A esto debe sumársele, como rasgos principales de la República, el alto grado de aislamiento externo(comparable, y por razones completamente distintas, sólo al Paraguay del Dr. Francia), la desarticulacióninterna y la inestabilidad política. Las peleas faccionales de la clase dominante por el poder del aparatoestatal hicieron de los “cuartelazos”, los golpes, los contragolpes y del caudillismo militar no una excepción,sino el estado normal: Bolivia será, hasta la Guerra del Pacífico, un desfiladero de distintos caudillos, lamayoría de ellos asesinados o derrocados. Y, no menos importante, la histórica debilidad del Estado boliviano: “ni los ingresos de las aduanas, ni de los diezmos, ni de los impuestos a la producción minera, nide la confiscación de los bienes de la órdenes eclesiásticas fueron suficientes para sostener el gasto público.Por eso (...) fue indispensable restablecer en 1826 el tributo”
. Por lo tanto, el débil Estado boliviano “tendráque vivir casi hasta fin del siglo XIX (...) de las contribuciones indígenas, lo que significa que será un estadoen guerra perpetua con su propia población.”
Pero este estado de atraso, de agitación política constante, de violencia y sangre, en fin, de podredumbre, contrastaba no sólo con el desarrollo de otros países sudamericanos, sino con la misma imagenque tenían de su país las clases dominantes: “Pensaban en las glorias de Potosí, en su esplendor; se sentíancomo un centro de las cosas, no se convencían por razón alguna de que habían quedado a un lado”
. Tal erala superestructura que correspondía a la República que nació de la independencia de España, durante la primera mitad del siglo XIX. Una República que, a pesar de las falsas apariencias de esplendor, se manteníaintacta en su atraso, ajena a todo cambio, sustentada en la más cruel explotación del indio y perpetuando lasviejas relaciones de producción coloniales. Por esta razón, la independencia no alteró en nada el régimeneconómico-social, sino que, como en el resto de Latinoamérica, sirvió a los intereses de las oligarquíaslocales que hegemonizaron la lucha contra la dominación española. No por nada Hugo del Campo afirma queBolivia es casi una caricatura de América Latina, pues “los rasgos esenciales de la patria grande se dan allítan marcados y desnudos que adquieren un valor paradigmático.”
De la era de la plata a la era del estaño, el surgimiento de una nueva elite y el imperialismoSi la primera mitad del siglo XIX estuvo caracterizada por el estancamiento, la segunda mitad loestará por el renacimiento de la minería con la recuperación de la plata y, aparejado a ello, la formación degrandes fortunas personales, como la de Aramayo, Arce y Pacheco. Pero este resurgir de la minería ni logróarticular al conjunto de la economía ni, por ende, contribuir al desarrollo de la agricultura, lo cual explica por qué la población indígena pudo conservar sus parcelas durante tanto tiempo. A su vez, la recuperación de laminería sirvió para socavar la importancia del tributo indígena en el financiamiento del gasto público, tributoque finalmente fue abolido.
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Ídem, p. 226
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Zabaleta Mercado, René,
Consideraciones generales sobre la historia de Bolivia (1932-1971)
, en América Latina: historia demedio siglo, Siglo XXI, México, 1986, p. 78
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Ídem
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Del Campo, Hugo, op.cit.
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