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ZEN EN ACCIÓN: LA PERSPECTIVA DE UN CONDUCTISTA SOBRE LAS PRÁCTICAS DE MEDITACIÓN ZEN

ZEN EN ACCIÓN: LA PERSPECTIVA DE UN CONDUCTISTA SOBRE LAS PRÁCTICAS DE MEDITACIÓN ZEN

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Uso de las prácticas del Budismo Zen para potenciar procedimientos clínicos conductuales.
Uso de las prácticas del Budismo Zen para potenciar procedimientos clínicos conductuales.

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Published by: William Montgomery Urday on Dec 18, 2008
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05/04/2012

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 Artículo disponible en http://www.behavior.org/journals_BP/Behavior in Everyday Life.Trad. al español por el Ps. César Sparrow Leyva
ZEN EN ACCIÓN: LA PERSPECTIVA DE UN CONDUCTISTASOBRE LAS PRÁCTICAS DE MEDITACIÓN ZENRaymond Reed Hardy
El Dr. Hardy es un Profesor Asociado de Psicología que obtuvo su Ph.D. en Psicología en la Universidad de WestVirginia en 1974. Sus intereses especiales son la teoría del aprendizaje aplicado (Análisis de la Conducta), eldesarrollo humano, la psicología comparativa y evolutiva, y el desarrollo y crecimiento personales. Además decompartir responsabilidades por la enseñanza de Psicología General, Estadística y Principios Básicos de laInvestigación Psicológica, el Dr. Hardy enseña Desarrollo del Tiempo de Vida Humano, Actividades de la TempranaInfancia, Condicionamiento y Aprendizaje, Conducta Comparativa, y Desarrollo Personal: Una PerspectivaMulticultural.
La meditación Zen es llamada con más propiedad “zazen”. El “zazen” es una conducta muysimple. Se encuentra entre las conductas más simples conocidas por el hombre. Aún cuandopueda no parecerlo, el zazen es en realidad una conducta, no un proceso cognitivo. El zazen es,en su forma más pura, sólo sentarse. Qué podría ser más simple que “Oh, sólo siéntate”(Chadwick, 1999).
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Para hacer zazen uno sólo necesita sentarse sobre el piso o sobre un cojínpequeño, con las piernas cruzadas de tal manera que el pie derecho descanse sobre el musloizquierdo, y el pie izquierdo descanse sobre el muslo derecho (¡no intente esto a menos que seamuy ágil y flexible!). Esta postura es una antigua forma de sentarse en la meditación. Se llama laposición del “loto completo”. La mayoría de la gente no puede sentarse con comodidad en el lotocompleto; de hecho, muchos de nosotros podríamos no ser capaces de adoptar esta postura sintensar excesivamente el cartílago de nuestras articulaciones.
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 Afortunadamente, hay alternativas efectivas a la postura del loto completo. En su lugar podemosutilizar el “medio loto”, donde sólo un pie descansa sobre el muslo opuesto mientras que el otrosimplemente descansa sobre el piso presionado bajo el muslo opuesto. Aún esta posturamodificada de “medio loto” es demasiado exigente para la mayoría de la gente nueva en el Zen.No desesperar; una buena silla de respaldo recto podría servir igualmente bien. Aún cuando elzazen es una conducta extremadamente simple, tiene importantes matices de los cuales hay queestar advertidos. En primer lugar, la espalda debe estar muy recta, no tiesa ni rígida, sino tanderecha como sea posible en tanto se mantenga una sensación de comodidad relajada. La cabezaestá ligeramente inclinada hacia adelante. La barbilla no está metida, esto sería muy extremo,pero la cara está inclinada para permitir que los ojos estén parcialmente abiertos para mirar haciaabajo en un ángulo de 45 grados. Finalmente, las manos: las manos en el regazo del meditanteestán puestas en una posición especial conocida como “mudra”. Hay muchas mudras.Si profundiza más en la meditación, indudablemente leerá algo al respecto. La mudra másfrecuentemente utilizada en el zazen se llama la “mudra universal”. Se trata de un gesto genéricoque puede ser utilizado independientemente de la cultura de aquellos que ven el gesto. La mudrauniversal provee un punto físico para enfocar la atención; ella funciona independientemente de laedad, el idioma o los antecedentes culturales de la persona. Para adoptarla, uno pone su mano
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“Oh, just sit.” Esto fue dicho por Shunryu Suzuki a una de sus estudiantes cuando ella le explicaba que “teníaproblemas en concentrar su mente en su respiración.”
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Yo me dañé el cartílago de la rodilla derecha al mostrarles el loto completo a unos amigos en 1980. Ahora ya puedosentarme cómodamente en el loto completo, pero tuve por lo menos cinco años de ejercicios de estiramiento antes depoder adoptar esta postura con seguridad.
 
