Quienes creen que las consignas son frases que secantan para caminar con ritmo, se equivocan. Nacen dela creatividad de lo estudiantes, pero también de susconvicciones. Ronda algo más que la gratuidad eneducación en ellos.
Y en períodos de elecciones, peor aún cuando la gallátiene la opción de votar si le da la gana, la cosa se poneoscura para los mismos de siempre.Sobre todo cuando se comienzan a ver los mismosejercicios de alianzas, omisiones, acuerdos, pactos ycomponendas, sin que los actores de esas operetasseudo democráticas, se les mueva un músculos de lacara. A esas puestas en escenas, los estudiantes y unoque otro trabajador que marchan no están invitados.
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor.Los que ayer eran los responsables de la perfección delneoliberalismo, hoy son férreos aliados electorales. Eslo que sucede con el pacto de comunistas, radicales ypepedés, que tiene en la UTI a los restos náufragos dela Concertación.
Estas señales equívocas que emergen desdeimportantes sectores de la izquierda, van a tener suprueba de fuego en las votaciones de octubre. Habráque ver cómo votarán los estudiantes con derecho ahacerlo y con el deber de no hacerlo
Habrá que ver cómo se comportará la gente marginadade los negociados que de tarde en tarde estallan en losmedíos de comunicación con un estruendo de artillería,y que luego se olvidan, a la espera del siguienteescándalo, que, doble contra sencillo, no tardará enaparecer.
Ha sido la tónica de estos veintitantos años dedemocracia neoliberal, en donde las fortunas y laimpunidad, lo determinan todo.
Pero de tarde en tarde, las torpezas del sistema,finalmente hechura humana como cualquiera, ofrece