Edición especial
20
años
Editorial Pontifcia Universidad Javeriana •
IMPRONTA
9
•
Libreros: cultura, libros y ocio
Ensayo
Nicolás Jiménez
Hace unas semanas, cuando se me conó la tarea de redactar estas líneas sobre lagura del librero y de su unción como agente cultural, acepté quizá muy apresura-damente. Realizar un examen sobre el quehacer diario, tanto el propio como el deun destacado conjunto de colegas, revisar una bibliograía y empeñar un ejercicio deredacción parecían, solo en principio, un ejercicio sencillo.Al realizar un barrido entre lo publicado sobre temas como
agencia cultural
osobre la categoría
agencia
y, por otro lado, los temas relativos al marketing editorial,comenzaron a surgir las dicultades. Esto es, cada vez que los dos temas se tocan enel mismo escrito —especialmente en la prensa cultural española y argentina— se lostrata como antagónicos.Así, en los textos especializados en marketing editorial no se contempla la -gura del librero, aunque aparezcan alusiones a “representantes de ventas” o “agentescomerciales”. Y los libreros no se reconocen en esas descripciones: las encuentran de-masiado acotadas y poco acordes con su labor, con nuestra labor. En lo sucesivo aven-turaré una descripción que —aunque aquí o allá caiga en romanticismos— se reerirá,en último término, a la lectura como un modo de vida… y a quienes elegimos vivirla.
* * *
Coneso que cuando entro a una casa por primera vez busco la biblioteca, examino lostítulos, autores y ediciones, y esto me habla de intereses y aciones de mi antrión. Mejo también en el orden en que están dispuestos… ello siempre me ha dado una ideadel carácter de su propietario.Coneso que hago lo mismo con mis libros: entro a mi estudio, doy una miraday saco del estante de los recién llegados un ejemplar. Leo un rato tratando de pensardónde debería ir y lo pongo allí. Con alguna recuencia pasa que, al mover libros de unlugar a otro, caigo en la cuenta de que este o aquel están mal ubicados, así que a veces latarea se extiende un poco. Y aunque la cosa se complique puesto que escasea el espacioen la biblioteca, el ejercicio siempre es el mismo.Esto lo hago porque creo rmemente que la biblioteca personal es un arteactoque debe poder ser descubierto siempre. Sea cual sea la razón de la llegada de un libroa mis manos, creo que mis libros no solo dicen de los pensamientos, arte y reexión deotros, sino de mí mismo. Creo que entre nuestras bibliotecas y nuestras biograías noalcanzaríamos a dar un paso.Sabemos que la lectura nos cambia, altera, emociona y entristece, nos orma…nos modela. Una parte ormidable de lo que los humanos hemos denominamos
su-blime
es alcanzable, exclusivamente, a través de ella. Y sé, como librero, que cuentopie para reexionar sobre distintos aspectos de mi ocio en Bogotá, sobre todo en lorelativo a las
miradas sobre la librería
.Habiendo ejercido el ocio de librero durante algunos años, cuando un visitan-te en la librería me consulta por un libro acostumbro a buscar en las estanterías, enprimer lugar, por sección y luego por editorial: los sellos distintivos de las casas edito-riales, así como los colores y los diseños de las colecciones constituyen un diccionariovisual imprescindible.En la Ateneo, librería ampliamente provista de textos de ciencias humanas,política y literatura, mi diccionario visual no uncionó en absoluto. Después de reco-rrer varias veces sus estanterías creí entender por qué: no había a la vista ningún títulovenido de prensas españolas, mexicanas o argentinas. La oerta de esta librería estabacompuesta enteramente por prensa nacional.erminando esta visita noté que la acturación se realizó a mano; en ese mo-mento, además, se encontraban tras el mostrador dos libreros realizando el cierre decaja del día, a la vez que anotaban en un ormato las descargas del inventario corres-pondientes a las ventas de la jornada. Ver esto me produjo una gran sorpresa y meremitió a pensar en la orma en que estas tareas, acturación y seguimiento del inven-tario, se llevan a cabo en las librerías bogotanas, al menos.Aquí son comunes dos modalidades de manejar estos inventarios: en consig-nación o en rme. En la primera, los libros vendidos se reportan mensualmente a susproveedores y a renglón seguido vienen los temas de acturación. Con alguna recuen-cia, se realizan seguimientos del inventario consignado, bien a través de conteos ísicoso a través de comparaciones entre los documentos de la librería y de cada proveedor.En la segunda modalidad, en rme, la librería “compra” los textos en el momento en elque son entregados y el seguimiento del inventario depende enteramente de su equipo.Estas dos modalidades pueden ser manejadas al mismo tiempo por cada proveedor yes común que cada uno de ellos distribuya varios sellos o casas editoriales. No es extra-ño que, a su vez, una librería reciba en varias ocasiones ejemplares de un mismo título,y si a esto se suma que un sello editorial puede cambiar de proveedor hasta tres vecesen un año, lo que signica realizar enormes devoluciones de libros, el tema del inven-tario para las librerías es un