izquierda en el regazo con la palma hacia arriba. Cuando uno descansa la mano de este modo, lospulgares se juntan naturalmente, tocándose ligeramente, formando un óvalo cuyo centro estáubicado a uno 3.75 cm. debajo del ombligo. Estas posiciones son ilustradas abajo:
Moldeamiento de la Conducta Zazen
En el verano de 1969, justo antes de iniciar mis estudios profesionales en la Universidad de WestVirginia en la primavera de 1970, retorné a mi vecindario inmediatamente después de haberestado un año en Vietnam, por cortesía del Ejército de los Estados Unidos. Era capaz y estabaabierto a explorar casi cualquier alternativa cultural a aquélla que nos había puesto a mí y a miscompañeros del Ejército en Vietnam, pero era conciente de la complejidad de estos asuntos, yestaba ansioso por no destruir mi propia oportunidad de obtener una vida decente. Mi primeraexposición directa a las prácticas orientales llegó cuando mi compañía de infantería encontró a unmonje vietnamita sentado en posición zazen en una pequeña cabaña hecha de bambú (deaproximadamente 1 metro cuadrado) llamada “zendo”, en el medio de una zona de guerra “afuego abierto”. Dos cosas me impresionaron: primero, el hombre nunca se movió. No dioninguna señal de ser conciente de dónde estábamos. Segundo, hicimos todo lo que pudimos paraevitar perturbar las prácticas religiosas de este hombre. Recuerdo la escena como si hubiera sidoayer. Ingresamos en el campo abierto desde el oeste de un modo tal que cada soldado, por turnos,quedaba inmediatamente confrontado con el pequeño zendo donde el monje estaba sentado conlos ojos hacia abajo, justo frente a él. Mientras entrábamos en el campo nos volvíamos hacia laderecha y rodeábamos el borde externo del campo, avanzando lo más silenciosamente posiblehasta un punto por el que salíamos del campo, directamente opuesto a nuestro punto de ingreso.La imagen de aquel monje, y la reverencia con la que mi compañía de infantería lo trató en elmedio de un terrible conflicto, permanece vívida para mí hoy. ¿Qué debió experimentar elmonje? Como se podrán imaginar, este monje fue un tema de conversación general por variosdías. Los jóvenes de mi pelotón parecieron más impresionados con su calma en el rostro de loque para ellos habría sido un gran estrés y ansiedad. Yo quedé más impresionado con el hecho deque nuestros líderes respetaron su despliegue de valentía y devoción lo suficiente como parasalvar su vida. Como hombre adulto era un legítimo blanco militar. De haber intentado huir, nohabría sobrevivido. ¿Lo salvó Buda? ¿Lo salvaron nuestras propias creencias religiosas? ¿Estabaél sólo “fingiéndolo”? ¿Sería posible “fingirlo”? Todas estas preguntas reverberaban mientras
 
