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LOE 2 2006 3 DE MAYO

LOE 2 2006 3 DE MAYO

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17158 Jueves 4 mayo 2006 BOE núm. 106
I. Disposiciones generales
JEFATURA DEL ESTADO
 7899
LEY ORGÁNICA 2/2006, de 3 de mayo, de Edu- cación.
JUAN CARLOS I
REY
 
DE
 
ESPAÑA
A todos los que la presente vieren y entendieren.Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yovengo en sancionar la siguiente ley orgánica.PREÁMBULOLas sociedades actuales conceden gran importancia ala educación que reciben sus jóvenes, en la convicción deque de ella dependen tanto el bienestar individual comoel colectivo. La educación es el medio más adecuado paraconstruir su personalidad, desarrollar al máximo suscapacidades, conformar su propia identidad personal yconfigurar su comprensión de la realidad, integrando ladimensión cognoscitiva, la afectiva y la axiológica. Para lasociedad, la educación es el medio de transmitir y, almismo tiempo, de renovar la cultura y el acervo de cono-cimientos y valores que la sustentan, de extraer las máxi-mas posibilidades de sus fuentes de riqueza, de fomentarla convivencia democrática y el respeto a las diferenciasindividuales, de promover la solidaridad y evitar la discri-minación, con el objetivo fundamental de lograr la nece-saria cohesión social. Además, la educación es el mediomás adecuado para garantizar el ejercicio de la ciudada-nía democrática, responsable, libre y crítica, que resultaindispensable para la constitución de sociedades avanza-das, dinámicas y justas. Por ese motivo, una buena edu-cación es la mayor riqueza y el principal recurso de unpaís y de sus ciudadanos.Esa preocupación por ofrecer una educación capaz deresponder a las cambiantes necesidades y a las deman-das que plantean las personas y los grupos sociales no esnueva. Tanto aquéllas como éstos han depositado históri-camente en la educación sus esperanzas de progreso y dedesarrollo. La concepción de la educación como un ins-trumento de mejora de la condición humana y de la vidacolectiva ha sido una constante, aunque no siempre esaaspiración se haya convertido en realidad.El interés histórico por la educación se vio reforzadocon la aparición de los sistemas educativos contemporá-neos. Esas estructuras dedicadas a la formación de losciudadanos fueron concebidas como instrumentos funda-mentales para la construcción de los Estados nacionales,en una época decisiva para su configuración. A partir deentonces, todos los países han prestado una atencióncreciente a sus sistemas de educación y formación, con elobjetivo de adecuarlos a las circunstancias cambiantes ya las expectativas que en ellos se depositaban en cadamomento histórico. En consecuencia, su evolución hasido muy notable, hasta llegar a poseer en la actualidadunas características claramente diferentes de las quetenían en el momento de su constitución.En cada fase de su evolución, los sistemas educativoshan tenido que responder a unos retos prioritarios. En lasegunda mitad del siglo XX se enfrentaron a la exigenciade hacer efectivo el derecho de todos los ciudadanos a laeducación. La universalización de la enseñanza primaria,que ya se había alcanzado en algunos países a finales delsiglo XIX, se iría completando a lo largo del siguiente,incorporando además el acceso generalizado a la etapasecundaria, que pasó así a considerarse parte integrantede la educación básica. El objetivo prioritario consistió enhacer efectiva una escolarización más prolongada y conunas metas más ambiciosas para todos los jóvenes deambos sexos.En los años finales del siglo XX, el desafío consistió enconseguir que esa educación ampliamente generalizadafuese ofrecida en unas condiciones de alta calidad, con laexigencia además de que tal beneficio alcanzase a todoslos ciudadanos. En noviembre de 1990 se reunían en Paríslos Ministros de Educación de los países de la Organiza-ción para la Cooperación y el Desarrollo Económico, conobjeto de abordar cómo podía hacerse efectiva una edu-cación y una formación de calidad para todos. El desafíoera cada vez más apremiante y los responsables educati-vos de los países con mayor nivel de desarrollo se apres-taron a darle una respuesta satisfactoria.Catorce años más tarde, en septiembre de 2004, losmás de sesenta ministros reunidos en Ginebra, con oca-sión de la 47.