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CON EL CORAZÓN EN UN HOSPITAL

CON EL CORAZÓN EN UN HOSPITAL

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Entrevista a Constanza Labbé, Educadora diferencial y psicopedagoga a cargo del proyecto educacional de la escuela del hospital Calvo Mackenna, de la Revista de EducarChile, "lo mejor de nuestros profesores"
Entrevista a Constanza Labbé, Educadora diferencial y psicopedagoga a cargo del proyecto educacional de la escuela del hospital Calvo Mackenna, de la Revista de EducarChile, "lo mejor de nuestros profesores"

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Published by: Ana María Crisosto Pérez on Apr 27, 2012
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04/27/2012

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Constanza Labbé
Profesora de Educación General Básica y Psicopedagoga, Colegio Hospitalario con Todo el Corazón, Santiago.
En una casa con acceso propio yuna entrada colorida que está en losterrenos del Hospital Calvo Mackennade Santiago, casi un centenar de alum-nos-pacientes asiste a clases mien-tras se someten a algún tratamientomédico o son visitados en su lugar de hospitalización.
En el
corazón
deun hospital
 
En el corazón de un hospital
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De no haber balones de oxígeno o sillas de rueda, a primera vista las salas delColegio Hospitalario con Todo el Corazón no son muy distintas a las de cualquier otra escuela chilena.Pero mirando bien, la dierencia está dada por sus estudiantes y proesores. Porquequienes van a clases son alumnos-pacientes: enermos crónicos, en tratamiento onco-lógico, oxígeno dependientes o hemodializados. Y quienes enseñan, proesores con altavocación y compromiso con cada niño o joven.Pasillos atiborrados de papelógraos con letras de cuentos, música o ciencias, acogendiariamente a algo más de setenta alumnos de entre 4 y 18 años. Proesoras alegressuelen abrazarlos a medida que avanza la mañana. Nada es para la oto. No importaqué día sea, la dinámica es la misma: niños que conversan, juegan y aprenden; proe-sores acogedores y comprometidos. Todo en un espacio donde la enermedad y elestudio se entrecruzan. Y donde hablar de la vida y de la muerte son temas conmo-vedoramente naturales.Aquí, como en pocos otros sitios, queda claro que una escuela -no sólo si se tratade una instancia intrahospitalaria- es un importante espacio de contención. “Noso-tros tomamos a cada alumno como el niño o niña que es; alguien que en medio de sutratamiento, vive aquí un buen momento; que comparte con otros y recibe educaciónpersonalizada”, explica Constanza Labbé, proesora de Educación Básica y psicopeda-goga y una de las impulsoras del colegio.La tarea no es ácil y requiere temple: “Hay que acoger con cariño, pero no subes-timar a nuestros niños porque están enermos”, asegura Constanza, quien desde marzode 2009 lidera la reundación de este espacio educativo intrahospitalario y es parte delgrupo de proesores que hoy sostiene el colegio.Hija del arquitecto Ernesto Labbé y de la proesora XimenaPinto, Constanza creció en una amilia de siete hermanos,donde lo social ue siempre prioridad. Por eso a nadieextrañó cuando dejó su trabajo en un colegio particular pagado de Lo Barnechea para irse a la escuela-hospital delCalvo Mackenna. Pero la institución que cerró a fnes de2008, estuvo a punto de dejar sin estudiar a un centenar deestudiantes. Consciente de ello, junto a tres proesores, decidieron armar un proyectoque se aprobó en tiempo récord. Unos meses después, el 10 de junio de 2009, cele-braron el reconocimiento ofcial.
Ir al niño
Tres ormas de atención hacen posible la permanencia escolar de cada alumno-paciente:clases presenciales con matrícula en la escuela multigrado; atención personal al interior del hospital en los distintos servicios y atención de “alta relativa”, a través de la entregade materiales que los niños llevan a sus casas y devuelven la semana siguiente.
Aquí la clave ha sidoaprender que el amormoviliza el conoci-miento, que mueve lainteligencia.
 
Lo mejor de nuestros profesores
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Acogida y recuperación
“La enfermedad de Carlita ha sido un golpe muy duro”, comienza diciendo. Cecilia Aguilar,la mamá de Carla Yavar Aguilar, de 12 años, hoy alumna del Colegio Hospitalario Con todoel Corazón. Cecilia venía llegando de México, donde vivió un tiempo con su hija cuando éstaenfermó. El diagnóstico la golpeó fuerte: “mielitis transversa”, una enfermedad asociada a lamédula ósea, que produce distintos niveles de parálisis. “Fueron 25 días en el hospital en verano,con neurólogos dándote esperanza pero con lenta mejoría…”.Carla había terminado quinto básico en México y correspondía matricularla en sexto. “Hice el trámite en un colegio de Santiago pero me dijeron que no había infraestructura, paraatenderla”.-Pensé que iba a perder el año y como ya había divisado la escuela, me animé a preguntar y me acogieron con los brazos abiertos.La escuela le gustó de entrada a Carla que hoy camina con la ayuda de la Teletón, tera- pias y talleres de pintura.“Y tengo muy claro que si no hubiera sido por esta escuelitahabría tardado más en recuperarse”
Así, el colegio está prácticamente en todas las dependencias del hospital y “va dondeesté el niño”. Esto puede signifcar ser atendido en su pieza, en el policlínico o enalguna sala de espera.Muchos niños tienen miedo o rabia por lo que están viviendo; otros agradecen la opor-tunidad de seguir estudiando. Pero todos tienen la puerta abierta.El contacto y derivación se hace a través del médico tratante y de una asistente social. Elresto lo da la uerza de un equipo interdisciplinario de doce proesionales y tres volun-tarios que vive “una común unión de dolores, ortaleza y cuidados”. Juntos deben prever detalles que en una escuela común no son tema. Por ejemplo,aprender a cambiar un balón de oxígeno o saber cuándo es necesario partir corriendoal hospital que está al rente, en caso de mareo, y cuándo no.A veces un niño viene toda la semana y de repente hay que ir a verlo al hospital parano perder el vínculo…Pero sin duda, es la muerte lo que golpea más uerte: “Entonces todos vivimos el duelo.Todos; niños y adultos. Y al otro día nos ponemos de pie…”.Constanza habla con naturalidad, como si uera lo más normal del mundo vivir “en losbordes de la vida”. Lo curioso es que al escucharla, uno no puede sino concluir que sí,que el tema es natural y que en ese espacio, a dierencia de otros lugares, es imposibletaparlo con nada.Reconoce que muchas veces se quiebra; que le duele ver llorar a un niño y que nopuede evitar acordarse de sus propios hijos. Pero ha aprendido a recobrar uerzas. 

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