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La nueva ley de inscripción automática y votovoluntario permite votar al que quiera, pero, másimportante aún, es que de manera simultánea permiteno hacerlo.
 
La movilización de los estudiantes, que obliga a losestrategas de La Moneda y de todo el resto, a repensarsus movidas, sigue dejando en evidencia que el sistemade partidos políticos vive en otro mundo, en otro país,en otra dimensión.
 
Mientras las cúpulas copulan intentando las mejoresalianzas mediante espectaculares vueltas de chaqueta,arreglines, maromas y cachetadas de payaso, la gentecircula por las calles dejando claro que en esasmarchas esos políticos añejos no tienen nada quehacer.
 
De hecho, en un gesto notable de instinto desupervivencia, que se sepa, ningún empingorotadodiputado, elocuente senador o audaz dirigente políticoasomó su ponchera por las calles del miércoles.
 
Lo de ayer fue una mala noticia para el sistema. A laderecha le falló su operación ideada en las oficinassecretas para desinflar la movilización. Ni siquiera laintervención grosera de Piñera en el Canal Nacionalhablando de lo maravillosos que su gobierno, sirviópara algo.
 
Reuniones urgentes de los comités secretosestratégicos se habrán hecho cuando ya las imágenesmostraban que la cosa era mucho mayor que el añopasado.
 
Es que no se trata sólo de la cantidad de gentemarchando. Se trata de la evidencia que la cosa nolimita sólo con reformas en educación. Ronda en lagente, de manera muy especial entre los estudiantes,los más lúcidos y audaces de los habitantes, la certezade que aquí hay que cambiarlo todo.
 
 
Quienes creen que las consignas son frases que secantan para caminar con ritmo, se equivocan. Nacen dela creatividad de lo estudiantes, pero también de susconvicciones. Ronda algo más que la gratuidad eneducación en ellos.
 
Y en períodos de elecciones, peor aún cuando la gallátiene la opción de votar si le da la gana, la cosa se poneoscura para los mismos de siempre.Sobre todo cuando se comienzan a ver los mismosejercicios de alianzas, omisiones, acuerdos, pactos ycomponendas, sin que los actores de esas operetasseudo democráticas, se les mueva un músculos de lacara. A esas puestas en escenas, los estudiantes y unoque otro trabajador que marchan no están invitados.
 
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor.Los que ayer eran los responsables de la perfección delneoliberalismo, hoy son férreos aliados electorales. Eslo que sucede con el pacto de comunistas, radicales ypepedés, que tiene en la UTI a los restos náufragos dela Concertación.
 
Estas señales equívocas que emergen desdeimportantes sectores de la izquierda, van a tener suprueba de fuego en las votaciones de octubre. Habráque ver cómo votarán los estudiantes con derecho ahacerlo y con el deber de no hacerlo
 
Habrá que ver cómo se comportará la gente marginadade los negociados que de tarde en tarde estallan en losmedíos de comunicación con un estruendo de artillería,y que luego se olvidan, a la espera del siguienteescándalo, que, doble contra sencillo, no tardará enaparecer.
 
Ha sido la tónica de estos veintitantos años dedemocracia neoliberal, en donde las fortunas y laimpunidad, lo determinan todo.
 
Pero de tarde en tarde, las torpezas del sistema,finalmente hechura humana como cualquiera, ofrece
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