ª Conferencia Internacional de Educaciónconvocada por la UNESCO, demostraban la mismainquietud, poniendo así de manifiesto la vigencia deldesafío planteado en la década precedente. Si en 1990eran los responsables de los países más desarrolladosquienes llamaban la atención acerca de la necesidad decombinar calidad con equidad en la oferta educativa,en 2004 eran los de un número mucho más amplio deEstados, de características y niveles de desarrollo muydiversos, quienes se planteaban la misma cuestión.Lograr que todos los ciudadanos puedan recibir unaeducación y una formación de calidad, sin que ese bienquede limitado solamente a algunas personas o sectoressociales, resulta acuciante en el momento actual. Paísesmuy diversos, con sistemas políticos distintos y gobier-nos de diferente orientación, se están planteando eseobjetivo. España no puede en modo alguno constituir unaexcepción.La generalización de la educación básica ha sido tar-día en nuestro país. Aunque la obligatoriedad escolar sepromulgó en 1857 y en 1964 se extendió desde los seishasta los catorce años, hubo que esperar hasta mediadosde la década de los ochenta del siglo pasado para quedicha prescripción se hiciese realidad. La Ley General de
 
BOE núm. 106 Jueves 4 mayo 2006 17159
Educación de 1970 supuso el inicio de la superación delgran retraso histórico que aquejaba al sistema educativoespañol. La Ley Orgánica del Derecho a la Educación pro-porcionó un nuevo y decidido impulso a ese proceso demodernización educativa, pero la consecución total deese objetivo tuvo que esperar aún bastantes años.La Ley 14/1970, General de Educación y de Financia-miento de la Reforma Educativa, y la Ley Orgánica 8/1985,reguladora del Derecho a la Educación, declaraban la edu-cación como servicio público. La Ley Orgánica de Educa-ción sigue y se inscribe en esta tradición. El serviciopúblico de la educación considera a ésta como un servicioesencial de la comunidad, que debe hacer que la educa-ción escolar sea asequible a todos, sin distinción de nin-guna clase, en condiciones de igualdad de oportunidades,con garantía de regularidad y continuidad y adaptada pro-gresivamente a los cambios sociales. El servicio públicode la educación puede ser prestado por los poderes públi-cos y por la iniciativa social, como garantía de los dere-chos fundamentales de los ciudadanos y la libertad deenseñanza.En 1990, la Ley Orgánica de Ordenación General delSistema Educativo estableció en diez años el período deobligatoriedad escolar y proporcionó un impulso y presti-gio profesional y social a la formación profesional quepermitiría finalmente equiparar a España con los paísesmás avanzados de su entorno. Como consecuencia de esavoluntad expresada en la Ley, a finales del siglo XX sehabía conseguido que todos los jóvenes españoles deambos sexos asistiesen a los centros educativos al menosentre los seis y los dieciséis años y que muchos de elloscomenzasen antes su escolarización y la prolongasendespués. Se había acortado así una distancia muy impor-tante con los países de la Unión Europea, en la queEspaña se había integrado en 1986.A pesar de estos logros indudables, desde mediadosde la década de los noventa se viene llamando la aten-ción acerca de la necesidad de mejorar la calidad de laeducación que reciben nuestros jóvenes. La realizaciónde diversas evaluaciones acerca de la reforma experi-mental de las enseñanzas medias que se desarrolló enlos años ochenta y la participación española en algunosestudios internacionales a comienzos de los noventa evi-denciaron unos niveles insuficientes de rendimiento, sinduda explicables, pero que exigían una actuación deci-dida. En consecuencia, en 1995 se aprobó la Ley Orgánicade la Participación, la Evaluación y el Gobierno de losCentros Docentes, con el propósito de desarrollar ymodificar algunas de las disposiciones establecidas en laLOGSE orientadas a la mejora de la calidad. En elaño 2002 se quiso dar un paso más hacia el mismo obje-tivo, mediante la promulgación de la Ley Orgánica deCalidad de la Educación.En los comienzos del siglo XXI, la sociedad españolatiene la convicción de que es necesario mejorar la calidadde la educación, pero también de que ese beneficio debellegar a todos los jóvenes, sin exclusiones. Como se hasubrayado muchas veces, hoy en día se considera que lacalidad y la equidad son dos principios indisociables.Algunas evaluaciones internacionales recientes hanpuesto claramente de manifiesto que es posible