3vale decir y para decirlo de una vez:
yuppies
o
Chicago boys
de la política: «lechuguinos, petimetres ymariposones» como los motejó Ramos Allup, adicto representante del
Ancien Régime
ya curado de lanostalgia de la Venezuela pobre y rural.
2
Esa de-geración (me refiero a las formas neoliberales de la política sin
polis
, másespecíficamente sin ciudadanos)
fue aplastada por el tsunami político de la movilización de masas quesignificó la irrupción de Chávez. Al «fin de la historia» de Fukuyama le sobrevino (desde la periferia delmundo y haciéndose voz y rostro de un sinfín de causas populares africanas, árabes, latinoamericanas, perotambién poco a poco e
in crescendo
a medida que la crisis arrecia, de los suburbios, periferias y excluidosque aumentan a la vera del Primer Mundo) un torrente de historia que sacude y colma de nuevossignificados y fuerza conceptos caídos en desuso: Patria, Nación, Pueblo, Soberanía, Dignidad.Obsérvese sin embargo que Chávez llega al poder sin un partido consolidado (el MVR teníaescaso año y medio y cuando nació era abstencionista) cabalgando una amalgama llamada Polo Patriótico.
2
Para la fecha (abril 2012), en lo que pudiera ser un vistazo superficial, el partido Acción Democrática se encuentra desplazadodel escenario electoral puesto que su candidato en las «primarias» celebradas el 12 de febrero, Pablo Pérez (UNT), perdió anteCapriles Radonsky (PJ). Ciertamente, no hubo primarias (es decir, las «hubo» entre comillas, para satisfacción de los mediosnacionales e internacionales y la «opinión pública» nacional e internacional que se oculta tras la mampara de «noticias» que«informan» que
se están cumpliendo
todos los trámites legales
pese a vivir bajo una terrible dictadura que no ofrece ninguna ganrantía
.) Sabemos que el fraude fue mayúsculo, la manipulación y la destrucción de los cuadernos hizo imposible por demásuna elemental y posible auditoría (aunque esta no ocurra es suficiente para la transparencia que
pueda
ser hecha
en cualquier momento
para despejar dudas de cualquier naturaleza. La quema súbita de los libros pasando por encima de una decisión delTribunal Supremo de Justicia enturbia sin remedio la situación); en pocas palabras, la oposición asumió ante los medios y laopinión pública la apariencia de navegar en las aguas de la institucionalidad. Lo cierto y visto en retrospectiva es que se repite elescenario de abril 2002, Primero Justicia pone de nuevo la cara partidista y civil del golpe de estado: el gobierno, dicen, debe ir a parar a manos de los empresarios, mientras Acción Democrática, golpista histórica en el fondo pero sin poder ni civil ni para/militar para aventurarse a dar el golpe, se agazapa y opta por lo más fácil y más futuro: vivir de algunas alcaldías ygobernaciones con diputados y fichas –evidentes o solapadas- en el gobierno. Primero Justicia no ambiciona estos escenarios desegunda y confía en arremeter contra toda la institucionalidad y voltear la mesa. Aspiran al golpe de Estado y a un gobierno deempresarios. El marco para que esto sea posible no es otro que la «dictadura»; no les será fácil, sin embargo, si llegaren al poder, encubrir sus operaciones terroristas, allanamientos y asesinatos a líderes sociales, la destrucción de las organizaciones yel arrasamiento de toda la infraestructura política levantada por el gobierno y el Estado bolivariano, amén de torcer lo muchoque se ha hecho al interior de la institución castrense. No les fue posible cuando el gobierno bolivariano apenas comenzaba,menos ahora, con más conciencia popular y más tiempo para introducir cambios cuantitativos y cualitativos. La única«estrategia» llevadera para conducir todo a un caos «controlado» es dejar el campo abierto a la actuación de mercenarios, bandas armadas, revestidas mediáticamente con el carácter de cuadrillas de limpieza, enfrentadas casa por casa y en la oscuridadde los barrios a «desalmadas hordas chavistas partidarios del descabezado régimen». Se impondría sin más la ley del terror (y la«pedagogía del millón de muertos» de la que habla Santiago Alba Rico) mientras se encargan las trasnacionales de retomar (sinlas pretensiones bolivarianas del capital mixto) posiciones estratégicas, de repartirse las industrias básicas, y fundamentalmentelas reservas petroleras. Lo demás puede caerse a pedazos, y hasta una previsible guerra civil cabe perfectamente en los cálculos.De todos modos, su «gobierno» estaría dirigido a un pequeño sector (islas urbanas, «zonas verdes», cápsulas de confort yconsumo caribeño), con sus modos de vida frívolos y
light
absolutamente visibles a través de todos los medios (definitivamentesuyos), mientras las mayorías serían de nuevo invisibilizadas, perseguidas, y las más sumisas (y que engrosaban el volátil sector de los ni-ni) son terminantemente convencidas de que el caos se debe a la descomposición tapada por más de una década por la propaganda del gobierno, al que sólo le faltaba un soplo para caer y con él todo lo demás. El escenario que pinto suena terrible, pero sólo basta recordar lo acontecido durante las breves 48 horas del gobierno del «empresario» Pedro Carmona Estanga,cuando el golpe del 11 de abril de 2002.