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El Batey que se negó a morir

El Batey que se negó a morir

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Published by Jorge Ortiz Colom
Ensayo histórico y crítico sobre el concepto y la expresión del BATEY, elemento fundamental en la espacialidad popular puertorriqueña.
Ensayo histórico y crítico sobre el concepto y la expresión del BATEY, elemento fundamental en la espacialidad popular puertorriqueña.

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EL BATEY QUE SE NEGÓ A MORIR
Jorge Ortiz ColomArquitecto ConservacionistaInstituto de Cultura PuertorriqueñaOficina Regional Ponce, Sur y SurestePO Box 332023, Ponce, PR 00733-2023Tel. (787) 290-6617, 290-6618; fax (787) 840-9239ortizcolom@prtc.net, ortizcolom@gmail.com  Ponencia presentada el 4 de octubre de 2008 en el Congreso de la Asociación de EstudiosPuertorriqueños, Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, San Juan dePuerto RicoEn la espacialidad puertorriqueña, la palabra BATEY tiene particular estimación yabuso. Se carga como ninguna otra de nostalgia y asociaciones emocionales, y bautizauna legión de lugares asociados con el recuerdo, el ocio y la solidaridad informal. Peroigualmente es un concepto cargado de historia, que como espejo refleja la evolución delconcepto nacional de espacio y convivencia.Hay que hacer varias precisiones: la palabra no es endémica de Puerto Rico -también se usa en otras Antillas hispanas - y tampoco Puerto Rico tiene el monopolio delos espacios centrípetos, aglutinantes y enfocados. Lo distintivo del batey boricua es sucarga asociativa y su presencia insistente, a varias escalas y prevaleciendo la doméstica, yen varios contextos, como realidad y símbolo, como elemento de resistencia, inclusive.Más que un elemento mensurable o visible, el batey es un
 patrón
- sistema derelaciones entre componentes - orientado a lograr un fin específico, conforme a las
 
2
definiciones de Alexander (1977). Y el patrón alterna con el símbolo de maneraimprevista, poniendo tras un velo el origen de la palabra. Originalmente, según Rouse(1992)
batey
significaba el juego ritual del politeísmo taíno, y se extendió el nombre allugar donde se jugaba. La palabra resistió victoriosamente la desarticulación de lasmanifestaciones culturales indígenas y se criollizó dentro del castellano antillano.El nombre quedó oculto dentro de los "siglos negros" desde principios del
XVI
 hasta principios del
XIX
. Abbad y Lasierra (1788, reeditado 2002) lo menciona dos vecesaludiendo al juego indígena, pero no vuelve a salir a la superficie como elementoconsciente de lo cotidiano hasta el nacimiento de la literatura de costumbres con suprimera expresión significativa:
 El Jíbaro
de Manuel A. Alonso y Pacheco (1849) y otrasobras abanderadas de esta corriente que le han seguido en el siglo y medio hasta hoy. Elvocablo sale, con una acepción similar a la desarrollada posteriormente, al menos dosveces en dicho libro. En la página 127 es teatro de una pelea entre primos por una hembraque bailaba en la sala de una casa; y en la página 145 el narrador, entonces niño,comentaba que "el
tayta
[padre] se divertía mirándonos retozar en el
batey
" (énfasis deAlonso). El patrón espacial del batey como nodo del paisaje rural iba definiéndosedurante todos estos años, a juzgar por la evidencia disponible mayormente escrita y laspocas imágenes de la época.Puerto Rico, según hipótesis de arqueólogos (Alvarado Zayas, Rivera Meléndez,comunicaciones personales)- y los numerosos hallazgos de residuarios y concheros en elinterior de su territorio, era un territorio surcado por una gran red de caminos hechos antetodo para cruzarse a pie. Estos se han hallado en los lugares más remotos y a menudo
 
3
conquistando inclinaciones precipitadas y cimas elevadas. Muchos pasan cerca de lugaresdonde se hallan elementos culturales de los indígenas, o llevan hacia ellos (Stahl, s.f.) loque hace presumir una antigüedad milenaria.Esta red fue visiblemente apropiada por la cultura campesina que fue asentándoseen el interior de la isla la cual se pobló inicialmente de forma dispersa (Abbad y Lasierra1788, reedición 2002). Y fue en el contexto de esta espacialidad rural y boscosa, de unpaisaje cultural dominado por su componente natural donde la huella humana era unprecario rasguño, que el batey fue renaciendo con dos personalidades: encrucijada decaminos y punto de encuentro en la red vial, y simultáneamente como transición entre lopúblico y privado en el dominio doméstico del campesino. Este es de hecho el patrónprimario de batey que define la espacialidad del campo puertorriqueño.Su propósito primario era el encuentro e intercambio personal en este mundo decampesinos aislados, permitiendo la transmisión de elementos culturales, la difusión deinformación y bienes, y las relaciones sociales fuera de la estricta intimidad. Para esto elbatey puertorriqueño, en esta acepción, se conformaba como un área abierta,normalmente desprovista de vegetación pero rodeada por elementos verticales que ledieran definición visual. Normalmente estos elementos eran viviendas o ventorrillos,elementos construídos y cuya presencia aseguraba que el batey iba a ser usado comoreferente al menos por los vecinos o usuarios del inmueble adyacente. Otro elementodefinidor del batey era el tener acceso de camino o vereda, fuera encrucijada o acceso a laresidencia.

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