La Ciencia Política en América Latina
Fernando Barrientos del Monte
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1.
I
NTRODUCCIÓN
A principios de la década de los años 70’s del siglo XX, Octavio Ianni, uno de los másreputados intelectuales brasileños, a propósito de una amplia reflexión sobre las cienciassociales en América Latina escribía:
“Si es verdad que existe reciprocidad entre pensamiento científico y configuraciones sociales de vida, éste principio es especialmente válido para las ciencias sociales. En particular es verdaderopara la sociología, la economía política y la ciencia política. Sea cuanto a problemática o comoreferencia a la visión del mundo subyacente en las contribuciones de tales disciplinas, en éste ocualquier otro país, es obvio que existe siempre cierta correspondencia entre pensamientosociológico, por ejemplo, y las condiciones de existencia social” (Ianni, 1971:7)
Para muchos no pasaría desapercibido que es una perspectiva marxista fuertemente vigenteen aquellos años, compartida por varios otros intelectuales
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pero ciertamente inequívoca y vigente todavía si se quiere entender el desenvolvimiento de las ciencias sociales en laregión.
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Siguiendo a Ianni (1971:85 y
ss
.) una cuestión central de las ciencias sociales es sudinámica con las historia; dependiendo la perspectiva teórica en que se colocan loscientíficos sociales es la manera en la cual se les presentan las transformaciones de lasociedad, sea que interese la estabilidad o el cambio, el diálogo con la historia es siemprenecesario. Aún cuando el científico social esté totalmente identificado con el presente lahistoria siempre es una coordenada básica de sus reflexiones.De acuerdo con Thomas S. Kuhn (1974), al hacer historia de
una
ciencia se puede optar porllevar a cabo una historia
interna
, analizando los manuales, libros y revistas teniendo unamplio dominio sobre ella y de las tradiciones que preceden a los descubrimientos y análisiscontemporáneos. Implica observar el desarrollo de la sucesión de los paradigmasdominantes a su interior (Kuhn, 1962) o la competencia entre ellos (Lákatos, 1970). La otra vía es la historia
externa
–a la manera de la historiografía- que implica situar los desarrolloscientíficos en el contexto cultural para así comprender mejor sus resultados e implicaciones.En el caso de la Ciencia Política (CP), en los pocos estudios más conocidos, se ha seoptado regularmente por la historia interna y menos por vías externas o eclécticas.El interés en los últimos años por la historia de la disciplina es notorio por la aparición deobras en las cuales algunos de los padres fundadores de la CP moderna y otros, autores delas más representativas perspectivas de análisis de la misma hacen una revisión profunda deésta a partir de sus experiencias personales en la docencia y en la investigación:
European Comparative Politics, The story of a profession
(Hans Daadler, 1999),
Passion Craft and Method in Comparative Politics
(Munck y Snyder, 2007)
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y
Maestri della Scienza Politica
(Campus y Pasquino, 2006). Si estamos de acuerdo en que la CP la definen quienes la practican
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Lo mismo señalaba Pío García: “Las ciencias sociales –en cuanto disciplinas que se definen un objeto deestudio, un marco teórico y un método propios- reflejan las condiciones históricas en que surgen, seconstituyen y desarrollan” (García, 1975:49).
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Coincide también con el argumento que en el mismo año Sartori publicaba en el primer número de la
Rivista Italiana di Scienza Política
: “La noción de «ciencia política» en relación de dos variables: 1) el grado deorganización del saber –pensamiento científico- y 2) el grado de diferenciación estructural de los agregadoshumanos –configuraciones sociales-” (1971:3)
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Para una introducción y contextualización de dichas obras
véase
Pinna, 2008: 229-236