todos nosotros, tanto reclutas jóvenes como profesionales experimentados, intentábamos darlesentido a esta experiencia.Esta experiencia con el meditante en Vietnam me recordó mi primera verdadera exposición alZen. El 16 de junio, en el verano de 1963, justo después de mi graduación de la secundaria, viuna transmisión de noticias con video completo, sin editar, de la auto-inmolación de un monjebudista llamado Quang Duc. Duc se había prendido fuego a sí mismo enfrente de la Embajada delos Estados Unidos y del Edificio de la Capital Federal en Saigón, como protesta política-social(este incidente está descrito en Fitzgerald, 1972, p. 74). El hecho de que este hombre fuera capazde mantenerse erguidamente sentado mientras ardía hasta la muerte fue de un gran impacto paramí. Mi primera conclusión fue que aquí había un hombre con un tremendo compromiso con suscreencias. Mi segunda conclusión fue que algo en los antecedentes o desarrollo de este hombre ledio un enorme auto-control; un auto-control que, hasta entonces, yo habría jurado que eraimposible para cualquier ser humano.En los primeros días de mi entrenamiento como universitario, estaba trabajando duro en elaprendizaje del campo entero de la psicología en un programa académico que daba especialénfasis al análisis de la conducta (entre mis mentores estuvieron Dwight Harshbarger, B. KentParker, James N. Shafer, Hayne Reese, y K. Andy Lattal). Aunque yo estaba inundado deasignaciones de lecturas para mis cursos, encontré tiempo para sobrevolar algunos libros sobreprácticas orientales. Entre aquellos estaban
 Recuerda Estar Aquí Ahora (Remember Be Here Now)
de Ram Dass (1971), y obras de otros autores como
 Introducción al Budismo Zen
(1964) deD. T. Suzuki, y
 Mente Zen, Mente del Iniciado
(1971) de Shunryu Suzuki. Mientras escribo estorecuerdo que aquellos fueron tiempos difíciles para mí. Me encontraba bajo un gran estrés. Laidea de una panacea mística era muy atractiva. ¿Podrían estas prácticas ayudarme realmente aafrontarlo?Mis dos exposiciones a las prácticas budistas, combinadas con la información que estabareuniendo, me convencieron de que la clave estaba en las prácticas, no en las creencias religiosasabrazadas por varias religiones orientales. Entonces, cuando tuve la oportunidad de explorar lasprácticas orientales como estudiante universitario en la Universidad de West Virginia, meapresuré a aprovechar la suerte de asistir a las clases libres de Hatha Yoga, auspiciadas por laUniversidad, las cuales eran enseñadas por uno de los estudiantes del Programa de Psicología,David Glazer. Durante estas sesiones de yoga de dos horas, los participantes aprendían a hacervarias “asanas” (patrones de movimiento), y empezamos a desarrollar lo que desde entoncesconcluí que es la habilidad más importante que uno puede adquirir en toda una vida de talesprácticas; empezamos a aprender a traer la mente divagante a enfocarse en el momento presente.Aprendimos a dejar todas las consideraciones, preocupaciones, deseos y dolores del día en elsuelo, junto a la puerta, con nuestros zapatos y medias.Mientras hago la retrospectiva, me percato de que la cosa más difícil para nosotros, losestadounidenses que estamos interesados en explorar las prácticas místicas orientales, essimplemente entender qué son las prácticas y qué efectos se intenta que produzcan. Si misantecedentes de experiencias e intereses relacionados no me hubieran provisto de motivaciónsuficiente para explorar, puede que nunca hubiera traducido ese interés inicial en conductasignificativa. Hay muchas prácticas orientales diferentes. Nosotros, los estadounidenses, notenemos prácticamente ningún conocimiento acerca de la práctica o sus efectos intentados.Mientras leía las obras mencionadas arriba, me encontré a mí mismo atraído por la simplicidaddel libro de Shunryu Suzuki,
 Mente Zen, Mente del Iniciado
(1971). El mensaje principal deSuzuki con respecto a cómo hacer el zazen (la meditación sentada) parece casi demasiado simple.Parafraseando a Suzuki, “Necesitas sólo sentarte, en una silla o, de preferencia, en una posturadel loto completo o medio, con la espalda derecha, la cabeza ligeramente inclinada hacia delante,

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