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el cartero

el cartero

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Published by: Alanko Soluciones Familiares on Apr 19, 2012
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11/13/2012

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ÑOLOS EL CARTERO ENAMORADODesde muy temprano, Ñolos, el cartero de Alandrin, sale a repartir las cartas y lospaquetes por todo el pueblo. En un morral grande y resistente Ñolos lleva los mensajes yregalos que amigos y familiares de otros pueblos envían a los alandrineses.A las siete de la mañana Ñolos da unos golpecitos en la primera casa de su recorrido quesuele ser la de Suelo, el zapatero.– Toc-toc-toc...– ¿Quién es? –dice el zapatero.– Soy yo, Ñolos. Te traigo una carta de tu hija Tris. Viene desde Achix.– La estaba esperando desde hace varios días. Gracias, Ñolos –dice Suelo, abriendo lapuerta–. Oye, ¿me acompañas a desayunar? Tengo pan recién salido del horno.– Gracias, amigo, pero voy de paso.El recorrido continúa por la casa de Rojo, el pintor. De allí, Ñolos pasa a la casa de Alba,que tiene un gallinero. Luego siguen Fruti, que prepara los jugos de frutas más deliciosos de laregión, Santi, el entrenador de fútbol; Sebastián, el carpintero, y Plumber, el plomero. Así, decasa en casa, Ñolos va entregando el correo que tanto esperan sus paisanos. ¡Qué felicidadsienten ellos al recibir las cartas que Ñolos les entrega! y siempre, cuando el cartero toca a lapuerta, es bienvenido y todos en Alandrin tienen gran amistad con él.A Ñolos le gusta mucho ser cartero. Además de poder visitar todos los días a sus amigos,le encanta examinar cada sobre con atención. Le divierte ver los dibujos y los colores de lasestampillas y sobre todo tratar de leer en voz alta los nombres de los pueblos lejanos comoYibuti, de donde le envían recetas de helados a Freeze; Chicotilan, donde Cloca tiene unaprima; Uropin, donde viven los tíos de Madeja la tejedora, o Isla de O, la isla donde viveGafitas, un antiguo profesor de Alandrin.Pero Ñolos no fue siempre un cartero feliz. Hubo una época en la cual a pesar de lomucho que le gustaba repartir cartas, no podía evitar sentirse cada día más triste. La causa detanto pesar era que él, el propio cartero de Alandrin, no tenía nadie que le escribiera una carta yno tenía tampoco a quién escribirle. Ñolos no podía evitar un hondo suspiro cada vez queentregaba una carta y, a pesar de ser amigo de todos en el pueblo, se sentía des-cartado.En todo su recorrido por las casas de Alandrin sólo había un momento en que Ñolos sesentía verdaderamente feliz. Era cuando llegaba el turno de entregarle las cartas a Dedal, lacosturera.– “¡Qué linda es la costurera! –pensaba el cartero y se peinaba y se arreglaba antes detocar a su puerta.Toc-toc-toc...– ¿Quién es? –preguntaba Dedal.– Soy yo, Ñolos, y te traigo una carta de Nina la costurera de Ravapindi –respondía el
 