tema
. De aquí la sorpresa que mencioné hace unas líneas.No logro imaginar cómo realizar esta labor sin contar con herramientas inormáticasapropiadas y sin el apoyo de los compañeros de las áreas administrativas y nancierasen el seguimiento constante de estos movimientos.En todo caso, este tema del inventario no se agota al enlistar qué libros se en-cuentran en la librería en un momento dado, sino que pasa por saber qué títulos tienendisponibles los proveedores, pensando en realizar, en cada ocasión, una recomenda-ción precisa para un visitante. Contar con proveedores, conscientes de esta responsa-bilidad, es undamental en la construcción de una gran librería.Cabe anotar que hoy, en Colombia, solo en el conocimiento compartido deaños de experiencia de un equipo de libreros existe algo parecido a un mapa que ubiquecuáles sellos editoriales son manejados por qué proveedores. Gracias a esta posicióninmejorable, al disponer de varias ediciones de un mismo título, por ejemplo, podemos juzgar cuál de ellas es la mejor en términos de la calidad de una traducción, riqueza delprólogo y del estudio preliminar, presencia o ausencia de índices, etc.Visto en conjunto, poseer una mirada aguda sobre el tema administrativo ynanciero de una librería es un componente vital para su sostenibilidad. Son variaslas anécdotas que circulan entre los colegas libreros en las que se narran con nostalgialas desapariciones de algunas de las más bellas y tradicionales librerías bogotanas; deentre estas historias, una línea en común augura el nal del relato: “Pero algo pasó allácon la cosa de la administración y…”.Ahora bien, que una librería, vista administrativamente, alcance su “punto deequilibrio” o que sea sostenible no signica que sea exitosa. Hace alta una combinato-ria precisa de múltiples elementos, como la disposición armónica de su local, seccionesinteresantes compuestas tanto de clásicos como de novedades, un uerte equipo delibreros que conozca el material que reposa en sus estanterías, un sistema de inorma-ción ágil, visitantes habituales de los que enriquecen con su charla la
atmósera
de lalibrería. Y he aquí el punto: esta combinatoria de elementos, obvios u ocultos, en susproporciones exactas, crean una
atmósera
propicia para que el encuentro con el librotenga lugar.Vuelvo sobre la segunda librería de La Habana para ilustrar lo anterior con cla-ridad. Quiero reerirme a Libros de Ocasión (la nombro así porque su nombre no eravisible en la achada del local donde estaba ubicada). La encontré por ortuna y azar:me llamó la atención que, sobre el bullicio de la calle, se elevara una voz que disertarasobre la naturaleza humana, mientras destacaba en la creatividad e imaginación lasmayores de sus virtudes.Cuando entré por la pequeña puerta que daba acceso a la sala abarrotada delibros, el librero —hombre ya mayor— inclinó su cabeza en señal de saludo y continuócon su discurso. Su público eran dos jóvenes, libreros a su vez: uno escuchaba atenta-mente, sentado en la escalera ubicada a la derecha del salón, mientras el otro, que seencontraba al ondo de la librería, jamás apartó su mirada de los libros que me atreví asacar de los estantes: encontré allí una
Anatomía humana
con echa de edición de 1856,una edición bilingüe de las
Fábulas
de Fedro, editado por Librería de Rosa en París en1844, y, por si uera poco, puesto ahí sobre la mesa reposaba un ejemplar de la primeraedición, de 1962, de
El siglo de las luces
de Carpentier.Esta visita a la Libros de Ocasión trae a colación una idea que, en mi opinión,eleva al libro por encima de todo otro producto susceptible de ser adquirido comercial-mente: la idea del
hallazgo
. Esto es, del encuentro exacto de lo que se estaba buscando odel encuentro inesperado de lo proundamente signicativo. Los libros relevantes parauna investigación, una antología de poemas, un texto sobre el duelo o una gran novela,que dejen los estantes de una librería habiendo sido hallados de esta manera se con-vertirán, muy seguramente, en volúmenes protagónicos de las bibliotecas de sus pro-pietarios. Así, volviendo sobre las líneas del inicio de este breve escrito, al acompañara nuestros visitantes en el hallazgo de un libro, nosotros, libreros, les acompañamos alhallazgo de la vida misma.
