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Los Buenos Cimientos

Los Buenos Cimientos

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Categories:Types, Research
Published by: Eduardo B. M. Allegri on May 04, 2012
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05/04/2012

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Los buenos cimientos
 
(*)
Es aplastante el calor de Córdoba en el verano
(“calorentón”
, dicen los cordobeses). Laciudad está en una hondonada y hay un polvillo que flota con la atmósfera y se mezclacon la transpiración.Con su sotana de paño burdo, el padre jesuita Enrique Beschle está en el convento de laCompañía, el 18 de enero de 1702, escribiendo a sus superiores de la provincia deBohemia. Van a hacer tres años desde que los dejó. Escribió ya dos cartas, una desdeEspaña, la otra desde Buenos Aires, y todavía no sabe si habrán llegado. Iba con otrossacerdotes y algunos novicios: fueron recibidos con las campanas echadas a vuelo.Le impresionó la magnitud y el arte en el colegio de la Compañía. Casi como el de Praga.Al asignárseles tareas, a él le correspondió hacer de boticario, que no lo había en laciudad. Los indios y criollos se arreglan con yuyos, pero la gente de afuera sufre malesdistintos por su dificultad en adaptarse al clima.
Extraño panorama
Pinta el clima como una rareza y dice que las cuatro estaciones pueden sucederse en undía. Le impresionan las tormentas, de una violencia que no se conoce en Europa. Pareceque lo tiene atormentado porque cuenta los rayos y observa la frecuencia con que matan alas personas.Su tarea de boticario incluye la búsqueda de hierbas en distancias que llegan a 60 leguas.Va comprobando las diferencias que presenta una especie aquí y en Europa. En cuanto alas propiedades, las de aquí le parecen maravillosas
(wunterbar)
. Cita dos, que curan lasheridas y las picaduras de víboras como por milagro.Y de paso, observa los minerales: le llama la atención una piedra que se puede trozar conhacha y se usa para la construcción. No le cae bien el vino cordobés: pero está encantado con la fruta: manzanas, peras, higos,limones, naranjas, membrillos, melones, zapallos, pepinos, guindas, y esos duraznosenormes que pesan más de una libra (cerca de medio kilo). Y todo en una abundancia que permite comer sin medida. No lo conforman los paños, demasiado bastos, que se traen desde Quito. A guisa demedias, se usan unas medias botas hechas con cuero de cabra. Las camisas suelen ser delino y venir de España; pero también suelen no llegar los agriones, que es lo másfrecuente, de modo que la mayor parte del tiempo usan una tela de algodón más ásperaque la lona para hacer bolsas. Con buen humor, sin embargo, repara en que los desuellatanto que no necesitan llevar silicio.1

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