cartero, con las mejillas todas rojas y el corazón que se le explotaba.La costurera, que era muy trabajadora, nunca tenía tiempo para charlas con Ñolos yapenas si se despedía. El cartero, por su parte, era tan tímido que no se atrevía a decirle queestaba enamorado de ella.Una noche, mientras ordenaba las cartas que debía repartir al día siguiente, Ñolos tuvouna idea que le iluminó el rostro con una gran sonrisa: “Voy a escribirle una carta a Dedal. Lediré lo que siento por ella sin que sepa que soy yo”. Y así fue como por primera vez en su vida,el cartero de Alandrin escribió una carta.
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Hola , Dedal:Espero que cuando abras este sobre estés contenta y no te hayas pinchado ningún dedocon la aguja de coser. Tú no me conoces, pero yo sí a tí.Tú me encantas, Dedal. Tus ojos son como dos aceitunas y tus mejillas como dos bellasnaranjas. Tu nariz es muy graciosa y tus labios parecen dos pétalos de rosa. Dedal, eres unaniña muy bella, yo te quiero mucho.
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Ñolos dobló el papel y lo metió en el sobre junto con una florecita silvestre.Al día siguiente Ñolos salió a repartir sus cartas silbando de alegría pero al llegar frente ala puerta de Dedal se puso muy nervioso.Toc-toc-toc...– ¿Quién es? –preguntó Dedal.– So-soy yo, Ñolos. Te tra-traigo u-una carta.– ¿De dónde viene? ¿De quién es? –dijo Dedal emocionada al abrir la puerta.– No, no sé –dijo Ñolos con las mejillas todas rojas y el corazón que se le explotaba.– Bueno, hasta luego Ñolos –respondió la costurera sin siquiera mirar al cartero.Al día siguiente, cuando Ñolos volvió a la casa de Dedal para llevarle una revista, ella yaestaba esperándolo en la puerta desde mucho antes.– Buenas, Ñolos, ¿qué cartas me traes hoy? –preguntó impaciente la costurera.– Buenas, Dedal –dijo Ñolos con emoción–. Te traigo una revista que viene de Ivigtut.– Y... ¿nada más?– No. Nada más –dijo Ñolos.– ¿No me traes otra carta como la de ayer? –preguntó Dedal muy curiosa.– No, Dedal, nada más –dijo el cartero ordenando su morral con aire despreocupado.– Bueno, hasta luego, Ñolos –dijo Dedal decepcionada.Ñolos se dio cuenta de que su carta había tocado el corazón de la costurera y como noquería que ella estuviera triste repartió rápido las cartas que le quedaban y se fue a su casa aescribir otra carta para Dedal.«Hola, Dedal:Ojalá te haya gustado mi primera carta. Te escribo nuevamente porque siento deseos dehablar contigo. Cómo me gustaría charlar contigo una eternidad.A mí me encanta pasear por el bosque, pero solo no me gusta ir, si tú me acompañas, ¡quéfeliz sería yo!Me gusta mucho leer, pero me da pereza hacerlo para mí solo si tú quisieras escucharconmigo ¡que feliz sería yo!
 
Me gusta cocinar pero no para mi, mi plato favorito es carne a la jardinera, que feliz seriasi pudiera compartirlo contigo.Me gusta jugar al escondite, pero no tengo con quién jugar, si tú quisieras jugar conmigo,qué feliz sería yo.»Ñolos dobló el papel y lo metió el sobre junto con una florecita silvestre, como la primeravez.Al día siguiente Dedal estaba en el balcón de su casa esperando a Ñolos desde muytemprano.– ¡Hola, Ñolos! ¿Qué carta me traes hoy? –preguntó la costurera apenas vio aparecer aÑolos en su calle.– ¡Hola, Dedal! –dijo el cartero, un poco más tranquilo que los otros días–. Te traigo estasrevistas y... una carta.– ¿Una carta? ¿De quién? –dijo Dedal, quitándole el sobre de las manos al cartero.– No lo sé –dijo Ñolos risueño.¡Oh! ¡Qué bueno! ¡Hasta luego, querido Ñolos –dijo Dedal casi cantando. Ñolostambién quedó muy contento por el resto del día.Desde entonces el cartero empezó a escribir una hermosa carta de amor a Dedal todas lasnoches. La costurera recibía el correo feliz y Ñolos, al ver que sus cartas eran tan bien acogidas,escribía y escribía y escribía cada vez cartas más bellas.Los días fueron pasando y Ñolos quería confesarle su amor a Dedal. Quería pasear yconversar con ella. Cada vez que le entregaba una carta y Dedal preguntaba: “¿de quién es?”, élsiempre estaba a punto de contestar: “mía”.Pero Ñolos era tímido y pensaba que la costurera nunca lo iba a querer como quería a suscartas. Dedal cada día se conformaba menos con sus cartas y deseaba conocer la persona queescribía aquellas frases tan hermosas. Su curiosidad empezó a crecer y a crecer...Un día Ñolos dejó la casa de Dedal para el final de su recorrido, pues había decididohablarle a la costurera. Pensó pedirle a Dedal que le hiciera una nueva chaqueta de cartero, así tendría la oportunidad de estar más tiempo con ella.Al llegar a la casa de Dedal, Ñolos se peinó, estiró sus medias y tomó aire queriendo darsefuerzas. Después de entregar la carta a la costurera, le dijo:– Dedal, quisiera que tú me hacieras una nueva chaqueta de cartero.– ¡Claro, Ñolos! Te la haré con mucho gusto. Sigue y te tomo las medidas –respondióDedal muy atenta.En el taller Ñolos se quitó su vieja chaqueta de cartero y Dedal empezó a tomarle lasmedidas.– Manga: 63 cm, talle 55 cm, cintura 87 cm –iba diciendo y anotando la costurera.– Oye, Ñolos, ¿por casualidad tú no sabes quién me envía esas cartas que me traes todoslos días? –preguntó de repente Dedal.– Pues, es que... no, la verdad... yo no sé –respondió Ñolos, tan nervioso que hasta le

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