combinarcalidad y equidad y que no deben considerarse objetivoscontrapuestos.Ningún país puede desperdiciar la reserva de talentoque poseen todos y cada uno de sus ciudadanos, sobretodo en una sociedad que se caracteriza por el valor cre-ciente que adquieren la información y el conocimientopara el desarrollo económico y social. Y del reconocimientode ese desafío deriva la necesidad de proponerse la metade conseguir el éxito escolar de todos los jóvenes.La magnitud de este desafío obliga a que los objeti-vos que deban alcanzarse sean asumidos no sólo por lasAdministraciones educativas y por los componentes dela comunidad escolar, sino por el conjunto de la socie-dad. Por ese motivo y con el propósito de estimular undebate social sobre la educación, con carácter previo apromover cualquier iniciativa legislativa, el Ministerio deEducación y Ciencia publicó en septiembre de 2004 eldocumento que lleva por título «Una educación de cali-dad para todos y entre todos», en el que se presentabanun conjunto de análisis y diagnósticos sobre la situacióneducativa actual y se sometían a debate una serie de pro-puestas de solución. Tanto las Comunidades Autónomascomo las organizaciones representadas en los ConsejosEscolares del Estado y Autonómicos fueron invitadas for-malmente a expresar su opinión y manifestar su posturaante tales propuestas. Además, otras muchas personas,asociaciones y grupos hicieron llegar al Ministerio deEducación y Ciencia sus reflexiones y sus propias pro-puestas, que fueron difundidas por diversos medios,respondiendo así a la voluntad de transparencia quedebe presidir cualquier debate público. Como resultadode ese proceso de debate, se ha publicado un documentode síntesis, que recoge un resumen de las contribucionesrealizadas por las distintas organizaciones, asociacionesy colectivos.El desarrollo de este proceso de debate, que se haprolongado durante seis meses, ha permitido contrastarposiciones y puntos de vista, debatir acerca de los proble-mas existentes en el sistema educativo español y buscarel máximo grado de acuerdo en torno a sus posibles solu-ciones. Este período ha resultado fundamental para iden-tificar los principios que deben regir el sistema educativoy para traducirlos en formulaciones normativas.Tres son los principios fundamentales que presidenesta Ley. El primero consiste en la exigencia de propor-cionar una educación de calidad a todos los ciudadanosde ambos sexos, en todos los niveles del sistema educa-tivo. Ya se ha aludido al desafío que esa exigencia implicapara los sistemas educativos actuales y en concreto parael español. Tras haber conseguido que todos los jóvenesestén escolarizados hasta los dieciséis años de edad, elobjetivo consiste ahora en mejorar los resultados gene-rales y en reducir las todavía elevadas tasas de termina-ción de la educación básica sin titulación y de abandonotemprano de los estudios. Se trata de conseguir quetodos los ciudadanos alcancen el máximo desarrolloposible de todas sus capacidades, individuales y socia-les, intelectuales, culturales y emocionales para lo quenecesitan recibir una educación de calidad adaptada asus necesidades. Al mismo tiempo, se les debe garantizaruna igualdad efectiva de oportunidades, prestando losapoyos necesarios, tanto al alumnado que lo requieracomo a los centros en los que están escolarizados. Ensuma, se trata de mejorar el nivel educativo de todo elalumnado, conciliando la calidad de la educación con laequidad de su reparto.El segundo principio consiste en la necesidad de quetodos los componentes de la comunidad educativa cola-boren para conseguir ese objetivo tan ambicioso. La com-binación de calidad y equidad que implica el principioanterior exige ineludiblemente la realización de unesfuerzo compartido. Con frecuencia se viene insistiendoen el esfuerzo de los estudiantes. Se trata de un principiofundamental, que no debe ser ignorado, pues sin unesfuerzo personal, fruto de una actitud responsable ycomprometida con la propia formación, es muy difícilconseguir el pleno desarrollo de las capacidades indivi-duales. Pero la responsabilidad del éxito escolar de todoel alumnado no sólo recae sobre el alumnado individual-mente considerado, sino también sobre sus familias, elprofesorado, los centros docentes, las Administracioneseducativas y, en última instancia, sobre la sociedad en suconjunto, responsable última de la calidad del sistemaeducativo.
