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l origen de esta figura se remonta al si-
 
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, en Asia, cuando los chinos la utilizabancomo ornato para festejar el año nuevo en pro de una buenacosecha, por lo que llenaban estas pequeñas representaciones deanimales de granja con semillas que caían sobre el campo para augurarla buena fortuna del año venidero. En uno de sus viajes por Oriente, MarcoPolo las conoció y llevó a Italia. Es ahí donde comienzan a usarse con un enfo-que religioso que funcionaba para combatir los pecados capitales, representadosen los siete picos de la piñata tradicional de estrella. Su uso comenzó a extenderserápidamente por el viejo continente, asentándose principalmente en España que cele-braba con éstas la Cuaresma, el primer domingo después del Miércoles de ceniza
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, afir-mando así el carácter religioso en torno a este símbolo.Su llegada al continente americano la ubicamos en la época de los conquistadores espa-ñoles (misioneros agustinos), quienes por la estética colorida y festiva de las “ollas frágiles”
 las usaron en épocas de posadas para atraer feligreses, quienes apostaban en este rito por unasalvación divina en su intención de vencer al mal, en una lucha aguerrida donde se sabían apo-yados por una fuerza superior; de ahí proviene la fe que tenían para cubrirse los ojos, pues deeste modo evitaban caer en cualquier tentación, recibiendo como premio simbólico el contenidode la olla, que en aquella época comenzaba ya a mexicanizarse con formas de verduras, principal-mente.Así, la tradición de las posadas, que comienzan el 16 y acaban el 4 de diciembre, se mantuvoapegada a las prácticas religiosas, ya que estas celebraciones equivalen, en días, a los nueve mesesque la Virgen María buscó posada antes del nacimiento de Jesús. Por eso, en cada festejo se acos-tumbra romper al menos una piñata, como alegoría de haber vencido al mal.Aunque esta situación hoy cada día vez menos común —básicamente por las condiciones eco-nómicas y sociales en las que se encuentra el país—, también es cierto que los mexicanos nosaferramos a no perder parte del legado histórico que nos constituye como una nación de vasta ri-queza cultural, reflejada en la creatividad de nuestros artesanos, que por todo el país continúangenerando obras de impactante belleza para propios y extraños, siendo ellos quienes develancon su trabajo los últimos alientos para salvar las pocas tradiciones que aún nos identifican,por lo que bien valdría la pena echar una mirada atrás para recobrar el valor de nuestra his-toria en esta época.Proveniente de una familia de artesanos piñateros, Agustín Franco Hernández, quienparticipó con su Toro de lidia en el segundo concurso de piñatas mexicanas, organizadopor el Museo de Artes Populares (
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, opina que las piñatas que se hacen ahora conglobo han “perdido todo el chiste”, pues al forrarse de periódico, toda la fruta semaltrata o se cae la piñata completa al no soportar el peso. Comentó que unapiñata tradicional debe ser de carrizo y alambre o ixtle, para que aguantelos golpes; al menos de olla de barro, porque esas sí resisten los golpes ygarantizan la diversión compartida.De su juventud se acuerda que la tradición de hacer piñatasinicia con sus abuelos, allá por el rumbo de Mixcoac,
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quienesse dedicaban a este oficio.Sobre las figuras que han ido evolucionan-do comenta que al principio sólo se hacían rosas, rá-banos, sandías y liras; después comenzaron las de carrizo,amarradas con ixtle, y recuerda “usábamos el marbete de la lechepara unir las piezas, esos alambritos que les ponían para asegurar quela leche era pura, los utilizábamos porque tenían plomo y eran muy suavespara trabajarlos en el amarrado”.Sobre las posadas comentó que añora las de su infancia, pues aunque su papálo tenía trabajando para apoyar a la familia, él se escapaba y se iba a las posadas desus tíos y vecinos, “yo era muy bueno para las piñatas, sabía cómo darles, y como eran decarrizo eran macizas, pero si les dabas un buen golpe le hacías un gran hoyo”.Tristemente admite que la tradición se está extinguiendo, ya que incluso en su familia yano se hacen posadas y eso es lo que más le preocupa, porque la piñata es un centro que sirvepara unir a las familias en un momento de convivencia, “sobre todo ahora que las casas parecenpalomares… generalmente sólo te llevas bien con el vecino de enfrente y no interactúas con losdemás, por lo que estamos perdiendo esa parte amable que nos identificaba como sociedad”.Asimismo se manifiesta consciente de que su lucha se desarrolla en un ambiente adverso, peroconsidera que es su obligación y la de sus contemporáneos transmitir el mayor conocimiento posiblea las nuevas generaciones; por ello continúa realizando el oficio que le heredaron, aunque sea ensus tiempos libres y como un pasatiempo que lo ha llevado a ser un artesano destacado, pues en 1986realizó una piñata de
Pique
, mascota de la Copa Mundial de Futbol, de más de cuatro metros de alto,obteniendo así el reconocimiento público y ganando boletos para “la final”.Entre las piezas monumentales de su creación también están
Elotín
de la Copa Confederaciones,
 Aguigol 
y
Espinito
, todas mascotas de futbol de las que se siente orgulloso, porque insiste en que lasrealiza pensando en que juega México y no un equipo individual. También es el creador de las piñatas,de más de dos metros de alto, de los personajes de Cantinflas, mismas que lleva anualmente hastasu tumba como una manera de rendirle homenaje al cómico mexicano; y de la figura de la SantísimaVirgen de San Juan de los Lagos, hecha de periódico y carrizo, con la que ha realizado 6 años con-secutivos una caminata desde la ciudad de México hasta aquel poblado.Por otra parte, Gabriela Cardoso Suárez
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y Raquel Suárez Flores
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expresaron su necesidad de res-catar nuestras tradiciones a través de las piñatas, reconociendo que esta experiencia les significóuna oportunidad para manifestar sus intereses extendiéndolos al terreno de la creación, porqueaseguran que “todos tenemos un artista dentro” y sólo es necesario motivarlo un poco paraque se desarrolle.Esta familia de la zona de Tláhuac acepta que sigue celebrando la Navidad, pero ya deuna manera local, sólo con los integrantes de su familia, ya que les interesa mantener launión y los buenos deseos que impulsa la época. Es por ello que decidieron participaren el concurso de piñatas, aunque no son artesanas, y confiesan “estamos muyorgullosas de haber obtenido un reconocimiento, porque es la primera vezque participamos y nos llevó cerca de un mes y medio concluir nuestraspiezas… de todo este tiempo fueron quince días de no hacer nada, niquehacer… sólo dedicarnos a las piñatas, porque si no les hubié-ramos dedicado todo el tiempo, nos habríamos tardadoel doble”.
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yare72left a comment

hola que tal quisiera haber si me puedes mandar tu articulo a mi correo para checarlo mejor felicidades por el articulo atee luis napoleon velazquez cazavampiros72@hotmail.com