P2
con el privilegio y la responsabilidad de acompañar a los visitantes de la librería a suencuentro.Volviendo la mirada hacia atrás, reconozco el valor del tiempo que pasé en lahoy transormada Biblos Librería, donde inició mi experiencia ormal como librero.Por ese entonces, su propietario era don Santiago Figueroa y David Roa su libreroprincipal. De las conversaciones sostenidas con ellos, obtuve una mirada estructuralsobre la
librería como negocio
, una mirada minuciosa de la
librería como obra
y, por sobretodo, los que considero los principios del arte del librero.Pensando sobre lo
escrito
, es claro para todos que la obra del autor es el texto;para otros podría ser evidente que la obra del editor está en la construcción del libroy de su catálogo. Ahora bien, sostengo que la obra del librero está en la
selección
: en laordenación de las secciones, catálogos y títulos que integran la librería.Y de la misma manera en que el pintor elabora con cuidado sus óleos, eligiendoesta o aquella tierra, mezclándolas pacientemente con trementina antes de ser aplica-das al cuadro, sostengo que, además, un auténtico librero no se ocupa tanto de vendercomo de
acompañar
y
guiar
al lector en la
búsqueda
de la lectura, partiendo de la con- junción entre el conocimiento que tiene el primero de las partes de su obra y lo bus-cado por el segundo; solo así el encuentro con el libro es auténtico, visitar una libreríaresulta enriquecedor y se generara la posibilidad de elaborar un diálogo en el que seincremente el conocimiento de ambos.Ahora bien, solo en la cción es posible encontrar una librería en la que se en-cuentren, al mismo tiempo, todos los libros publicados. En realidad no nos acercamossiquiera a los disponibles comercialmente. Considérense, por ejemplo, el total de lostextos publicados en español a lo largo del año pasado, tanto en Colombia como enotras latitudes: esa cira es ya portentosa (en el Repertorio Integrado de Libros enVenta en Iberoamérica, se encuentran enlistados a la echa algo más de un millón cua-trocientos mil títulos). Por ello, parte undamental del arte se encuentra en recomen-dar un texto disponible en la librería que se acerque, de una u otra manera, a lo buscadopor el lector. En esos casos, y sobre esto quisiera ser enático, jamás debería recomen-darse un libro cuya lectura no se haya nalizado; puesto que, como libreros, solo con-tamos con nuestra reputación, entendida esta como un delicado equilibrio entre gustoy conocimiento. Cada recomendación pone en juego nuestro nombre y el de la librería.
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uve oportunidad de acudir, como parte de la comitiva de la Editorial UniversidadNacional de Colombia, a la cita de la Vigésimoprimera Feria Internacional del Librode la Habana en ebrero de este año. Gracias a los contactos hechos en ella, pudevisitar varias librerías, de diversos espíritus y tamaños, y entre ellas dos que me dan
Nicolás Jiménez empezó su ormación en el ofcio en Biblos y ahora es el coordinador de librerías de la Universidad Nacional de Colombia.
Fotograía: Guillermo Santos
Libreros, librerías y agencia cultural
Los principios del arte