMAURY DE CHARTRES.EL ESPAÑOL MAURICIO.I.—INDICACIONES SOBRE EL DESARROLLO DE LA FILOSOFÍA ARÁBIGA Y JUDAICA,PRINCIPALMENTE EN ESPAÑASin asentir en manera alguna a la teoría fatalista de las razas, puede afirmarse que los árabes, no porser
semitas, sino
por su atrasada cultura y vida nómada antes del Islam, y por el círculo estrecho enque éste vino a encerrar el pensamiento y la fantasía de aquella gente, han sido y son muy poco dadosa la filosofía, ciencia entre ellos exótica y peregrina, ya que no mirada con aversión por los buenoscreyentes. La
 filosofía,
se ha dicho con razón,
es un mero episodio en la vida de los musulmanes.
Yaun se
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puede añadir que apenas se contó un árabe entre esos filósofos. Casi todos fueronsirios, persas y españoles.El papel que corresponde a la cultura muslímica en la historia de la metafísica, no es otro que el detrasmisora de la ciencia griega, generalmente mal entendida. No dejaron los árabes de tener algunosrastros y vislumbres de filosofía propia, porque no hay pueblo ni raza que carezca de ellos. Lafilosofía posible entre los sarracenos se mostró en sus sectas heterodoxas. Así el conflicto de lapredestinación y el libre albedrío, hizo brotar las sectas de
Kadaríes y Djabaríes.
La negación de todoatributo positivo en la Divinidad, hecha por los partidarios del
Chabar,
fué ásperamente combatidapor los
Sifatíes o Antropomorfitas.
De estos débiles principios fué naciendo la secta de los
 Motáziles
o disidentes, impugnadores asimismo de los
atributos
y del
 fatalismo.
Sirvieron los motáziles comode cadena entre la ortodoxia y la filosofía. La ciencia del
calam
(palabra), especie de
teologíaescolástica,
enseñada por los
 Motacallimun,
vástago de los motáziles, es ya una doctrina filosófica,nacida de la lucha entre el peripatetismo y el dogma muslímico, y acrecentada con doctrinas griegas,como que tiene una base atomística. Pero antes conviene hablar de los peripatéticos.Cuando los árabes se apoderaron de Siria, Caldea y Persia, duraba allí el movimiento intelectual
 
excitado por los últimos alejandrinos, a quienes arrojó de su patria el edicto de Justiniano, y por losherejes nestorianos, que expulsó Heraclio. Algunos monarcas persas, como Nuschirvan, habíanprotegido estos estudios y hecho traducir a su lengua algunos libros. Los árabes no se percataron alprincipio de nada de esto; pero cuando a los Omeyas sucedieron los Abasíes, ya aplacados losprimeros furores de la conquista, vióse a los médicos nestorianos, a los astrólogos y matemáticospenetrar en el palacio de los califas, tan solícitos en honrarlos como lo habían sido algunos monarcasdel Irán. En el califato de Almansur se tradujeron ya los
Elementos
de Euclides. En tiempo de Harún-al-Rachid, y sobre todo de Almamún, apenas se interrumpe la labor de las traducciones de filósofos,médicos y matemáticos griegos, puesto que la
amena literatura clásica
fué del todo desconocida paralos árabes, harto incapaces, por carácter y costumbres, de entender la pureza
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helénica.Debiéronse la mayor parte de esas versiones, que a veces eran refundiciones y extractos, a Isaac, aHonain-ben-Isaac, a Costa-ben-Luca, y a otros nestorianos persas y sirios. Unos traducían del siríacoal árabe, otros directamente del griego. Entonces conocieron los árabes a Aristóteles y a algunosneoplatónicos.La importancia y celebridad de Aristóteles había subido de punto en los últimos tiempos de la escuelade Alejandría, suplantando casi a la fama de Platón, merced a los comentarios de Temistio, Simplicio,y Juan el Gramático o Filopono. Con los libros auténticos del Estagirita llegaron a manos de losárabes otros apócrifos y de doctrina enteramente opuesta, como la llamada
Teología
de Aristóteles,obra de algún pseudomístico alejandrino, e inspiradora, como veremos, de la
Fuente de la Vida,
deAvicebrón. Aparte esto, de los neo-platónicos alcanzó a los árabes el rechazo más que la doctrina.Avempace y Tofail se parecen a Plotino, pero no le conocían ni le nombran. De Proclo manejaban,según parece, un libro apócrifo: el que los cristianos llamaron
 De causis.
La filosofía prearistotélica,inclusa la de Platón, conocíanla sólo por las referencias de Aristóteles, y de allí tomaron los
 Motacallimun
su atomismo. Corrían, sin embargo, libros con nombre de Empédocles, Pitágoras yalgún otro pensador antiguo, pero todos de fábrica reciente, y saturados de neoplatonismo.El neoplatonismo, pues, en sus ultimas evoluciones, no el de las
Enéadas,
y el peripatetismo en todasu extensión y comentado por los alejandrinos, constituyen el caudal científico de los árabes y la basede sus especulaciones. Pero el nombre de Aristóteles es siempre el que ellos invocan hasta con fervorsupersticioso, siquiera en los pormenores, en el cariño especial con que tratan algunas cuestiones, yaun en la solución que a veces les dan, se muestran un tanto originales.Hasta el siglo IX, cuando buena parte de esos libros eran conocidos y divulgados, los árabes nodieron muestra de sí. El primero de sus filósofos, de nombre conocido, es Al-Kindi, que floreció enBagdad en tiempo de los califas Almamún y Almotasin, y compuso, según dicen, más de 200 obras,aunque hoy apenas se conserva ninguna. Especuló
sobre la naturaleza de lo infinito, sobre elentendimiento, sobre el orden de los libros de Aristóteles,
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sobre el plan y propósito de ésteen las Categorías
y principalmente
sobre la unidad de Dios,
cuyos atributos positivos negaba.[1] Eclipsóle Alfarabi, filósofo del siglo X, discípulo de un cristiano llamado Juan, hijo de Geblad.[2] Comentó el
Organon
de Aristóteles, y en nada esencial se aparta del peripatetismo. Tuvo mucha bogaentre los escolásticos un tratadillo suyo,
 De scientiis,
especie de metodología, citado con elogio pornuestro Fernando de Córdoba en el
 De artificio omnis scibilis.
No parece que encerraba propósitoalguno de concordia otro escrito de Alfarabi
sobre las doctrinas de Platón y de Aristóteles.
En
 
