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Liderazgo revolucionario y contra
-
hegemonía:enseñanzas de Paulo Freire
 
Autor: Javier Biardeau R.Fecha de publicación: 03/07/09 
 
 
Decía Paulo Freire (1), que la acción política junto a los oprimidos debeser una acción cultural para la libertad, rompiendo con la visión de losopresores que refuerza los vínculos de dependencia y sumisión en lasrelaciones de poder. A través de la concientización, de la reflexión y de laacción, la dependencia de la situación de dominación deber dar paso a laindependencia, a la auto-liberación junto con otros. Se trata de unaexperiencia de auto-emancipación a través de una política crítico-
 
dialógica.
Por tanto, el método del liderazgo revolucionario no es la “propagandaliberadora”, no se trata de “depositar la creencia de la liber
tad en los
oprimidos”, sino en el hecho de dialogar críticamente con ellos. Esto
implica no solo hablar, sino escuchar, comprender activamente la palabraajena, sus significados, sentidos y acentos socio-ideológicos en lainteracción verbal y semiótica (2).Mientras el liderazgo populista supone que realiza una donación hacia elpobre, y que por tanto el pobre entra deuda con el líder, el liderazgorevolucionario rompe las cadenas de la dependencia y el clientelismo,construyendo la reciprocidad. Construir el consentimiento activo, comosujetos, y no el consentimiento pasivo, como objetos disponibles ymanipulables, no nace de la propaganda, nace del diálogo, de la reflexióny la acción que problematiza la realidad a ser transformada. De allí elcarácter eminentemente pedagógico de una revolución.Contra-hegemonía equivale a desmantelar la separación entregobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos, entre elites y
masas. También puede hablarse de “hegemonía democrática” en
contraposici
ón a la “hegemonía autoritaria” (3). Planteamos el debate
sobre contra-hegemonías (4).No es posible usar la acción pedagógica para la liberación usando losmétodos de propaganda del opresor. No se trata de engranajes, sino deseres humanos activos, reflexivos y responsables. Dice Freire que lapropaganda, el dirigismo, la manipulación, como armas de dominación,no pueden ser instrumentos de liberación. El liderazgo revolucionario nopuede reproducir la conversión de seres humanos en cosas, en objetosmanipulables, sino que debe advenir en relación dialógica, crítica queproblematice permanentemente. Freire suponía que ningún ordenopresor soportaría el cuestionamiento permanente, la pregunta de losoprimidos sobre el ¿Por qué? de las situaciones que experimentan en lavida cotidiana.Por tanto, una concepción bancaria de la pedagogía es incompatible conel liderazgo revolucionario.El liderazgo revolucionario no puede tomar a los oprimidos comoejecutores de sus determinaciones, como meros activistas a los que se lesniega su reflexión sobre su propia acción. En la praxis revolucionaria, lamanipulación, la esloganización, el depósito, la conducción, laprescripción deben ser cuestionadas porque son métodos de la praxisopresora.
 
 El liderazgo revolucionario que no sea dialógico con la multitud,
mantiene la “sombra” del dominador dentro de si, y es presa de un
sectarismo que conlleva a reforzar la lógica del opresor. El diálogo
revolucionario se opone a la “propaganda bancaria”, al discurso vertical,
a la transformación de la pronunciación del mundo en intercomunicaciónpor la consigna burocrática. Del diálogo revolucionario nace laintersubjetividad, la intercomunicación liberadora, no la palabra hueca.No se trata de un hegemon comunicacional, político o cultural, se trata dela contra-hegemonía, de la intercomunicación liberadora. La revoluciónes hecha junto al pueblo por el liderazgo en una solidaridadinquebrantable, en un encuentro amoroso, humilde y valeroso. Se tratade comunión con el pueblo, para superar el dirigismo y el mesianismo.El liderazgo revolucionario estimula el pensamiento crítico de lasmultitudes, no transforma negativamente su entusiasmo a través de unasenso-propaganda-Tchakhotine (4) alienando las pasiones revolucionariascon los mitos utilizados por las elites opresoras. Solo cuando liderazgo ypueblo se vuelven críticos, es cuando se impide la burocratización.El liderazgo revolucionario se distingue de la elite dominadora no solopor sus objetivos sino por sus métodos de actuación, tiene pues uncompromiso con la libertad, pues la adhesión verdadera es la conciencialibre de opciones, verificándose en la intercomunicación, mediando ytransformando la realidad.Aquellos que insisten en imponer su palabra de orden, no estimulan niorganizan al pueblo, simplemente manipulan. Cuando uno aborda lacontra-hegemonía plantea la necesidad de construir la autoridadcompartida (5). Se trata de un quiebre paradigmático del términoeghesthai que significa "conducir", "ser guía", "ser jefe". La direcciónpolítica en la democracia socialista del siglo XXI, no puede confundirsecon estilos burocráticos o militaristas, debe ser fundamentalmente unaacción pedagógica y cultural liberadora.Entonces el asunto tampoco es transformar el r
eaccionario “principio delLíder” por el liderazgo colectivo, sin transformar el paradigma del
liderazgo revolucionario. Tarea pendiente, sobre todo para quienespregonan el fetichismo del Líder indiscutible, desconociendo que lafortaleza de una revolución, en una etapa de ascenso revolucionario, estáen el pueblo organizado, consciente y dispuesto a luchar por un proyectosocialista. Pues el Liderazgo revolucionario es necesario, pero másnecesario es un pueblo que quiera hacer una revolución para su auto-liberación.
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