 
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El principio del esfuerzo, que resulta indispensablepara lograr una educación de calidad, debe aplicarse atodos los miembros de la comunidad educativa. Cadauno de ellos tendrá que realizar una contribución especí-fica. Las familias habrán de colaborar estrechamente ydeberán comprometerse con el trabajo cotidiano de sushijos y con la vida de los centros docentes. Los centros yel profesorado deberán esforzarse por construir entornosde aprendizaje ricos, motivadores y exigentes. Las Admi-nistraciones educativas tendrán que facilitar a todos loscomponentes de la comunidad escolar el cumplimientode sus funciones, proporcionándoles los recursos quenecesitan y reclamándoles al mismo tiempo su compro-miso y esfuerzo. La sociedad, en suma, habrá de apoyar alsistema educativo y crear un entorno favorable para laformación personal a lo largo de toda la vida. Solamenteel compromiso y el esfuerzo compartido permitirán laconsecución de objetivos tan ambiciosos.Una de las consecuencias más relevantes del princi-pio del esfuerzo compartido consiste en la necesidad dellevar a cabo una escolarización equitativa del alumnado.La Constitución española reconoció la existencia de unadoble red de centros escolares, públicos y privados, y laLey Orgánica del Derecho a la Educación dispuso un sis-tema de conciertos para conseguir una prestación efec-tiva del servicio público y social de la educación, demanera gratuita, en condiciones de igualdad y en elmarco de la programación general de la enseñanza. Esemodelo, que respeta el derecho a la educación y a la liber-tad de enseñanza, ha venido funcionando satisfactoria-mente, en líneas generales, aunque con el paso deltiempo se han manifestado nuevas necesidades. Una delas principales se refiere a la distribución equitativa delalumnado entre los distintos centros docentes.Con la ampliación de la edad de escolarización obliga-toria y el acceso a la educación de nuevos grupos estu-diantiles, las condiciones en que los centros desarrollansu tarea se han hecho más complejas. Resulta, pues,necesario atender a la diversidad del alumnado y contri-buir de manera equitativa a los nuevos retos y las dificul-tades que esa diversidad genera. Se trata, en última ins-tancia, de que todos los centros, tanto los de titularidadpública como los privados concertados, asuman su com-promiso social con la educación y realicen una escolariza-ción sin exclusiones, acentuando así el carácter comple-mentario de ambas redes escolares, aunque sin perder susingularidad. A cambio, todos los centros sostenidos confondos públicos deberán recibir los recursos materiales yhumanos necesarios para cumplir sus tareas. Para prestarel servicio público de la educación, la sociedad debedotarlos adecuadamente.El tercer principio que inspira esta Ley consiste en uncompromiso decidido con los objetivos educativos plan-teados por la Unión Europea para los próximos años. Elproceso de construcción europea está llevando a unacierta convergencia de los sistemas de educación y for-mación, que se ha traducido en el establecimiento deunos objetivos educativos comunes para este inicio delsiglo XXI.La pretensión de convertirse en la próxima década enla economía basada en el conocimiento más competitivay dinámica, capaz de lograr un crecimiento económicosostenido, acompañado de una mejora cuantitativa y cua-litativa del empleo y de una mayor cohesión social, se haplasmado en la formulación de unos objetivos educativoscomunes. A la vista de la evolución acelerada de la cienciay la tecnología y el impacto que dicha evolución tiene enel desarrollo social, es más necesario que nunca que laeducación prepare adecuadamente para vivir en la nuevasociedad del conocimiento y poder afrontar los retos quede ello se derivan.Es por ello por lo que en primer lugar, la Unión Europeay la UNESCO se han propuesto mejorar la