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Habacuc 1
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Habacuc,
preguntó: “¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he dequejarme de la violencia sin que tú nos salves?” (
Hab. 1:2
, Nueva Versión Internacional). Hoy, algunos pierden elsentido de la urgencia y se centran en llevar una vida más cómoda, pues han llegado a pensar que Dios se estáretrasando. ¿Hemos adoptado nosotros ese razonamiento erróneo? De ser así, hemos caído víctimas delautoengaño.
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Quizás nos enteremos de que hubo hermanos muertos en una catástrofe natural, como ocurrió en el terremoto deHaití. O tal vez nos cuenten que un hermano fiel fue víctima de una agresión o falleció en un terrible accidente.Pudiera ser incluso que uno mismo esté atravesando circunstancias terribles, u otras situaciones que le parezcan
injustas, y exclame angustiado: “¿Por qué, Jehová? ¿Por qué a mí? ¿Qué mal he hecho?” (
Hab. 1:2, 3
). ¿Quépuede ayudarnos cuando se producen tales tragedias?18 Tenemos que evitar a toda costa concluir que si alguien sufre problemas como esos es porque ha perdido laaprobación de Jehová.
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Cuando las desgracias nos tocan de cerca, es muy consolador conocer el verdadero origen de las injusticias. Si se
nos trata de manera injusta, tal vez clamemos como lo hizo un siervo de Dios llamado Habacuc: “La ley seentumece, y la justicia nunca sale” (
Habacuc 1:4
). Dios no castigó a Habacuc por decir eso. Antes bien, legarantizó que había fijado un momento para remediar la situación y lo ayudó a ser feliz pese a las dificultades(Habacuc 2:2-4; 3:17, 18). Del mismo modo, confiar en que Dios eliminará las injusticias, como ha prometido, leinfundirá a usted serenidad y paz interior en este mundo injusto.
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Habacuc 1:5, 6
. ¿Por qué se asombrarían los judíos de que Dios levantara a los caldeos contra Jerusalén?Cuando Habacuc empezó a profetizar, Judá se hallaba bajo el control de Egipto (2 Reyes 23:29, 30, 34). Aunque loscaldeos (o babilonios) iban creciendo en poderío, todavía no habían logrado derrotar a los ejércitos del faraón Nekó(Jeremías 46:2). Además, en Jerusalén estaban el templo de Jehová y la sede del gobierno, que había ejercido de
forma ininterrumpida la casa de David. Por eso, a los judíos les resultaba inconcebible la “actividad” que Jehová iba
a efectuar, a saber, permitir que los caldeos destruyeran Jerusalén. Pero en el año 607 antes de nuestra era, la
visión que anunciaba la destrucción de la ciudad a manos de los babilonios “sin falta se realiz[ó]” (Habacuc 2:3).
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Habacuc 1:1-4; 1:12
Habacuc hizo preguntas sinceras, y Jehová le respondió. El Dios verdadero escucha lasoraciones de sus siervos fieles.
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