TÉCNICAS FILOSÓFICAS Es sintomático que la mayoría de participaciones en este coloquio sean sobre la enseñanza de la filosofía. Aquí habría que recordar que el subtítulo del Coloquio es: "La transmisión de las capacidades filosóficas a debate". Eso señala que de algún modo quienes estamos preocupados por esta cuestión, aún nos zafamos del encandilamiento que genera nuestro engarzamiento actual al mundo moderno: tan sólo pensamos en transmitir lo filosófico mediante las instituciones ya asignadas para ello. Quizás valdría discutir aquí cómo se podía transmitir las capacidades de lo filosófico por otros medios. Eso es muy complicado, pero parece que aún sólo se nos ocurre que sólo la escuela instucionalizada puede servir de medio de transmisión de capacidades y saberes de lo filosófico. Y quizás la tecnología, la técnica moderna, con los poderes que ha desatado y las modificaciones que ha introducido a la manera de producir y distribuir los saberes pueda ayudarnos a concebir de otra manera nuestra cuestión.
Por supuesto el problema de la relación tecnología-filosofía es antiguo, la cuestión es que ha reaparecido en México en relación con la educación con la RIEMS. Hasta ahora la discusión en este ámbito sólo se ha quedado en la cuestión de la difusión y la enseñanza de la filosofía. Es decir, se supone que unos fines externos a la tecnología, fines filosóficos, podrían regular el hacer tecnológico. Pues aquí, se afirma, debemos usar la tecnología para mejor transmitir en condiciones institucionales ciertos saberes y prácticas de lo filosófico (con uso de PPT en clases o difusión de los eventos de filosofía en páginas web). El problema es que se toma de manera empobrecida esa relación. Debemos pensar mejor, creo, qué se modifica en como se piensa y se escribe filosofía. Debe pensarse de otra manera esa relación. Así, trataré de ubicar la discusión sobre la modificación técnica de la producción de saber filosófico. Tal cuestión ahonda mayormente, mas que en la enseñanza de un saber disciplinario ya dado y dispuesto para ser distribuido, en el problema de la transmisión de lo filosófico. Se trataría de pensar en un encuentro filosofía-técnica y en cómo la filosofía podría responder al poder que la técnica moderna brinda a quien hace uso de ella. Esa discusión se podría sostener como la discusión de la conformación de otras capacidades filosóficas, unas diferentes a las que en la actualidad se han asumido como propias de las filosofía.
Se debe discutir la manera como se ha tornado la discusión por la oposición: filosofía perenne/tecnología para el capital. En la RIEMS, y la respuesta de los filósofos a ello, se entiende el uso de la tecnología como educación tecnológica, como pura difusión de un saber. Se mantiene una idea de lo filosófico como algo atemporal. Historizar en la contemporaneidad lo filosófico implica poner en cuestión lo que hasta ahora podía la filosofía y en los instrumentos que poseía para eso. En la historia de la filosofía, sus prácticas van siempre unidas a una técnicas de escritura, a unas organizaciones y a unas condiciones tecnológicas: por un lado, los diálogos, las cartas, las sumas, los tratados, los ensayos, las enciclopedias; por otro, las academias, los jardines, los talleres, las calles, las universidades; pertenecen a determinadas condiciones tecnológicas con las que están imbricadas y a las que responden. Lo que se debería discutir es si la tecnología moderna no potencia capacidades y formas de ejercicio de lo filosófico que antes no teníamos. Preguntarnos si no se potencian nuevas instituciones (más allá de la EMS) y nuevas técnicas escriturísticas (más allá de los manuales). Y así poder transmitir de otra manera, quizás mejor, lo que la filosofía puede.
Si se rastrea el origen de la idea de competencia, viene de un proyecto europeo para que el holocausto no se vuelva a repetir. Se parece más a una cuestión moral, en sentido nietzscheano, que en una cuestión económica. Es más una cuestión de cómo actúan los individuos y que sean buenos a que sean buenos empleados.