cambio es importante su tratado
 De los principios de los seres,
conservado en la versión hebrea deRabí-Samuel-ben-Tibbon, y calificado por Maimónides de
 pura flor de harina.
Reconoce Alfarabiseis principios, es a saber: la causa primera, las causas segundas o inteligencias de las esferascelestes, el entendimiento agente, el alma, la forma y la materia; independientes del cuerpo los tresprimeros, unidos a él los tres segundos. Pone la ciencia y la felicidad humanas, como los demásfilósofos árabes que le siguieron, en la unión con
el entendimiento agente,
pasando por los gradosintermedios del
entendimiento en efecto
y del
entendimiento adquirido.
Es el entendimiento agente yseparado una luz que irradia en todo lo inteligible y produce la intelección, como los colores la luz.Sólo las almas que alcancen su unión con el
intelecto
agente serán inmortales. Pero Alfarabi no llegaal panteísmo, porque ni ese
intelecto
es Dios, ni la personalidad humana queda absorbida en laesencia divina; pues, según él, las almas separadas
gozan
en su unión, y el goce supone conciencia.Averroes le atribuye, sin embargo, el haber dicho
que la inmortalidad del alma era un cuento deviejas.
[3] 
[p. 155]
En verdad que Aristóteles no hubiera conocido su teoría del
intelecto
apqhtikÕj
y del
poihtikÕj
, tal como los árabes la disfrazaron. Del texto del libro III
 De anima,
por másinterpretaciones que se le den y diga lo que quiera Renán, no resulta ni la
unidad del entendimientoagente
ni su
separación
del hombre. No existe para Aristóteles esa
razón objetiva e impersonal.
[1] La impasibilidad e incorruptibilidad del
intelecto agente,
y no del posible, no significa más que lainmortalidad del alma
en sus facultades superiores,
tal como Aristóteles la entiende. Que los dosprincipios sean distintos y
separados,
Aristóteles lo dice expresamente; pero que el uno de ellos estéfuera del alma y sea
único,
a la manera de una luz
exterior 
que ilumine todas las inteligencias, ni lodice ni puede deducirse de su libro, a pesar de algunas expresiones, que riñen con el resto de ladoctrina del
noãj
, y que parecen tomadas de Anaxágoras. No es esta la primera vez que en cosasmás graves ha puesto Renán sus propias imaginaciones en cabeza de los autores, cuyos textos
solicitaba blandamente,
para que respondiesen a su intento.Esta mala inteligencia de dos o tres frases del capítulo V, libro III,
 De anima,
es una de las mayoresnovedades y de los fundamentos del peripatetismo arábigo, aunque ya estuviera en germen en loscomentos de Temistio y Filopono. La reducción de esta filosofía a cuerpo de doctrina, débeseprincipalmente al persa Avicena (Ben-Sina),[2]tan famoso como médico. En su gran compilación
 Al- Xifa,
y en el compendio que tituló
 Al-Nacha,
[3]desarrolla todo el círculo de las ciencias filosóficasal modo de Aristóteles, aunque por orden más breve y sencillo. Admite Avicena, contra la ortodoxiamusulmana, la eternidad del mundo, y toma de los neoplatónicos el sistema de la
emanación,
paraexplicar cómo de lo uno (Dios), resulta lo
múltiple
(el mundo). De Dios emana la
inteligencia,
quemueve la primera esfera celeste; de ésta la que mueve la segunda, y así sucesivamente hasta
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 el
intelecto agente
y el alma humana, etc. Dios tiene el conocimiento de las cosas universales; a lasinteligencias separadas compete el de las particulares y accidentales. A diferencia de otros filósofosárabes, en la vida práctica, antes que en la especulativa, pone Avicena el fin del hombre; admite el
 profetismo
como estado sobrenatural, y cuando habla de la unión del alma con el intelecto agente,tiene rasgos místicos a su manera. Parece que en la
Filosofía oriental,
libro
esotérico
suyo, hoy noconocido más que por las citas de Tofail y Averroes, defendía sin ambajes el panteísmo.Por lo que Avicena se aparta del peripatetismo, atrájose las iras de Averroes y otros
aristotélicos puros,
o que creían serlo. Por lo que riñe con la ortodoxia muslímica, dió margen a las

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