calidad y laeficacia de los sistemas de educación y de formación, loque implica mejorar la capacitación de los docentes,desarrollar las aptitudes necesarias para la sociedad delconocimiento, garantizar el acceso de todos a las tecno-logías de la información y la comunicación, aumentar lamatriculación en los estudios científicos, técnicos y artís-ticos y aprovechar al máximo los recursos disponibles,aumentando la inversión en recursos humanos. Ensegundo lugar, se ha planteado facilitar el acceso genera-lizado a los sistemas de educación y formación, lo quesupone construir un entorno de aprendizaje abierto,hacer el aprendizaje más atractivo y promocionar la ciu-dadanía activa, la igualdad de oportunidades y la cohe-sión social. En tercer lugar, se ha marcado el objetivo deabrir estos sistemas al mundo exterior, lo que exigereforzar los lazos con la vida laboral, con la investigacióny con la sociedad en general, desarrollar el espírituemprendedor, mejorar el aprendizaje de idiomas extran- jeros, aumentar la movilidad y los intercambios y refor-zar la cooperación europea.El sistema educativo español debe acomodar susactuaciones en los próximos años a la consecución deestos objetivos compartidos con sus socios de la UniónEuropea. En algunos casos, la situación educativa espa-ñola se encuentra cercana a la fijada como objetivo parael final de esta década. En otros, sin embargo, la distanciaes notable. La participación activa de España en la UniónEuropea obliga a la mejora de los niveles educativos,hasta lograr situarlos en una posición acorde con su posi-ción en Europa, lo que exige un compromiso y un esfuerzodecidido, que también esta Ley asume.Para conseguir que estos principios se conviertan enrealidad, hay que actuar en varias direcciones comple-mentarias. En primer lugar, se debe concebir la formacióncomo un proceso permanente, que se desarrolla durantetoda la vida. Si el aprendizaje se ha concebido tradicional-mente como una tarea que corresponde sobre todo a laetapa de la niñez y la adolescencia, en la actualidad eseplanteamiento resulta claramente insuficiente. Hoy sesabe que la capacidad de aprender se mantiene a lo largode los años, aunque cambien el modo en que se aprendey la motivación para seguir formándose. También se sabeque las necesidades derivadas de los cambios económi-cos y sociales obligan a los ciudadanos a ampliar perma-nentemente su formación. En consecuencia, la atenciónhacia la educación de las personas adultas se ha vistoincrementada.Fomentar el aprendizaje a lo largo de toda la vidaimplica, ante todo, proporcionar a los jóvenes una educa-ción completa, que abarque los conocimientos y las com-petencias básicas que resultan necesarias en la sociedadactual, que les permita desarrollar los valores que sus-tentan la práctica de la ciudadanía democrática, la vidaen común y la cohesión social, que estimule en ellos yellas el deseo de seguir aprendiendo y la capacidad deaprender por sí mismos. Además, supone ofrecer posibi-lidades a las personas jóvenes y adultas de combinar elestudio y la formación con la actividad laboral o conotras actividades.Para permitir el tránsito de la formación al trabajo yviceversa, o de éstas a otras actividades, es necesarioincrementar la flexibilidad del sistema educativo. Aunqueel sistema educativo español haya ido perdiendo parte desu rigidez inicial con el paso del tiempo, no ha favorecidoen general la existencia de caminos de ida y vuelta haciael estudio y la formación. Permitir que los jóvenes queabandonaron sus estudios de manera temprana puedanretomarlos y completarlos y que las personas adultaspuedan continuar su aprendizaje a lo largo de la vidaexige concebir el sistema educativo de manera más flexi-ble. Y esa flexibilidad implica establecer conexiones entrelos distintos tipos de enseñanzas, facilitar el paso de unas

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